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A la Antártida a por tres huevos de pingüino

23:14
A la Antártida a por tres huevos de pingüino

Esta es la semana Antártica en Curistoria. Si hace un par de días hablaba del anuncio de Shackleton y su leyenda, hoy volvemos al sur del globo para hablar de Edward Wilson, Apsley Cherry-Garrard y Robertson Bowers y su viaje de 1911. Usando las palabras del título de Cherry-Garrard en el que lo describe: el peor viaje del mundo. Uno de los objetivos del viaje, principalmente científico, fue conseguir huevos de pingüino emperador para estudiarlos con detenimiento, una vez en casa, y comprobar si ese tipo de animal estaba a caballo entre las aves y reptiles.

Los tres hombres consiguieron hacerse con tres huevos y emprendieron el regreso al campamento base. Las temperaturas rondaban los 60º bajo cero y tuvieron la mala suerte de que la ventisca arrancara y se llevara su tienda de campaña. La acabaron recuperando, pero el sufrimiento fue extremo, por el frío, la nieve y la ventisca. El 1 de agosto llegaron al campamento en el cabo Evans, después de 5 semanas, exhaustos. Por poco no lo cuentan, y esto no es exagerar, como veremos a continuación. Todo ello, no lo olvidemos, para conseguir tres huevos y ponerlos en manos de la ciencia.

Unas semanas más tarde, en noviembre, de aquel lugar salió la expedición famosa de Scott en busca del polo Sur. Wilson y Bowers estaban entre los 5 hombres que llegaron al ansiado punto del planeta el 18 de enero de 1912. Llegaron y comprobaron que la expedición del Roald Amundsen, noruego, había estado ya allí. Ya no serían los primeros en haber llegado al polo Sur, como si no fuera suficiente con haber llegado. A pesar del impacto, en el diario de Scott, que narra aquella aventura, sólo aparece Amundsen una vez mencionado, aunque su impacto fue gigante en la historia.

Los 5 murieron en el viaje de regreso: Edgar Evans, Lawrence Oates, Wilson, Bowers y Scott. Evans fue el primero, y Oates podríamos decir que se suicidó al salir de su tienda durante la noche, tras ver los daños que el frío había hecho en su cuerpo y que le impedían seguir. Los otros tres murieron unos días después en su tienda de campaña.

Cherry-Garrard, el tercer hombre que había ido a buscar los huevos junto con Wilson y Bowers, participó en la expedición de rescate de unos meses más tarde. Quizás se preguntarán qué fue de los huevos de pingüino. Bien, pues están en un museo. Cuando Cherry-Garrard volvió a Londres, se presentó en el Museo de Historia Natural con los huevos y no lo recibieron con buenas palabras. Básicamente le dijeron que para qué querían ellos esos huevos.

Cuando alguien por fin le atendió, le dijo que aquello no servía de mucho, que ya tenían lo que necesitaban para investigar a los pingüinos y, además, le dijeron que la teoría por la que habían ido a buscar los huevos había sido descartada como buena. Los huevos, no sé muy bien cómo ni por qué, se quedaron finalmente en el museo y allí siguen.
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Shackleton nunca puso el famoso anuncio en el Times buscando hombres

23:28
Shackleton nunca puso el famoso anuncio en el Times buscando hombres

Las historias detrás de los viajes a la Antártida por parte de los pioneros están llenos de aventuras. De aventuras y de locura. Iba a contarles una curistoria de uno de esos viajes, cuando al redactarla he caído en la cuenta de que nunca les he hablado de la oferta que hizo Shackleton a través del Times en 1911 y que resulta ser una leyenda. De las mejores para contar, pero leyenda. Lo que sí muestra el casi es el espíritu de aventura que les bulle a algunos hombres dentro. Les bulle tanto que les lleva a aceptar ofertas como la de Shackleton.

Shackleton, irlandés nacido en 1874, es una de las personas que han pasado a la historia por su empeño en explorar la Antártida. A comienzo del siglo XX, en 1901, ya participó en una expedición encabezada por Robert Scott, otro de los pilares de estas historias, y con Edward Wilson a bordo. De aquel primer viaje volvieron todos ellos con ganas de más. Algunos lo pagarían caro uno años más tarde, en la carrera por el polo Sur que enfrentó a las expediciones de Scott y Amundsen. Fascinante.

