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La pérdida del submarino USS Scorpion y las matemáticas

23:56
USS Scorpion
(USS Scorpion)
En los últimos días lo ocurrido con el submarino argentino ARA San Juan, perdido en el océano, nos tiene en vilo. Esperemos que acabe bien. Y al hilo de este hecho, he recordado la historia del submarino nuclear USS Scorpion, perdido en el océano en 1968. En aquel caso fue Estados Unidos el que dejó de tener contacto con el Scorpion y entonces utilizó la teoría de inferencia bayesiana para intentar localizarlo.

Ante los intentos infructuosos de averiguar dónde estaba sumergida la nave se utilizó la inferencia bayesiana, que debe su nombre al uso del teorema de Bayes, una de esas ideas tan sencillas como geniales del mundo matemático. Dejando a un lado la matemática más formal y centrándonos en el caso que nos ocupa, el del USS Scorpion, podríamos decir que esta inferencia bayesiana lo que hace es dar más o menos valor o probabilidad a una idea o hipótesis, en base a datos o pruebas que se van adquiriendo.

Cuando el USS Scorpion no llegó al puerto de Norfolk, en Virginia, y eso hizo que la alarma se activara al dar por hecho que tenía problemas en algún lugar del Atlántico. La búsqueda desplegaba no tenía éxito y, como ocurre en estos días con el caso argentino, eso indicaba que la nave estaba sumergida y quieta. El tiempo iba en contra de que la historia acabara con éxito y se pusieron en marcha distintos trabajos de búsqueda. Uno de ellos fue la búsqueda bayesiana o inferencia bayesiana.

Se contactó con un buen número de comandantes de submarino y se les expuso la situación, compartiendo con ellos información suficiente para que pudieran dar su opinión de experto sobre qué podría haber ocurrido con el USS Scorpion. Debían decir qué creían que había ocurrido, por qué, cómo y, por lo tanto, poder deducir así dónde estaría sumergida la nave. El área de búsqueda, una determinada porción del Atlántico después del estudio de algunos sonidos captados, fue dividida sobre el mapa en cuadrículas y a cada una de esas cuadrículas se les fue asignando una probabilidad con respecto a que el USS Scorpion estuviera allí, en base a lo que expresaban los expertos.

En términos de inferencia bayesiana, las probabilidades de cada celda del mapa de albergar el submarino iban variando en base a las apuestas que hacían los comandantes de submarino sobre dónde estaría y cómo habría llegado allí. Las probabilidades asignadas a cada celda sobre el mapa crecían y disminuían con cada opinión.

Se complementó esta información con otra rejilla igual sobre el mapa, donde las probabilidades estaban relacionadas con el posible éxito a la hora de llevar a cabo un rescate. Dicho de otro modo, si una celda de esta segunda matriz de probabilidades tenía una previsión de éxito muy baja en el rescate por la profundidad de las aguas, quizás se dejara de lado a pesar de ser una celda seleccionada por algunos expertos en la primera matriz. No hay que olvidar que estamos hablando de probabilidades y que por lo tanto no hay certezas absolutas.

No hubo éxito y el Scorpion no fue localizado a tiempo, dándose por muertos sus 99 tripulantes en mayo de 1968. Una tragedia. Unos meses más tarde, en octubre, se encontraron algunas partes del submarino al suroeste de las Azores y a unos 3.000 metros de profundidad. El lugar de hundimiento estaba en la zona donde la inferencia bayesiana basada en la opinión de los expertos había apuntado, con un margen de error de unos 200 metros. Este un ejemplo de lo que se conoce como sabiduría de la masa o, dicho en inglés, wisdom of crowds. Eso sí, la masa no era una masa cualquiera, eran expertos.
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Diolkos, el tren griego de hace 25 siglos

19:17
El Diolkos de Corinto
(El Diolkos de Corinto)
A pesar de los avances diarios y de que el cambio en muchos sentidos es exponencial con cada mes que pasa, es cierto que sorprende en ocasiones la antigüedad de algunas ideas o inventos. La conocida sentencia latina nihil novum sub sole, nada nuevo bajo el sol, nos viene a la cabeza al conocer que ya existió un sismógrafo hace 20 siglos y que por la misma época ya se hablaba de la máquina de vapor. Otro caso de estas ideas pioneras es el diolkos griego.

