Hace un año y medio les recomendaba el libro Pax Romana. Hoy vuelvo con el mismo autor, con el mismo tema, pero con otro periodo dentro de la historia del Imperio Romano. En concreto, con las décadas finales de la República. Les quiero hablar hoy de Rubicón, de Tom Holland (afiliado). Sí, es cierto que los he leído al revés, si tomamos la cronología de los hechos como directriz. Primero ocurrió lo que se cuenta en Rubicón y luego lo que se cuenta en Pax Romana. No tiene importancia el orden, son dos obras magníficas e independientes en su lectura.
Reviven aquí nombres que nos suenan a todos, lo que indica lo vivos que están en la historia. No sólo Julio César, sino también Cneo Pompeyo, Marco Antonio, Catón, Cicerón, Bruto, Sila, Mario, Octaviano… Quizá no reviven, porque nunca estuvieron muertos del todo. Pero a veces lo que tenemos en la cabeza no es del todo cierto por haberlo visto en series o películas que se deben a la narrativa y la ficción, y no tanto a la historia. Y conviene separar el trigo de la paja.
Es una época convulsa y llena de acontecimientos, la del último siglo romano antes de Cristo. Dura para los que la vivieron, seguramente, pero magnífica para los que disfrutamos al conocer esos hechos siglos después. Es la política y el acecho despiadado del poder lo que dirigió aquella Roma, y también lo que vertebra la narración de Rubicón. A los bordes de ese camino central el libro nos va explicando la religión y las creencias de los romanos, las tradiciones, cómo era la sociedad y su forma de pensar, el papel de algunas mujeres y de muchos personajes que hoy parecen secundarios. En definitiva, el camino está rodeado de un frondoso y atractivo campo.
Holland tiene una forma de escribir ágil y muy vistosa, recurriendo a expresiones populares y llamativas cuando es conveniente, exponiendo visiones propias y profundizando en aspectos serios y académicos cuando es necesario. Hay aspectos de lo que se narra que están en duda, como es lógico, y se advierte en el texto de ello. Por eso este texto es adecuado para cualquiera que desee acercarse a esta época, independientemente de sus conocimientos previos sobre Roma. O para volver a ella y hacer un repaso, por supuesto.
El ejemplar que he leído, por cierto, es la preciosa edición de conmemoración de los quince años de Ático de los Libros. Con los bordes de las páginas decorados en rojo con una columna romana, una espada y una corona de hojas. A los que nos gustan los libros, que además sean un objeto bonito es un punto extra de placer. Está traducido por Joan Eloi Roca, por cierto.
Les confieso que leyendo Rubicón me dieron ganas de volver a ver Roma, la serie de HBO. Y así lo he hecho. Aunque, como decía antes, la ficción está lejos de los hechos históricos en muchos aspectos, como debe ser. Este es otro elogio a Rubicón, que despierta las ganas de más sobre lo mismo.
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