Volviendo a Shackleton, este volvió a la Antártida en 1907, donde entre otras muchas cosas consiguió acercarse a menos de 200 kilómetros del polo Sur. Lo pasó mal y fue lo suficientemente sensato como para retirarse antes de dejarse la vida en el hielo. Pero seguía pidiendo más. En 1911 Amundsen alcanzó el ansiado polo Sur, pero Shackleton encontró, a pesar de ello, un reto a la altura de su carácter: cruzar la Atlántida de costa a costa. Eso son unos 3.000 kilómetros de viaje extremo por el hielo.

Hasta aquí, la realidad, la historia. Lo que viene a continuación es, con toda probabilidad un mito, y el mensaje de Shackleton del que siempre se ha hablado nunca se publicó. Se dice que para conseguir acompañantes dignos del empeño, Shackleton publicó un anuncio en el Times. El mensaje es espectacular, eso sí, y la historia es preciosa. El anuncio de Shackleton en el Times rezaba:
Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad, peligro constante. No se asegura regresar sano, honor y reconocimiento en caso de éxito
Se dice que respondieron 5.000 personas y son más de esos millares los que han contado y recontado esta historia, entre los que me incluyo hasta que leí en Smithsonian.com que todo podía ser una leyenda.

Lo que lleva a pensar en ello es que no hay rastro real del anuncio fuera de lo que podríamos llamar la tradición oral. Es más, desde hace más de una década hay un premio de 100 dólares esperando al primero que presente un original del mismo. Por supuesto, no son pocos los aficionados que han trillado la hemeroteca del Times en busca del bendito y mítico recuadro de texto. Sin éxito. El primer lugar en el que se cita el anuncio es un libro de 1944 sobre publicidad.

Shackleton, por otro lado, sí escribió una carta al Times sobre su expedición, pero sólo para anunciar que había conseguido ponerla en marcha.

Es una pena que no sea cierta la historia del anuncio, porque es magnífica, desde luego. Como magnífica fue la expedición, que comenzó con un naufragio y acabó, como era de esperar, siendo un ejemplo de superación, valor y supervivencia.
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El fin del VW escarabajo, un coche lleno de historia y curiosidades

23:10
El fin del VW escarabajo, la segunda muerte del mítico coche del pueblo
(Escarabajos en un cine viendo a un escarabajo en pantalla)
En los últimos días se ha confirmado que Volkswagen va a dejar de fabricar el modelo Escarabajo, su mítico Beetle, en julio de 2019. En realidad, se trata del New Beetle, que era la estela del original Volkswagen Tipo 1, el que todos tenemos en la cabeza. Al parecer, ese cambio de ruta después de décadas para dejar parado en la cuneta a uno de los diseños más peculiares del mundo del automóvil forma parte de una estrategia hacia los coches eléctricos. Dejan una puerta abierta a ese diseño tan peculiar, pero si es, serán, probablemente, en ediciones limitadas o algo similar. En realidad, el modelo original dejó de fabricarse en 2003, con el ejemplar número 21.529.464. ¡Más de 21,5 millones de unidades!

El Beetle original data de la Alemania nazi, de aquel coche del pueblo (volks wagen) que apoyó Hitler. Desde entonces, ha sido un icono de la cultura moderna y el modelo se ha ido renovando. Personalmente me gusta mucho el diseño de este siglo XXI, el que ahora desaparecerá. En cualquier caso, el tiempo pasa y la tecnología arrasa.

Si el Escarabajo de 1971 hubiera evolucionado al mismo ritmo que los microprocesadores desde aquel año, ese coche, y casi todos, serían capaces de ir a 480.000 kilómetros por hora, consumirían 4 litros por cada 3,2 millones de kilómetros y su precio sería de 3 céntimos. Estos cálculos los hicieron en Intel para mostrar el poder de la Ley de Moore, ya saben, esa ley no natural que dice que cada dos años se duplica el número de transistores de los microprocesadores. Cuando se enunció, por cierto, era cada año. Y para ese estudio de Intel, que comenta Thomas L. Friedman en su libro Gracias por llegar tarde, se tomó el Volkswagen Escarabajo como referencia de automóvil. Entre otras cosas, porque siempre ha estado ahí, antes y después de 1971. Eso sí, en un año, muere.

