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La falsa historia de Max Planck y su chófer

23:21
Max Planck
(Max Planck)
La historia de hoy, les prevengo, es falsa. Es una leyenda urbana. Dicho esto, es tan ocurrente y tan probable que uno se la encuentre en algún sitio, que es mejor conocerla de antemano y, por supuesto, saber que es una anécdota inventada. Se cuenta tanto con Einstein de protagonista, como con Max Planck. Nosotros tomaremos este segundo.

Planck, alemán nacido en 1858, fue premiado con el Nobel de Física en 1918. A raíz de ese reconocimiento, el científico hizo una gira por toda Alemania dando conferencias. Su chófer le llevaba de un sitio para otro y escuchaba, allá donde tocaba, la exposición de Planck sobre sus descubrimientos.

Un día, por puro aburrimiento, el chófer le propuso a Planck cambiar los papeles. Estaba tan harto, el conductor, de escuchar las conferencias que le aseguró al titular del Nobel que podría suplantarle en la ponencia sin que nadie se diera cuenta. Al físico le pareció bien la propuesta y así lo hicieron.

En el siguiente lugar en el que tocaba la charla, no fue Planck, sino su chófer, el que subió al escenario. Dio la larga conferencia sobre la mecánica cuántica sin problemas, hasta el turno de preguntas, como era de esperar. Ahí no todo se repetía días tras día y era donde los conocimientos de Planck no podían ser suplantados.

Cuando uno de los asistentes levantó la mano, tomó la palabra e hizo una pregunta, el chófer salió del atolladero del modo más ocurrente posible. Tras escuchar la pregunta dijo:
Estoy sorprendido de que se formule aquí una cuestión tan sencilla como esa. Tan sencilla es, que será mi chófer quien la responda.
En ese momento volvieron a cambiar de papeles y Planck, al que todos tomaban por su chófer, respondió. Y ahora, parafraseando a aquel mago, no olviden que todo lo que han leído es fruto de la imaginación de alguien.
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The Archies, una banda virtual de dibujos animados que llegó al número uno

19:46
The Archies
(The Archies)
En 1998 Damon Albarn, que había sido el cantante del grupo Blur, y Jamie Hewlett formaron Gorillaz, una banda que ha sido representada desde entonces por unos dibujos animados. Gorillaz es muy popular, así como sus personajes virtuales, con una estética muy original y atractiva. Mucho antes de su caso, una banda similar llegó al número uno de las listas, una banda que en realidad eran unos dibujos animados.

Donald Kirshner, un productor estadounidense nacido en 1934, había tenido mucho que ver con el éxito del grupo The Monkees, creado en 1966 para una serie de televisión. Los integrantes de The Monkees eran personas seleccionadas entre centenares, exclusivamente para la serie. Más allá de su talento musical, primaba que dieran bien en cámara y sirvieran para la televisión. Las canciones eran tocadas y compuestas por músicos profesionales, aunque con el tiempo algunos miembros del grupo se rebelaron contra esto. Especialmente Michael Nesmith.

Tras esa experiencia, Kishner fue un paso más allá y creó The Archies. Dentro del programa de televisión The Archie Show, un grupo ficticio de personajes animados servía de imagen para The Archies la banda. Sus canciones se ganaron un lugar en las listas cuando los temas del show televisivo comenzaron a ser lanzados al mercado como singles.

El primer single llegó al puesto 22 en las listas de pop, pero la explosión total llegó con Sugar, Sugar, un tema que todo el mundo conoce incluso hoy, a pesar de ser lanzado en 1969. Un clásico que fue número 1 en Estados Unidos y en Inglaterra, vendiendo seis millones de copias. Volvieron a estar entre los más vendidos en otras ocasiones.

Los profesionales detrás de The Archies eran músicos de talento, como demuestran sus logros más allá de esta banda de dibujos animados. Entre 1968 y 1972, cuando The Archies dejaron de existir, si se puede decir esto, esta banda virtual tuvo su lugar, privilegiado, en el mundo del pop, especialmente del bubblegum pop, con alguna patita puesta en el rock. Es más, Billboard hizo una lista con los 100 mejores singles pop entre todos los lanzados entre 1955 y 2015 y Sugar, Sugar estaba en esa lista.

