Duchesne, el hombre que se adelantó a Fleming y del que ni leyeron sus trabajos

(Ernest Duchesne) ¿Quién descubrió la penicilina? Fleming. Y eso le ha dado un lugar en la historia y una popularidad máxima. El premio Nobel le llegó en 1945, por varios de sus trabajos, no sólo por la penicilina y, aunque mucho más modesto como homenaje, no hay que olvidar que tiene su lugar en la plaza de toros de Las Ventas, por su ayuda a salvar la vida de muchos toreros. Fleming, escocés nacido en

Curar una enfermedad con otra enfermedad

(El doctor Wagner-Jauregg (en el centro con chaqueta negra) durante uno de sus tratamientos en 1934) Hay un refrán que asegura que la mancha de la mora con otra verde se quita. He de reconocer que yo conocí el dicho a través de una canción de flamenco y que además he escuchado frases con el mismo mensaje toda mi vida. Especialmente cuando se trata del tema de amor. En ese caso, lo que viene a

Alexander Bogdánov, un pionero en las transfusiones de sangre

(Alexander Bogdánov) A caballo entre la leyenda y la historia se sitúa la condesa sangrienta, Elizabeth Báthory, una dama húngara nacida a mediados del siglo XVI y a la que se le atribuyen todo tipo de crímenes y pasiones sádicas. Entre esas historias está la que asegura que asesinó a decenas, si no centenares, de mujeres para beber su sangre y bañarse en ella, buscando así la eterna juventud y absorber también la belleza de

Benjamin Franklin, los pedos, la orina y los espárragos

(Benjamin Franklin) Parece que en los últimos días la orina se ha convertido, sin pretenderlo, en el tema estrella de Curistoria. Hace unos días les hablaba de Andy Warholl y sus pinturas de orina y hoy dejamos el mundo del arte para ir al de la ciencia, pero sin dejar de tratar el tema. Benjamin Franklin, el famoso político e inventor estadounidense del siglo XVIII, inventó varias cosas de andar por casa, por decirlo de

Crucificar un cadáver para aprender a pintar a Cristo

(El cadáver crucificado de James Legg) Volvemos hoy al tema de los resurrecionistas, ya saben, de los ladrones de tumbas. Lo más habitual era que aquellos cadáveres se usaran para estudiar anatomía, pero también hubo algún otro uso. Hace poco hablábamos del robo de dientes, un uso algo asqueroso, todo sea dicho. Mucho más interesante es el uso para el mundo del arte. Al caso del Miguel Ángel, del que hablábamos hace 9 años, se

Harold Gillies, un pionero de la cirugía plástica en la Primera Guerra Mundial

(Harold Gillies) La Primera Guerra Mundial guarda algunas de las historias más impresionantes y terribles de la historia moderna. La lucha de trincheras, donde los ejércitos se embarraron y estancaron durante meses y meses, donde decenas de miles caían para conquistar unas decenas de metros, moviendo la tierra de nadie un poco allá o un poco acá. Esos mismos metros se perdían poco después con la siguiente contraofensiva enemiga. En esa situación, la artillería, las

Los dientes de la batalla de Waterloo

(Dentadura postiza de hace un par de siglos) Es muy posible que esta curistoria les parezca algo desagradable, y no les culparía yo por ello. En cualquier caso, como siempre, hay que tener en cuenta que cada momento de la historia es diferente y que, si bien es casi imposible analizar el pasado hoy con la visión de entonces, ya que somos personas de nuestro tiempo, es un ejercicio que conviene hacer. Y así, hay

Diario de un resurreccionista, de James Blake Bailey

(Diario de un resurreccionista, de James Blake Bailey) Quizás a algunos de ustedes la palabra resurreccionista, o resucitadores, no les diga nada, pero si leemos el subtítulo del libro del que les estoy hablando, porque les estoy hablando de un libro, quedará todo claro: Una historia secreta e ilustrada de los ladrones de cuerpos y los anatomistas. Ahora ya saben el tema sobre el que trata el libro, sin dudas. Una auténtica maravilla de libro,

Islero no mató a Manolete, lo mató la sangre noruega

(Manolete brindando un toro) Islero, el toro que corneó a Manolete, forma parte desde hace años de la cultura popular. Tanto es así, que el proyecto Manhattan español, la impresionante aventura que durante varias décadas llevó a España a perseguir la bomba atómica, se llamó Proyecto Islero, precisamente por el último toro que se encontró con Manolete en los ruedos, en Linares, el 28 de agosto de 1947. Hasta se usa comúnmente en el lenguaje

Leonid Rogozov, el médico que se operó a sí mismo

(Leonid Rogozov, durante la operación) Hace unos meses, un británico, harto de sufrir dolores mientras su puesto en la lista de espera de la sanidad nunca llegaba a meterlo en quirófano, se operó a sí mismo. Los dolores, para mayor desesperación suya, se debían a que en una operación anterior los cirujanos se habían dejado un trozo de nylon dentro de su cuerpo. Graham Smith, que así se llama, llevaba 15 años con ese agente