Durante un buen número de siglos, desde aproximadamente 600 años antes de Cristo hasta el año 900, aunque no siempre con la misma intensidad, se utilizó un sistema para conectar los dos lados del istmo de Corinto, es decir, el golfo de Corinto y el golfo Sarónico. Eran unos 6 kilómetros de calzada pavimentada con bloques de piedra cuyo objetivo era servir de camino para pasar barcos de un lado al otro del istmo. Sí, han leído bien, transportar barcos por tierra.

A lo largo de toda esa calzada los corintios trazaron unos surcos paralelos, separados más menos un metro y medio el uno del otro, y sobre esos surcos se movía algo parecido a un vagón de tren, sobre el que montaban los barcos para transportarlos. En definitiva, estamos ante una versión primitiva del ferrocarril, con el fin además de ser capaces de mover barcos por tierra. Sorprendente.

No esperen, no obstante, que hubiera una máquina tirando de todo ello, a pesar de que ya había alguien pensando en el uso del vapor. No, la fuerza motriz eran los esclavos, algo no tan revolucionario.

Quizás sea un poco exagerado decir que ya los griegos habían inventado el ferrocarril en el siglo VI a.C. y que se aprovecharon de él durante siglos, pero sin duda tampoco estaban tan lejos de la idea. La tecnología llegaría siglos más tarde, pero no la idea.
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Querido Diario: hoy ha empezado la guerra, de Pilar Duaygües

10:28
Querido Diario: hoy ha empezado la guerra, de Pilar Duaygües
(Querido Diario: hoy ha empezado la guerra, de Pilar Duaygües)
Siempre he pensado cuántos de los que escriben un diario lo hacen pensando en que quizás algún día esas páginas compondrán un libro al alcance de todos. Estoy convencido de que muchos de los personajes importantes de los que hoy leemos sus escritos personales, plasmaron estos con un ojo puesto en esa apertura de sus pensamientos a todos. Eso añade algunas ventajas, pero probablemente aporta también una capa de prudencia, un filtro a lo que se escribe, que no existiría si se pensara en el diario como algo totalmente personal. Ya saben que nunca se dice todo lo que se piensa. De igual modo, nunca se escribiría todo lo que se piensa si eso que se escribe puede ser leído. No es el caso del libro del que les hablo hoy.

Pilar Duaygües Nebot fue una mujer catalana nacida en 1921 y que pasó la Guerra Civil Española llevando una vida normal en Barcelona. Una vida normal para una niña de su edad y familia, durante un periodo totalmente anormal. Y eso, la intersección de esas dos cosas, vida y guerra, son las que componen sus diarios y son lo que se narra. Como supondrán, el libro es el compendio, ligeramente editado, de sus notas diarias. Esta vez sí, escritas para ella misma y sin pensar en que algún día acabarían en las librerías.

Se intercalan por tanto en estas páginas, los bombardeos, la escasez y las penurias provocadas por la guerra, con los amores y las infantiles riñas entre amigas. No vivió Pilar, afortunadamente para ella, la guerra en el frente, ni el exilio, ni las cárceles... algo que sí solemos leer en los libros y diarios dedicados a la guerra. Trató de llevar una vida normal, con estudios, amigos, amores y cine, mucho cine. No hay grandes acontecimientos históricos, pero sí hay detalle sobre la vida y el día a día.

