Las cuevas de Altamira se descubrieron gracias a un perro

La casualidad es amiga de los descubrimientos y de los inventos, bien lo sabemos. Y es casualidad que un perro se pierda por un agujero y que justo ahí haya una cueva. Que, además, la cueva sea una joya del arte rupestre, ya el algo insólito. Bien, pues las cuevas de Altamira se descubrieron gracias a un perro que se perdió por un agujero. Y por si esto fuera poco, no es un caso único.