Alimentos

Prusia persiguió el café para favorecer el consumo de cerveza, por dinero

En 1777, el rey de Prusia, Federico II el Grande, decidió que el café no era bueno y que era mejor beber cerveza. Veremos que los motivos no son todo lo claros que uno quisiera esperar, pero que en realidad son los que uno esperaría de un gobernante. Dicho de otro modo, Prusia persiguió el café para favorecer el consumo de cerveza, por dinero. Sin más. En cualquier caso, las palabras del prusiano se usan de vez en cuando para justificar la ingesta de una cerveza más.

El 13 de septiembre de ese año de finales del siglo XVIII, se dice que el gobernante publicó un decreto que decía:

Todos [mis súbditos] consumen café. Si es posible, esto debe ser evitado. Mi pueblo debe beber cerveza. Su Majestad fue criado con cerveza, así como sus antepasados y sus oficiales. Muchas batallas han sido libradas y ganadas por soldados alimentados con cerveza; y el Rey no cree que se pueda depender de soldados bebedores de café para soportar penurias y para vencer a sus enemigos en caso de que se produzca una guerra.

Prusia persiguió el café para favorecer el consumo de cerveza, por dinero, y hasta puso a olfateadores que persiguieran a los cafeteros

Bien es cierto que no se tiene constancia de este texto exacto, pero hay certeza de que Federico II apoyó la cerveza en sustitución del café y se conservan cartas en las que dice, casi palabra por palabra, eso mismo. En esos textos Federico el Grande en los que aboga por limitar y castigar el consumo del café y empujar a la gente a que se acostumbrara a beber cerveza. Aseguraba que él había bebido cerveza desde niño y que era mucho más saludable que esa otra bebida que él quería arrinconar.

En cualquier caso, la indicación era clara y venía de lo más alto del gobierno: tomar menos café y más cerveza. Supongo que a eso se agarraron muchos para que les dejaran beber la enésima cerveza: dice el rey que así se ganan batallas, pone otra bien fría.

Pero el verdadero motivo está en otras palabras que se le atribuyen igualmente a Federico II:

Es repugnante darse cuenta del aumento de la cantidad de café consumida por mis súbditos, así como la cantidad de dinero que sale del país en consecuencia.

Tales fueron los impuestos al café, que se convirtió en un artículo de lujo

Aquí estaba el verdadero problema, en los impuestos, más allá de la predilección del monarca por la cerveza. El café era una importación para los prusianos y por lo tanto el dinero salía hacia otros países. En cambio, la cerveza era un producto nacional. Al final, no nos engañemos, el rey no se preocupaba por la salud de su pueblo o por su disfrute, sino que le preocupaban los ingresos vía impuestos.

Esos impuestos se cobraban a quien tostara café, y eran nada menos que del 150% sobre el precio de venta,. Estos productores de café solo podía adquirir sus materias primas a través del gobierno. Las tasas hacían que el precio final del producto en los canales oficiales fuera accesible únicamente para las clases altas. En cierta medida se convirtió en un artículo de lujo.

Por esta misma razón, el dinero que ingresaba el gobierno, este puso a centenares de soldados y funcionarios a trabajar como oledores de café, para ver dónde se estaba tostando el producto. Es bien sabido que el café tiene un olor característico, intenso y, en mi opinión, estimulante. Estos olfateadores iban por la ciudad en busca de ese olor para detectar dónde se estaba tostando café y, una vez pillados, pedirles todos los permisos correspondientes. Tan solo algunos establecimientos tenían autorización del gobierno para esa actividad y ya sabían que debían pagar una fortuna. Un ataque más al negro brebaje.

Al final, ni todo esto pudo acabar con el consumo de café

Estas políticas también se aplicaron a otras bebidas de importación, como el chocolate y algunos vinos. Pero a pesar de todos estos esfuerzos, el plan de Federico II no funcionó como él esperaba. Además del café, la gente comenzó a beber sucedáneos como la achicoria. El consumo de la bebida perseguida no solo no bajó, sino que ascendió. Y, debido a su persecución y a los impuestos, el contrabando también ganó terreno. En definitiva, un desastre que, muerto el soberano en 1786, se anuló, dejando a cada cual que bebiera lo que deseara.

No es esta la única prohibición o ataque que ha sufrido el café a lo largo de la historia. La más curiosa, desde mi punto de vista, fue la del rey Gustavo III, que también salió mal para los detractores del café. Si les interesa este tema, quizás les guste conocer la adicción al café de algunos personajes históricos, la influencia del café en el inicio de la Revolución Francesa o la relación entre el café, el trabajo y el origen de la cafetera espresso.

Manuel J. Prieto

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