La muerte del Barón Rojo y sus últimas palabras

(Tropas australianas junto a los restos del aparato del Barón Rojo) Como otras tantas cosas en la historia, lo dejo ya escrito de entrada, los detalles completos de la muerte del Barón Rojo no se conocerán nunca. El más famoso aviador alemán de todos tiempos, Manfred von Richthofen, el Barón Rojo, perdió la vida el 21 de abril de 1918, en el norte de Francia. Tenía en su lista de bajas enemigas 80 aparatos cuando

Bandō Mitsugorō, el actor que murió por una fanfarronada

(Actores de kabuki, por Yakovlev Shalyapin) Las fanfarronadas suelen dejar en mal lugar a sus padres. En ocasiones, además, les cuesta a estos algún sonrojo o mal rato, y, cuando la cosa llega muy lejos, una fanfarronada puede acabar en tragedia. Desde el punto de vista del humor, podríamos decir que aquello de no hay huevos, es un camino que es mejor no tomar. Un caso extremo, por todo, fue el de Bandō Mitsugorō, un

Marcel Petiot, un asesino en serie en la Segunda Guerra Mundial

(Marcel Petiot durante el juicio) Durante la Segunda Guerra Mundial hubo asesinos terribles, asociados a la propia guerra y a las acciones brutales de exterminio de la población civil o a la eliminación de enemigos. Pero también hubo algún asesino en serie que aprovechó el conflicto para llevar a cabo sus actos, que hubiera hecho en cualquier otro momento histórico, seguramente. Es el caso de Marcel Petiot, un francés nacido en 1897, que forma parte

El Ángelus, de Jean-François Millet

(El Ángelus, de Jean-François Millet) Todo está en los ojos del que mira, y lo que ve, es tanto lo que ve como lo que espera ver. Miren por un momento la obra de arte que encabeza esta entrada. Se trata de la obra conocida como El Ángelus, realizada por el pintor francés Jean-François Millet. Es un óleo casi cuadrado de 66 cm por 55,5 cm, que fue pintado a mediados del siglo XIX. Como

La emotiva historia del comandante de Saint-Lô

(El comandante de Saint-Lô) Ayer les recomendaba el libro de Wayne Vansant sobre Normandía, e insisto efusivamente en esa recomendación, y hoy volvemos a la Segunda Guerra Mundial y a Normandía, precisamente de la mano de esa obra. Y es que más allá del propio desembarco, que ya es de por sí un hecho grandioso, los combates de las semanas siguientes por hacer avanzar las líneas aliadas por el continente están repletos de grandes historias. En

El ahorcado por el gran incendio de Londres que fue absuelto 3 siglos después

(Luchando contra el fuego en el siglo XVII) En la entrada de hace unos días sobre el incendio de Londres y sobre cómo de algo malo en ocasiones se presenta la oportunidad de mejorar, ya les decía que me dejaba un detalle en el tintero. Recordarán que les contaba cómo el fuego que arrasó la ciudad comenzó en la panadería de un hombre llamado Thomas Farriner, y que fue su criada la que lo provocó, de

El cambio positivo tras una tragedia y el incendio de Londres

(Detalle de una pintura de 1666 del Gran Incendio de Londres) Bien podría ser esta curistoria una de esas historias que se cuentan en los libros de autoayuda y que explican al lector como una gran tragedia puede convertirse en algo positivo. No estoy muy convencido de esta teoría, todo sea dicho, porque a menudo una tragedia no es más que eso, una tragedia. Por otra parte, la historia de la que les hablo, el

Alexander Bogdánov, un pionero en las transfusiones de sangre

(Alexander Bogdánov) A caballo entre la leyenda y la historia se sitúa la condesa sangrienta, Elizabeth Báthory, una dama húngara nacida a mediados del siglo XVI y a la que se le atribuyen todo tipo de crímenes y pasiones sádicas. Entre esas historias está la que asegura que asesinó a decenas, si no centenares, de mujeres para beber su sangre y bañarse en ella, buscando así la eterna juventud y absorber también la belleza de

La muerte de Descartes

(René Descartes) Como si fuera el argumento de una novela entre negra e histórica, la muerte de Descartes tiene algunos aspectos que no han sido aclarados y algunas pruebas que van contra la versión oficial, contra la muerte por neumonía que ha figurado en la biografía del filósofo francés durante siglos. René Descartes había nacido en 1596 en Francia, y más allá del famoso cogito ergo sum (pienso, luego existo), también destacó como matemático y

Crucificar un cadáver para aprender a pintar a Cristo

(El cadáver crucificado de James Legg) Volvemos hoy al tema de los resurrecionistas, ya saben, de los ladrones de tumbas. Lo más habitual era que aquellos cadáveres se usaran para estudiar anatomía, pero también hubo algún otro uso. Hace poco hablábamos del robo de dientes, un uso algo asqueroso, todo sea dicho. Mucho más interesante es el uso para el mundo del arte. Al caso del Miguel Ángel, del que hablábamos hace 9 años, se