Lo que más interesaba a Pilar en aquella época, como es de esperar, eran sus amigas, sus amores y sus estudios. Pero la guerra estaba ahí, como marco insalvable en el que todo quedaba encajado. Pilar, por ejemplo, escribió cómo se levantaba a las cinco o seis de la mañana para hacer cola y comprar harina u otros productos básicos, siendo finalmente muchos días imposible conseguirla. Cuando comenzaba la venta, nos cuenta, la gente se comportaba como animales, con empujones y peleas. Tras esto, Pilar volvía a casa y de ahí al colegio.

Voy a comer un poco, aunque se padece mucha hambre por falta de comestibles. De pan tenemos un trocito pequeño para dos días, y para todo, sea la cosa más insignificante, se ha de hacer cola.
Sorprende la normalidad de algunas costumbres mientras bombardean la ciudad día sí, día no. De todas formas, todo está tocado por la guerra. Hasta las relaciones entre las niñas. Cuenta la autora, sin ir más lejos, cómo se critican unas a otras porque unas son más de la CNT y otras creen que mejor la UGT.

El libro tiene un interés especial por el punto de vista en el que nos coloca, el de una niña que vivió la guerra en una ciudad acechada. Sus pensamientos más personales en torno a sus amigas y amores, es posible que no interesen tanto a los aficionados a la historia, pero si tienen un familiar que vivió aquella época barcelonesa, seguro que este libro les traerá muchísimos recuerdos de su propia vida, de las calles, de los cines, de cómo se estudiaba, de cómo se enamoraban y establecían relaciones... Piénselo si tienen a alguien así cerca, quizás sea un buen regalo este libro.

Insisto, es un libro escrito desde dentro de un momento y una época clave, con una visión diferente y con la limpieza de una niña que no escribe más que para sí.
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La biblioteca de viaje de Napoleón

0:32
La biblioteca de viaje de Napoleón
(La biblioteca de viaje de Napoleón)
Siempre ha sido complicado, a la vez que un placer, seleccionar unos pocos libros para emprender unas vacaciones o un viaje. Siempre van más de los que uno acaba leyendo y menos de los que desearía llevarse. Ahora, con el kindle y demás lectores electrónicos, todo es más sencillo. En el pasado todo era más complicado y Napoleón sufrió estos problemas.

La imagen anterior muestra una parte de la pequeña biblioteca portátil que Napoleón se hizo fabricar y que llevaba consigo. De hecho, según parece, el Gran Corso proyectó varias de estas cajas maravillosas con libros, con unas 60 obras cada una de ellas. Estas cajas estaban hechas a medida, así como los libros, editados también para el propósito concreto. Habían diseñado, Napoleón y sus asistentes en estos temas bibliográficos, un catálogo que les permitiera encontrar al momento lo que estaban buscando.

Durante las campañas militares, tan pronto como Napoleón se asentaba en un lugar para unos días o un tiempo, esta biblioteca móvil se colocaba en el lugar que se había tomado como estudio para el emperador, junto con sus cartas, mapas y demás material de estudio o informativo. A pesar de esto, no todo lo que deseaba tener consigo viajaba con él, como era de esperar. En 1808 Napoleón envió la siguiente carta al respecto de esto que comentamos:
Bayona, 17 de julio de 1808. El Emperador desea conformar una biblioteca de viaje con 1.000 volúmenes en 12mo pequeño [formato de página de unos 13x20cm] e impresos con una tipografía bonita. Es la intención de su Majestad disponer de estos trabajos impresos para un uso especial y con el objetivo de economizar espacio no deben poseer márgenes. Deben contener [cada volumen] entre 500 y 600 páginas y estar encuadernados con cubiertas y lomos lo más flexible posible. Debe haber 40 obras de religión, 40 obras dramáticas, 40 obras épicas y 60 de otras poesías, 100 novelas y 60 volúmenes de historia. El resto serán memorias históricas de todas las épocas.
Loable intención la de Napoleón aunque, como muchos sabemos, abocada al fracaso y casi inútil. Siempre echaría de menos algún libro y querría tener justo aquel que no había entrado en la colección de viaje. Por cierto, de todo esto ya hablamos de Abdul Kassem Ismael y sus 400 camellos-biblioteca, un caso parecido.