Así, Gorillaz tuvo sus antecesores. Y si les interesa mi opinión personal, de estas bandas de las que les he hablado mi favorita son The Monkees, que tienen varios temas muy interesantes. Si las listas de éxitos sirvieran de algo, más allá de para medir la popularidad y el dinero generado, que no es poco, también en las listas reinan The Monkees, con muchos números uno y muchas semanas de líder en esos top.
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Dos poemas sobre la guerra

22:10
Wisława Szymborska
(Wisława Szymborska)
La de hoy no es una curistoria al uso, ya me perdonarán. O quizás sí. No estoy seguro. La cuestión es que no es raro que aquí hablemos de guerras, combates y de hechos extremos relacionados con el mundo bélico. Como leí o escuché alguna vez, no recuerdo dónde, la guerra lleva a los hombres a hacer lo peor de lo que son capaces, pero también a lo mejor de los que son capaces. Es obvio que la guerra tiene muchas caras y creo que también hay que conocer la que sigue, en forma de poemas.

Hace un par de días, leyendo una antología poética de Wislawa Szymborska editada por Visor en 2015, me encontré con dos poemas publicados originalmente en el libro de 1967 titulado Mil alegrías, un encanto. Szymborska, poeta polaca nacida en 1923 y fallecida en 2012, recibió el Nobel en 1996.

Lo que expresan esos poemas, como decía, son también parte de la historia de las guerras, que afortunadamente muchos vemos con perspectiva lejana, pero que fueron, siempre, terribles. Lo que siente la madre del héroe y lo que de verdad tiene claro una mujer en mitad del desastre, en forma de arte.
PIEDAD
En el pueblo donde nació el héroe, se puede:
ver el monumento, admirarle por lo grande que es,
espantar dos gallinas en el umbral del museo vacío,
enterarse dónde vive la madre,
llamar, empujar la chirriante puerta.
Se mantiene erguida, pelo liso peinado hacia atrás, mirada clara.
Decir, que una ha venido de Polonia.
Saludar. Preguntar alto y claro.
Sí, le quería mucho. Sí, siempre fue así.
Sí, estuvo entonces junto al muro de la prisión.
Sí, oyó los disparos.
Lástima por no haber traído la grabadora
ni cámara fotográfica. Sí, conoce estos aparatos.
En la radio leyó su última carta.
En la televisión cantó las viejas nanas.
Incluso una vez hizo presentación en un cine, mirando los focos
hasta las lágrimas. Sí, la conmueve que recuerden.
Sí, está un poco cansada. Sí, se le pasará.
Levantarse. Dar las gracias. Despedirse. Salir
Cruzándose en el pasillo con los siguientes turistas.
VIETNAM
Mujer, ¿cómo te llamas? –No sé.
¿Cuándo naciste, de dónde vienes? –No sé.
¿Por qué has cavado una madriguera en la tierra? –No sé.
¿Desde cuándo te escondes aquí? –No sé.
¿Por qué me has mordido en el dedo anular? –No sé.
¿Sabes que no te haremos daño? –No sé.
¿De qué lado estás? –No sé.
Es la guerra, has de elegir –No sé.
¿Existe todavía tu aldea? –No sé.
¿Estos son tus hijos? –Sí.
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La guerra de las dos rosas - Estirpe, de Conn Iggulden

12:19
La guerra de las dos rosas - Estirpe, de Conn Iggulden
(La guerra de las dos rosas - Estirpe, de Conn Iggulden)
Como dice Troy McClure en los Simpsons, quizás me recuerden de otras entradas como La Guerra de las Dos Rosas – Tormenta, o La Guerra de las Dos Rosas – Trinidad. El episodio de hoy trata sobre el tercer libro de esta saga del autor Conn Iggulden que, como supondrán, narra acontecimientos relacionados con la Guerra de las Dos Rosas. El subtítulo: Estirpe.

