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Craso, el romano al que los fuegos hacían rico

(Busto de Craso en el Museo del Louvre)

Hace unos años les contaba que Marco Licinio Craso está considerado el hombre más rico de la historia y también veíamos que la codicia y las malas artes parecían las guías que había seguido en su camino para conseguir más y más riqueza. Hoy, vuelvo a Craso, ya que en un libro muy interesante que estoy disfrutando, Ricos, escrito por John Kampfner, tratan lo que hizo Craso, y otros muchos ricos de toda la historia, para acumular su riqueza. Dan detalles de su forma de hacer las cosas y hay una relación con el mercado inmobiliario, si acaso pudiéramos llamarlo así, que es sorprendente y retrata al romano.

En tiempos de Craso, la República de Roma no contaba aún con bomberos, o alguien dedicado a extinguir los fuegos, que se daban a menudo en los edificios de las calles romanas, mal construidos y atestados. Craso se dio cuenta de la oportunidad y formó con algunos de sus esclavos una brigada de bomberos. Y quizás uno pudiera esperar un gran acto de un hombre poderoso, que preocupado por sus conciudadanos, trató de ayudarles creando un servicio público de extinción de incendios. Pero amigos, como se suele decir, Craso no daba puntada sin hilo.

Los esclavos bomberos de Craso llegaban corriendo cuando una casa o edificio comenzaba a arder, pero antes de meterse en faena y apagar en fuego, negociaban con el propietario de la casa en llamas. Le ofrecían comprar la casa por un determinado precio, muy bajo, lógicamente, pero más alto que lo que podría sacar el propietario si las llamas finalmente arruinaban la construcción. Así, el pobre desgraciado, mientras veía sus posesiones arder, tenía que tomar una decisión sabiendo que cada segundo que dejaba pasar el fuego avanzaba consumiendo sus potenciales beneficios y aumentando su desgracia. Al final, como era de esperar, vendía. Y en ese momento los bomberos de Craso entraban en acción.

Una vez extinguido el fuego, se arreglaba la construcción y se vendía de nuevo, siendo ya propiedad de Craso, a un precio mucho más alto del que había pagado al pobre infeliz que tuvo la mala suerte de ver su casa arder. Algunos hasta han insinuado que quizás también fueran servidores de Craso los que prendían algunos fuegos, pero también es cierto que quizás no le hiciera falta y que los propios incendios que ocurrían ya, sin su intervención, eran suficientes para tener a sus hombres ocupados y sus arcas cada vez más llenas.

Fuente: Ricos, de John Kampfner

Curistoria

Ver comentarios

  • Es curioso como coinciden a veces las lecturas. El pasaje que leí ayer de la novela Sangre Romana habla justamente de este modelo de negocio que invento Craso. Saludos.

  • Vaya historia. Debió ser esta la inspiración para ciertos países que van por alli sembrando bases militares cerca de los paises que luego incendian con guerras y bombas para al final "financiarles" la recontrucción, lo cual los deja arruinados por décadas.

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