Hay muchas cosas que contar en torno al Beetle, al Escarabajo:
  • Como ya hemos dicho, recibió el impulso y apoyo de Hitler. El nombre original de los prototipos era KdF-Wagen (Kraft durch Freude Wagen), lo que viene a ser, el poder a través de la alegría.
  • Aparece en la famosa foto de The Beatles en Abbey Road, y ese coche en concreto, el escarabajo blanco de la foto, sufrió el robo de la matrícula varias veces. Precisamente por aparecer en la foto. Era de un vecino de la calle. La matrícula era LMW 28IF.
  • El modelo original, el Tipo 1, el Escarabajo que conocemos todos, es el modelo de automóvil que más tiempo estuvo fabricándose fabricándose. Desde 1938 hasta 2003.
  • Ha protagonizado películas, con el famoso Herbie como personaje. Vean la curiosa foto del inicio de la entrada.
  • Erwin Komenda fue el hombre responsable del diseño y estilo del modelo original de los años 30, y por lo tanto del resto de la historia. Según algunos, Béla Barényi, un ingeniero austriaco, ya había diseñado las líneas básicas unos años antes, en 1925. Como siempre, supongo que es la suma de unos y otros lo que llevó al resultado final, donde sí fue Komenda el que abrió la puerta al diseño.
  • Aunque todos lo conocemos como Beetle o Escarabajo en España, lo cierto es que el modelo tiene apodo en muchos países. Palabras como rana, tortuga o mariquita, en sus respectivos idiomas, se usan para referirse a él.
  • El nombre de Beetle proviene del New York Times. En 1938 se lanzó al mercado sencillamente como Volkswagen, y ese mismo año el NY Times se refirió a él como Beetle. El nombre cuajó. Vaya si cuajó.
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Líjar, el pequeño pueblo declaró la guerra a Francia y firmó la paz un siglo después

23:22
Líjar, el pequeño pueblo declaró la guerra a Francia y firmó la paz un siglo después
(Documento de la declaración de guerra)
Ya hemos hablado otras veces de guerras tontas, duraderas, olvidadas y absurdas. De guerras, o de declaraciones de guerra, que muchas veces son más ruido que nueces. En este caso vamos a ver la declaración de guerra a Francia de un pueblo almeriense que en la actualidad tiene algo menos de 400 habitantes y que por ahí andaba de censo cuando se envalentonó contra el país al norte de los Pirineos. La historia es maravillosa.

A comienzos de los años 70 del siglo XIX, tuvo lugar la guerra Franco-Prusiana que finalizó en mayo de 1871 con la victoria de los prusianos. Unos años después, en 1883, el que era nuestro monarca, Alfonso XII, emprendió una gira por Europa. En su visita a Berlín, mostró su simpatía por los germanos y fue nombrado coronel honorario del ejército prusiano. Con poco tacto y menos diplomacia, todo sea dicho, se presentó en París vistiendo el uniforme que le distinguía como ulano alsaciano. Es decir, se presentó en Francia con un uniforme prusiano, poco más de una década después de la guerra entre ambos países.

El pueblo francés no recibió al rey español con afecto debido a ese detalle, desde luego no menor, y le lanzó insultos y hasta piedras. Los españoles, que somos muy de hablar mal de España, pero también de no permitir que nadie que no sea español lo haga, apoyaron al rey Alfonso XII con entusiasmo. En el paroxismo de ese entusiasmo, el pueblo de Líjar, en Almería, declaró la guerra a Francia. Tampoco conviene dejar de lado que en España todavía se recordaba que a comienzos del siglo los franceses habían la habían invadido.