A finales de 1460, concretamente el penúltimo día del año, los Lancaster y los York se enfrentaron en la batalla de Wakefield. A los pocos días, en la muralla de York fueron clavadas en hierros cuatro cabezas. La del duque de York, la de su hijo Edmundo, de 17 años, la del conde Salisbury y la del hijo de este, de 16 años de edad. La parte victoriosa, los Lancaster, con la reina Margarita al frente, debía liberar su rey, Enrique VI, que estaba prisionero de los aliados de los York desde la batalla de Northampton. La reina, parte clave en el juego por el trono inglés, era francesa.

Parece algo escrito para una novela, para una película o para una serie de televisión, pero es sólo el comienzo de la novela. Y de todo eso hay sobre esta época inglesa, tan sorprendente y entretenida. Entre esas obras, la saga de Iggulden está trazando la historia libro a libro, haciéndola sencilla y asequible. No quisiera repetirme con lo ya dicho en las entradas en las que hablé las entregas anteriores Tormenta y Trinidad. Aunque, de nuevo, conviene remarcar que leer al final del libro la nota histórica sobre los hechos que se han novelado en las páginas anteriores, es un punto a favor de la seriedad con la que el autor se ha tomado su trabajo de documentación.

No es extraño leer que los hechos de la Guerra de las Dos Rosas tienen su reflejo o inspiraron pasajes en Juego de Tronos. Pero no es eso lo mejor, lo mejor es que lo que leemos en estas novelas fue verdad, es historia. Recuerden el dicho ese de que la realidad supera a la ficción. Yo tengo pendiente desde hace mucho leer algún ensayo histórico sobre este conflicto, en parte, por novelas como estas, que, en cierta forma, levantan la libre, avivan el interés por lo que cuentan.
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La historia tras la foto de los ojos del odio de Goebbels

23:35
La mirada de odio de Goebbels en la foto de Eisenstaedt
(La mirada de odio de Goebbels en la foto de Eisenstaedt)
La archiconocida foto del beso celebrando el final de la Segunda Guerra Mundial fue obra de Alfred Eisenstaedt. Este fotógrafo dejó varias fotos para la historia, entre ellas, una de las imágenes más representativas de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda del Tercer Reich.

En 1933, durante la conferencia de la Liga de las Naciones, Eisenstaedt era una de los fotógrafos que cubrían el encuentro para las agencias y los medios. Los judíos ya eran entonces objeto de crítica y de odio por parte de los nazis y la cara de Goebbels se tornó así de seria cuando se dio cuenta de que era un judío el que estaba al otro lado de la cámara. Hubo varios momentos tensos durante el encuentro entre Eisenstaedt y Goebbels.

En palabras del fotógrafo:
Goebbels fotografiado por Eisenstaedt
(Goebbels fotografiado por Eisenstaedt)
En 1933 viajé a Lausana y Génova para la 15ª conferencia de la Liga de las Naciones. Allí, sentado en el jardín del hotel, estaba el Dr. Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler. Él sonreía, pero no a mí. Él estaba mirando hacia alguien a mi izquierda... de repente él me vio y le fotografié. Su expresión cambió. Ahí tenemos los ojos del odio. ¿Era yo un enemigo? Detrás de él estaba su secretario privado, Walter Naumann, con perilla, y el intérprete de Hitler, el Dr. Paul Schmidt... Me han preguntado cómo me sentí fotografiando a estos hombres. Naturalmente, no muy bien, pero cuando tenía una cámara en la mano, no conozco el miedo.
La foto es conocida habitualmente como la imagen del mal o la imagen del odio, por la mirada tan extraña y cargada de desprecio de Goebbels. No sólo la mirada, también la postura y cómo agarra los brazos de la silla son desasosegantes.

Como vemos en la siguiente imagen, no siempre Goebbels estuvo así de serio durante aquella conferencia de 1933.


