La muerte de Craso, una lección contra la avaricia

La muerte de Craso, una lección contra la avaricia

Quizás la muerte de Craso, uno de los hombres más ricos de la historia, si no el más rico, les recuerde a la muerte de Viserys Targaryen en Juego de Tronos. Este personaje de ficción murió cuando Drogo, el jefe Dothraki, vertió oro fundido por su cabeza. Algo parecido le pasó a Craso o, al menos, eso dice la leyenda. Una leyenda sobre la muerte de Craso que es una lección contra la avaricia

Ya les conté en una ocasión cómo hay quien considera a Marco Licinio Craso el hombre más rico de la historia, aunque esto es complicado de medir. Esta misma reflexión, por cierto, la escribí hace unos días en la entrada sobre Diocles, el deportista mejor pagado de la historia. Craso no fue el mejor de los hombres a la hora de conseguir su fortuna y, por ello, su muerte es todavía más ejemplar y dramática, lo que también me hace, personalmente, sospechar más aún de la veracidad de la leyenda. Pero, ya saben, se non è vero, è ben trovato.

La campaña de Craso contra los partos fue su punto y final

En el año 55 a.C., cuando tenía ya 60 años, Craso preparó una incursión contra los partos. La campaña comenzó bien para él y durante unos meses venció y aumentó su fortuna aún más. Pero el mundo da vueltas y lo que hoy está arriba mañana está debajo. En el 53 a.C. la guerra ya no era tan favorable a Roma, y entonces Surena, el jefe de los partos, ofreció una tregua.

Envió un caballo a buscar a Craso, para llevarlo hasta el punto donde debían negociar. Los hombres del romano le desaconsejaron acudir, pero no tuvieron éxito en sus recomendaciones. Durante el camino, se desató una escaramuza en la que Craso acabó perdiendo la vida. Es posible que incluso lo matara uno de sus hombres para que no cayera en manos enemigas, al verlo ya perdido.

Una muerte de leyenda que sirve de lección contra la avaricia

Dion Casio, un historiador romano del siglo III, es decir, que vivió varios siglos después de los hechos que nos ocupan, dejó escrito que los partos vertieron oro fundido en la boca de Craso para burlarse. Para darle una lección porque a pesar de poseer vastas riquezas, había seguido acumulando dinero sin apiadarse de sus congéneres.

Plutarco, por otra parte, cuenta que los partos enviaron la cabeza y la mano derecha de Craso, de vuelta a los romanos. El resultado no fue sólo el final de Craso, sino también la derrota y humillación de las legiones romanas.

La muerte de Craso no es un caso único de lección contra la avaricia. La de Inalchuq a manos de Gengis Kan también recuerda a la de Viserys Targaryen. Inalchuq era un gobernador de Asia Central a comienzos del siglo XIII. Cuando llegó una caravana comercial a su ciudad, Otrar, los acusó de ser espías mongoles y los arrestó, para luego matarlos y quedarse con todo lo que llevaba la caravana.

Gengis Kan dio lecciones contra la avaricia con el mismo método

Cuando Gengis Kan conoció los hechos, envió a varios diplomáticos a pedir que Inalchuq fuera castigado. La delegación se lo pidió al sultán Muhammad, que, en lugar de hacerlo, mató a uno de los embajadores y humilló a los demás. La respuesta de Gengis Kan a esta segunda afrenta fue una guerra de conquista, una invasión.

En 1219 el mongol rodeó Otrar y la tomó después de unas semanas. Inalchuq fue capturado vivo y, de nuevo, fue ejecutado de una manera cruel, que además era una lección contra su avaricia, por quedarse con la caravana. Los mongoles, con Gengis Kan al frente, vertieron sobre los ojos y oídos de Inalchuq plata fundida.

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