El Ángelus, de Jean-François Millet

(El Ángelus, de Jean-François Millet) Todo está en los ojos del que mira, y lo que ve, es tanto lo que ve como lo que espera ver. Miren por un momento la obra de arte que encabeza esta entrada. Se trata de la obra conocida como El Ángelus, realizada por el pintor francés Jean-François Millet. Es un óleo casi cuadrado de 66 cm por 55,5 cm, que fue pintado a mediados del siglo XIX. Como

La emotiva historia del comandante de Saint-Lô

(El comandante de Saint-Lô) Ayer les recomendaba el libro de Wayne Vansant sobre Normandía, e insisto efusivamente en esa recomendación, y hoy volvemos a la Segunda Guerra Mundial y a Normandía, precisamente de la mano de esa obra. Y es que más allá del propio desembarco, que ya es de por sí un hecho grandioso, los combates de las semanas siguientes por hacer avanzar las líneas aliadas por el continente están repletos de grandes historias. En

El ahorcado por el gran incendio de Londres que fue absuelto 3 siglos después

(Luchando contra el fuego en el siglo XVII) En la entrada de hace unos días sobre el incendio de Londres y sobre cómo de algo malo en ocasiones se presenta la oportunidad de mejorar, ya les decía que me dejaba un detalle en el tintero. Recordarán que les contaba cómo el fuego que arrasó la ciudad comenzó en la panadería de un hombre llamado Thomas Farriner, y que fue su criada la que lo provocó, de

El cambio positivo tras una tragedia y el incendio de Londres

(Detalle de una pintura de 1666 del Gran Incendio de Londres) Bien podría ser esta curistoria una de esas historias que se cuentan en los libros de autoayuda y que explican al lector como una gran tragedia puede convertirse en algo positivo. No estoy muy convencido de esta teoría, todo sea dicho, porque a menudo una tragedia no es más que eso, una tragedia. Por otra parte, la historia de la que les hablo, el

Alexander Bogdánov, un pionero en las transfusiones de sangre

(Alexander Bogdánov) A caballo entre la leyenda y la historia se sitúa la condesa sangrienta, Elizabeth Báthory, una dama húngara nacida a mediados del siglo XVI y a la que se le atribuyen todo tipo de crímenes y pasiones sádicas. Entre esas historias está la que asegura que asesinó a decenas, si no centenares, de mujeres para beber su sangre y bañarse en ella, buscando así la eterna juventud y absorber también la belleza de

La muerte de Descartes

(René Descartes) Como si fuera el argumento de una novela entre negra e histórica, la muerte de Descartes tiene algunos aspectos que no han sido aclarados y algunas pruebas que van contra la versión oficial, contra la muerte por neumonía que ha figurado en la biografía del filósofo francés durante siglos. René Descartes había nacido en 1596 en Francia, y más allá del famoso cogito ergo sum (pienso, luego existo), también destacó como matemático y

Crucificar un cadáver para aprender a pintar a Cristo

(El cadáver crucificado de James Legg) Volvemos hoy al tema de los resurrecionistas, ya saben, de los ladrones de tumbas. Lo más habitual era que aquellos cadáveres se usaran para estudiar anatomía, pero también hubo algún otro uso. Hace poco hablábamos del robo de dientes, un uso algo asqueroso, todo sea dicho. Mucho más interesante es el uso para el mundo del arte. Al caso del Miguel Ángel, del que hablábamos hace 9 años, se

Los dientes de la batalla de Waterloo

(Dentadura postiza de hace un par de siglos) Es muy posible que esta curistoria les parezca algo desagradable, y no les culparía yo por ello. En cualquier caso, como siempre, hay que tener en cuenta que cada momento de la historia es diferente y que, si bien es casi imposible analizar el pasado hoy con la visión de entonces, ya que somos personas de nuestro tiempo, es un ejercicio que conviene hacer. Y así, hay

10 fotos de artilugios e inventos para proteger a los cadáveres

(Resurreccionistas, obra de Hablot Knight Browne, en 1847) Quizás, pienso ahora que lo leo, el título de esta entrada haya quedado un poco extraño e incite a pensar en que hemos caído en las temáticas esotéricas y extrañas, pero no. Seguimos en la historia. Y seguimos con el tema del que de hablábamos el sábado pasado: los resurreccionistas. Les recomendaba ese día el libro Diario de un resurreccionista, y además les decía que era un

El Gran Lafayette, el ilusionista que hizo su último número una vez muerto

(El Gran Lafayette y su perra Beauty) El Gran Lafayette nació en Alemania, en 1871, con el nombre de Sigmund Neuberger. Su padre era pintor de escenas en la Ópera de Munich y quizás eso le influyó para inclinarse por el mundo del espectáculo. Emigró a América y allí adoptó su nombre artístico, convirtiéndose en uno de los más grandes ilusionistas de su tiempo, y seguramente de toda la historia. Acompañado de varias decenas de