Fuente: Time.com
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La Torre Eiffel fue un enorme cartel publicitario de Citroën durante una década

23:25
El cartel de Citroën sobre la Torre Eiffel
(El cartel de Citroën sobre la Torre Eiffel)
Publicidad, publicidad y publicidad por todos lados. Estaciones de metro con nombres de empresa, teatros que tienen como apellido a su patrocinador, museos que son sostenidos por compañías... parece que todo ha caído en manos de la publicidad. Pero esto no es algo nuevo.

Durante una década, desde mediados de los años 20 hasta mediados de los 30, la Torre Eiffel fue un enorme luminoso al servicio de la marca de coches Citroën. Con unas 250.000 bombillas luciendo desde lo más alto de París, aquel enorme cartel propagandístico dejaba clara la importancia del fabricante francés.

Por si les pareciera poco que un lado de la torre más famosa de Francia, y quizás del mundo, luciera tal anuncio, nunca mejor dicho, les diré que no era sólo un lado, sino que el cartelón con la publicidad estaba instalado en tres de las caras del monumento. Las siete letras ocupaban unos 30 metros y medio de altura y tal era su potencia y acierto en la colocación, que a más de 30 kilómetros de distancia se veía y leía la palabra Citröen. Tanto es así que Charles Lindbergh usó el luminoso como referencia para orientarse y aterrizar en París después de más de 33 horas de vuelo para cruzar el Atlántico pilotando El espíritu de San Luis.

Un anuncio impresionante. Piensen ahora si sería posible algo similar, que un cartel semejante iluminara, o ensombreciera, la Torre Eiffel; que de la Gran Muralla China colgaran anuncios o que, en el Museo del Prado, entre cuadro y cuadro, se colgara un póster publicitario incitando a tomar una hamburguesa de alguna cadena tras la visita.
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El Tratado de Versalles tan sólo fue un armisticio para 20 años

21:50
Ferdinand Foch
(Ferdinand Foch)
Este mes de noviembre, concretamente el día 11, se cumplieron 99 años del final de la Primera Guerra Mundial, lo que nos sitúa, por otra parte, al borde del centenario, que se celebrará el año próximo. Supongo que unos cuantos libros que se publicarán en los próximos meses nos lo recordarán a su debido tiempo, como ha ocurrido en este 2017 con la Revolución Rusa.

Se cumplirá entonces un siglo del armisticio, del final de los combates. El 8 de noviembre de 1917 la delegación alemana había llegado por tren a Rethondes, en el norte de Francia. El día 10 aquella delegación transmitía las condiciones y su país, aunque fueran duras, las aceptó. El día 11, a las 02:05, se reunieron de nuevo los negociadores y tras algunas concesiones menores a los teutones, se cerró por fin todo el desastre y acabó la guerra europea. El momento llegaría oficialmente ese mismo día, 11 del 11, a las 11:00 horas.

Las condiciones significaban la derrota total para las tropas del Káiser. En el Tratado de Versalles, firmado en 1919, los alemanes reconocían explícitamente que no tenían capacidad para defender su honor y que firmaban en esa situación las condiciones de paz impuestas por los Aliados y los gobiernos asociados.

Hubo un hombre, Ferdinand Foch, el mariscal francés que había comandado el ejercito de su país y que participó directamente en la rendición alemana, que dejó una reflexión premonitoria. Foch afirmó en 1919:
Esto no es un tratado de paz, sino un armisticio para 20 años.
Se equivocó Foch por 64 días. 20 años y 64 días después del 11 de noviembre de 1918, Alemania lanzaba de nuevo a Europa a una guerra que acabaría convirtiendo a la Gran Guerra de 1914 en la Primera Guerra Mundial. Sería el 1 de septiembre de 1939, fecha de comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Foch no llegó a ver lo acertado de su sentencia, ya que murió en 1929. Unos años después vendría la idea de la paz de nuestro tiempo, de Charmberlain, que se mostró equivocada. Y para cerrar el círculo entre ambas guerras mundiales, ahí está la historia del vagón de Compiègne, uno de esos hechos históricos sorprendentes que tanto nos gustan.
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