En su sesión ordinaria del 14 de octubre de 1883, el ayuntamiento de Líjar decía lo siguiente:
[...] el más insignificante Pueblo de la Sierra de los Filabres, debe de protestar en contra de semejante atentado, y hacer presente, recordar y publicar, que solamente una mujer vieja y achacosa, pero hija de España, degolló por si sola treinta franceses que se albergaron, cuando la invasión del año ocho en su casa. [...] está dispuesto a declararle guerra a toda la Francia, computando por cada diez mil franceses un habitante de esta villa.

Que un Carlos Primero de España, supo hacer prisionero a un Rey Francés, y cuando lo guardaba en Castilla, con cuantas consideraciones se albergan únicamente en pechos Españoles, supo el solo atravesar, la Francia aterrorizando con su figura el Mundo. Que también hubo un Felipe Segundo, que en su reinado supo abarcar de uno a otro confín de la Tierra y que ahora, cuando el Pueblo de España, no cuenta ni con un Gonzalo de Córdoba, ni con un D. Juan Chacón, ni con un Conde de Gabia, ni un Dureña Ponce, hay todavía vergüenza y valor para hacer desaparecer del mapa de los Continentes a la Cobarde Nación Francesa.

El Ayuntamiento tomando en consideración lo expuesto por el Alcalde, acuerda unánimemente declararle Guerra a la Nación Francesa, dirigiendo comunicado en forma debida directamente al Presidente de la República Francesa, anunciando previamente al Gobierno de España esta Resolución.
De esa declaración de guerra no surgió acción bélica alguna, y el efecto por tanto fue nulo a efectos prácticos, pero inmenso en términos morales y estratosférico para el disfrute de una buena historia.

Las cosas volvieron a su cauce un siglo y unas dos semanas después. Hasta en eso es grande esta historia. Es como la canción de Sabina de los 19 días y 500 noches. Líjar estuvo en guerra con Francia 100 años y 16 días. El 30 de octubre de 1983 se firmó la paz por parte del cónsul y vicecónsul francés de Málaga y Almería y el alcalde de Líjar.

Viendo estas consecuencias, dan ganas de ir al ayuntamiento a pedir que se declare la guerra a algún país, aunque sólo sea por tener una historia como esta en el pueblo de uno.
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La eugenesia, Francis Galton y el concurso sobre el peso de un buey

22:31
La eugenesia, Francis Galton y el concurso sobre el peso de un buey
Francis Galton fue un tipo impresionante en cuanto a sus ámbitos de conocimiento y a su empeño por conocer e investigar. Sus intereses iban de las huellas dactilares a la estadística, pasando por la meteorología o la mente humana. Admirable. Además, según parece, todo esto lo hacía casi a título personal, sin apoyo de otras instituciones. Nacido en 1822 en Inglaterra, murió en 1911 y era primo de Charles Darwin, aunque los méritos son suyos propios, no debido a nada al parentesco.

Aunque tocó muchos palos, su nombre suele ir unido a la eugenesia, de la que fue pionero y partidario. La RAE expone que la eugenesia es el estudio y aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana. Dicho de otro modo, esa idea aboga por aprovechar la genética y la herencia de características de padres a hijos para mejorar la especie humana. Dicho de otro modo, si se permite la reproducción a los más inteligentes y sanos y se restringe entre el resto, la humanidad en términos generales irá mejorando generación tras generación. Esta teoría se ha aprovechado por los racistas para justificar sus ideas y para llevar a cabo cosas como la esterilización de personas. Por otra parte, hay prácticas médicas que todos aplaudimos y que en el fondo podrían tener el mismo enfoque. No obstante, este no es nuestro tema. Nosotros estábamos con Galton.

Francis Galton, como partidario de la eugenesia, pensaba que la mayoría de los humanos no merecían la pena y que eran poco más o menos que animales de dos patas. Quizás estoy exagerando un poco, pero no tanto. Para él las clases altas y los hombres inteligentes debían tener la capacidad no sólo de perpetuarse, sino de imponerse a la plebe, simple, estúpida y gregaria. Llevado a la política, ¿qué sentido tiene que todos los votos valgan lo mismo? La media de opiniones de muchos mediocres no puede dar nada bueno. Más vale la opinión de unos pocos sabios. Ojo, no juzguen con los criterios de hoy a un hombre del siglo XIX. Sería un error y una injusticia. Y entonces, en 1906, fue a una feria de ganado en Plymouth.