Fuente: Open Culture y NYTimes
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Bandō Mitsugorō, el actor que murió por una fanfarronada

22:04
Actores de kabuki, por Yakovlev Shalyapin
(Actores de kabuki, por Yakovlev Shalyapin)
Las fanfarronadas suelen dejar en mal lugar a sus padres. En ocasiones, además, les cuesta a estos algún sonrojo o mal rato, y, cuando la cosa llega muy lejos, una fanfarronada puede acabar en tragedia. Desde el punto de vista del humor, podríamos decir que aquello de no hay huevos, es un camino que es mejor no tomar. Un caso extremo, por todo, fue el de Bandō Mitsugorō, un actor de kabuki japonés.

Mitsugorō, nacido en 1906, no era un hombre cualquiera. Era casi idolatrado en su país desde que muy joven comenzó con su trabajo artístico. Formaba parte de una estirpe importante, de hecho, es conocido como Bandō Mitsugorō VIII, y en 1973 fue declarado por el gobierno como un tesoro nacional viviente. Poco después una fanfarronada le costó cara.

En enero de 1975, entró en un restaurante de Kioto y pidió fugu kimo, es decir, el hígado del pez fugu. Como sabrán, quizás gracias a los Simpsons, el pez globo, como también se conoce al fugu, tiene una carne exista, según parece, pero no exenta de peligro. El mismo animal nos ofrece, sin pagar más por ello, tetrodotoxina, un veneno mortal. Es virtud del cocinero separar una cosa de la otra, con muchísima maestría y conocimiento. Esto es complicado, y en el momento en que ocurrió lo que les cuento, servir este producto en los restaurantes estaba prohibido. A pesar de ello, el fugu llegó a la mesa.

No es que Mitsugorō se arriesgara comiendo fugu, como hacen otros muchos, sino que afirmó que él era inmune al veneno y que no tendría problema en comer el hígado del pez, cargado de toxina. No sé muy bien qué hicieron sus acompañantes, pero lo cierto es que siguió sus palabras hasta el final, comió, se fue a su hotel y murió en pocas horas. Además, la muerte por este tipo de envenenamiento no debe ser nada placentera, sino que más bien es lo contrario.

Una fanfarronada que el actor pagó muy cara. Una estrella del kabuki que acabó estrellada. Que nos sirva esto de lección a todos para responder a eso de a que no hay huevos, con un no, no los va a haber.

Fuente: La ciencia en la sombra, de J.M. Mulet
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Periodismo de datos de hace dos siglos

22:13
Cabecera de The Manchester Guardian del 5 de mayo de 1821
(Cabecera de The Manchester Guardian del 5 de mayo de 1821)
El periodismo de datos es una de las formas más modernas e interesantes, en mi opinión, de informarse. Esta forma de contar las cosas, de rebatirlas y de exponerlas, pone los datos en el centro. Y cuando hablamos de datos, no son los clásicos de cualquier artículo o escrito periodístico, hora, lugar, declaraciones... no, se trata de cantidades relativamente elevadas de números. Esto permite ser objetivo y ceñirse a esos números, aunque cómo están estos calculados, recogidos o procesados, también son caminos para salir de la objetividad. Lo que sí parece es que es algo que en nuestros días está tomando una relevancia que no tenía anteriormente, por varias razones. Pero siempre ha habido casos de periodismo de datos.

The Guardian es un periódico británico, que comenzó a publicarse en Manchester y por eso se denominaba entonces The Manchester Guardian. En 1964 emigró a Londres, dejando el lugar desde donde se lanzaba al mundo desde 1821. Hace casi dos siglos que The Guardian se imprimió por primera vez para el público, concretamente el primer número data del 5 de mayo de 1821 y en él ya había un trabajo de periodismo de datos.