Había un concurso en la feria en el que, por unos pocos peniques, uno podía apostar a cuál sería el peso de un enorme buey. El ejercicio llamó la atención de Galton, gran aficionado a la estadística, como hemos dicho. Esos peniques daban derecho a poner el nombre del concursante y un peso estimado para el buey en un papel. El que más se acercara al peso real, o lo más cercanos, se llevaría el premio. Entre los participantes había expertos en ganado, como es lógico en una feria de ese tipo, pero también había visitantes a la feria que nada tenían que ver con la cría de animales. En total unas 800 personas participaron.

Tras el concurso, Galton pidió los papeles de las apuestas a los organizadores para estudiarlos. Y se llevó una sorpresa que no esperaba. La media de todos los valores puestos por los participantes, personas en su mayoría sin mucho valor desde el punto de vista eugenésico de nuestro protagonista, se acercaba mucho al peso real del animal. En la media tonelada larga que pesaba en realidad el buey, la media de las estimaciones tenía un error de menos de 4 kilos. Es decir, la media de las opiniones de los mediocres o inexpertos era una estimación casi perfecta.

Aquel resultado sorprendió a Galton y hasta lo llevó a dejar por escrito que la fiabilidad de la media del hombre medio, valga la redundancia, era relevante, al contrario de lo que él esperaba.
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La Línea Verde entre Israel y Palestina o cómo el mapa es el territorio

23:31
La Línea Verde entre Israel y Palestina o cómo el mapa es el territorio
(Policías de Israel y un soldado jordano, separados por la Línea Verde)
En la historia hay varias ocasiones en las que se ha definido un mapa con escuadra y cartabón, siguiendo un meridiano, un río o cualquier otro criterio arbitrario. Y definido el mapa, en este caso se ha forzado a que el territorio y el mapa sí sean lo mismo, al contrario de lo que reza el popular dicho. Recuerden, si no, el Tratado de Tordesillas, el paralelo 38 y la historia de las Coreas o repasen las rectas líneas fronterizas de algunos países africanos. La Línea Verde, que parece una parte del mapa del metro, es la línea que marca una frontera sobre el mapa entre Israel y Palestina. Y digo línea sobre el mapa, porque, recuerden, lo cierto es que el mapa no es el territorio.

La guerra árabe-israelí de 1948, conocida por los últimos como Guerra de la Independencia, fue el primero de los encuentros bélicos entre Israel y sus vecinos. Con una duración de algo más de un año, la guerra se fue apagando poco a poco, a medida que Israel iba llegando a acuerdos durante 1949 con sus principales enemigos: Egipto (febrero), Líbano (marzo), Jordania (abril) y Siria (julio). En esos acuerdos entre unos y otros nació la Línea Verde, que delimitaba de algún modo el territorio israelí del territorio palestino. No era una frontera propiamente dicha ni tenía algún valor jurídico o legal, era tan sólo un acuerdo y no suponía la renuncia real a las aspiraciones o reivindicaciones de cada parte sobre aquella zona del mundo que tan entretenida fue en la segunda mitad del siglo XX y sigue siéndolo. Desgraciadamente.

El estado judío acabó haciéndose con un enorme bloque de terreno, que incorporó a su territorio. Entre otras cosas, la Línea Verde recorre Jerusalén, dividiéndola entre Israel y Jordania, aunque la parte antigua quedó en territorio jordano. Como decía, no era un acuerdo definitivo y con el que todos estuvieran tan cómodos que no volviera a discutirse sobre los límites que marcaba.

Tanto es así que en 1967 llegó otra guerra, la Guerra de los Seis Días, y la Línea Verde comenzó a ser conocida como la frontera pre-1967, ya que fue superada por Israel. No obstante, en muchas de las negociaciones y discusiones que se han llevado a cabo desde entonces sobre Oriente Próximo, aquella línea verde dibujada sobre un mapa es una referencia clave, incluso en resoluciones de la ONU. Israel, por su parte, se ha comido la Línea Verde, dejándola dentro de sus dominios.