Su objetivo, como era de esperar, era denunciar a través de los datos una mentira que se estaba lanzando por parte de los políticos. Los datos mostraban cuántos alumnos había en las escuelas públicas recibiendo educación gratuita. Esto lo que indicaba era cuántos niños vivían sumergidos en la pobreza, ya que de otro modo no irían a estos colegios. Los datos oficiales hablaban de 8.000 niños, pero el estudio de The Guardian demostró, colegio a colegio, que la suma total rondaba los 25.000.

No tiene mucho sentido profundizar hoy en la situación de los niños y la educación británica de la época, que no es nuestro objetivo. Lo que sí es importante es que aquel artículo en el que los datos eran la base y la prueba definitiva, causó cierto revuelo en su momento. Se considera a este artículo como uno de los primeros casos de periodismo de datos, si no el primero.

Los datos en cuestión tenía el siguiente aspecto en el periódico:


Fuente: The Guardian
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Marcel Petiot, un asesino en serie en la Segunda Guerra Mundial

23:45
Marcel Petiot durante el juicio
(Marcel Petiot durante el juicio)
Durante la Segunda Guerra Mundial hubo asesinos terribles, asociados a la propia guerra y a las acciones brutales de exterminio de la población civil o a la eliminación de enemigos. Pero también hubo algún asesino en serie que aprovechó el conflicto para llevar a cabo sus actos, que hubiera hecho en cualquier otro momento histórico, seguramente. Es el caso de Marcel Petiot, un francés nacido en 1897, que forma parte de la categoría de asesinos en serie por méritos propios.

Lo que sí es cierto es que Petiot encontró a gran parte de sus víctimas gracias al momento y al lugar que la historia le brindó. Ya en su juventud tuvo algunos problemas con la justicia, aunque sin relevancia, y durante la Primera Guerra Mundial, en el frente, su estado mental le llevó a ser ingresado en un sanatorio. Sobrepasado el bache, consiguió obtener el título de medicina en 1921 y unos años más tarde llegó a ser alcalde de su localidad, aunque acabó expulsado por corrupto. Como vemos, los problemas le perseguían, pero nada al nivel de lo que vendría poco más tarde.

Uno de sus pacientes falleció y, cuando otro hombre sugirió que el propio médico lo había asesinado, los muertos fueron dos. Cambió su residencia a París y allí sus crímenes continuaron, aunque cuando alcanzaron el nivel que le llevan a ser declarado en nuestros días asesino en serie fue durante la ocupación nazi. Como otros muchos, se aprovechó de la situación para su propio partido, a costa de los judíos.

Pensó en enriquecerse ayudando a los perseguidos, ayudándoles a escapar de los alemanes. Les ofrecía una forma de viajar al extranjero dejando atrás la Francia ocupada. Era médico, y cuando les decía a sus víctimas que les iba a inyectar algo para que no tuvieran problemas con las enfermedades del país de América del Sur al que iban a viajar, estas no sospechaban. En realidad, les inyectaba cianuro. No se conformaba entonces con haber matado, sino que se quedaba con lo que podía de las propiedades de los asesinados.

Los cuerpos eran incinerados en el sótano de su casa o enterrados en cal viva. La Gestapo, sospechando que estaba ayudando a los judíos a huir, lo detuvo en 1943, aunque fue liberado un tiempo después. Pero ya tenía un ojo en la espalda continuamente. En 1944 fue detenido de nuevo, en este caso ya por la policía, y se conoció entonces la magnitud de sus crímenes. Cerca de 30 cadáveres fueron identificados en su casa, pero durante el juicio llegó a confesar más de 60 asesinatos. Aquello le llevó a un lugar destacadísimo dentro de la lista de los asesinos en serie de la historia, y también le llevó a la guillotina en 1946.

Fuente: Enciclopedia Britannica
Imagen: Mirror
Marcel Petiot, un asesino en serie en la Segunda Guerra Mundial Marcel Petiot, un asesino en serie en la Segunda Guerra Mundial Reviewed by Manuel Jesus Prieto Martín on 23:45 Rating: 5
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