Comenzaba la entrada hablando de lo absurdo que me parece definir un territorio desde el mapa, dibujando fronteras con tiralíneas, como quien diseña el logotipo de una empresa. La Línea Verde se llama así precisamente por el color del bolígrafo o del lápiz de colores que usaron los negociadores para dibujar sobre el mapa durante las reuniones. Así se pasó de la mano de un hombre en un mapa sobre una mesa a definir la realidad en la que se deben mover miles de personas. No deja de sorprenderme.

Pero esa línea sobre un mapa sigue siendo clave en las negociaciones y en las demandas de unos y otros. Es más, esta vez el mapa sí ha sido el territorio, ya que algunas construcciones, bosques y otro tipo de elementos se han construido con el paso del tiempo a lo largo de la Línea Verde para marcar ese límite, cambiando, como decía, la realidad sobre el terreno. Un cambio que empezó con un bolígrafo verde sobre un mapa.

Y no para ahí la cosa, en esas guerras en Oriente Próximo también tenemos la Línea Púrpura, que separó Israel y Siria tras la guerra de 1967 de la que hablábamos antes; y la Línea Azul, el color de la ONU, que fue definida precisamente por esta organización en el año 2000 y que separa Líbano de Israel.
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Leer novelas, la pereza y otros 18 motivos que te llevarán a un hospital mental

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Leer novelas, la pereza y otros 18 motivos que te llevarán a un hospital mental

Recuerdo haber oído, creo que en una TED Talk, la historia de un hombre que entró en prisión por un delito menor, siendo condenado a un tiempo relativamente corto de cárcel, algo así como dos años. Alguien, una vez dentro, le recomendó que, si quería pasar mejor la condena, sólo que tenía que parecer un desquiciado mental y acabaría en un hospital psiquiátrico, donde pasaría el tiempo preso de manera más cómoda. Lo cierto es que, a pesar de estar totalmente cuerdo, no fue capaz de convencer a los doctores de ello cuando quiso salir del hospital y acabó pasando recluido allí muchos años. Muchos más años que los que le correspondían por la condena original.

Lo que viene a mostrar esta historia, y merece una reflexión, es la diferencia tan escasa que hay en ocasiones entre locos y cuerdos. Y una vez que los toman a uno por loco, es complicado convencer a los otros de lo contrario. Les cuento esto porque hay un documento de finales del siglo XIX que recoge los motivos que acabaron por hacer que alguien perdiera la cabeza y fuera ingresado en un hospital psiquiátrico de Estados Unidos. Y la verdad es que llaman mucho la atención.

Supongo que algunos de los motivos recogidos tienen alguna relación con el mal del paciente, que sería otro. Es decir, en el caso de que hubieran encerrado a Don Quijote, quizás hubieran puesto en los motivos para perder la cabeza leer libros de caballerías. Algo que, en sí mismo, no es una muestra de locura. Hecha esta prudente aclaración, vayamos con una breve pero sorprendente selección de motivos, acciones o actitudes para que lo tomen a uno por loco. En la imagen superior los tienen todos.

Por cierto, hay algunos que no son para tomarlos a risa, y muestran con más o menos claridad que un hombre podía internar a su mujer sin muchos problemas en aquel tiempo.

  1. Golpeado en la cabeza por un caballo
  2. Pereza
  3. Masturbación durante 30 años
  4. Trastorno menstrual
  5. Leer novelas
  6. Sobre estudio de la religión
  7. Los padres eran primos
  8. Tabaco y masturbación
  9. Política
  10. Entusiasta religioso
  11. Asma
  12. Malas compañías
  13. Hábitos disolutos
  14. Egoísmo
  15. La guerra
  16. Vicios viciosos
  17. Codicioso
  18. Estudiar duro
  19. Caída de un caballo en la guerra
  20. Enfermedad femenina
Como decía, a ojos de los doctores, todo esto eran motivos suficientes para perder la cabeza. Ya saben, hagan caso a la lista y no se metan en política, como dijo Franco, y, mucho menos, lean novelas.
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