Fraudes

Tchaikovski y su amor platónico nunca se hablaron cara a cara

Piotr Ilich Tchaikovski me parece un músico maravilloso, sin duda de mis favoritos, aunque reconozco que soy un ignorante en música clásica. Este ruso, nacido en 1840, tuvo una larga relación de amor con una millonaria rusa, aunque nunca tuvieron relación ya no carnal, sino física. De hecho, Tchaikovski y su amor platónico nunca se hablaron cara a cara, y eso que coincidieron varias veces a unos pocos metros de distancia.

Tchaikovski y su amor platónico nunca se hablaron cara a cara, pero las cartas de amor iban y venían constantemente

Tchaikovski estuvo casado, aunque tan sólo unas semanas, y luego casi parece que evitó a las mujeres el resto de su vida. Después de ese matrimonio comenzó la relación con Nadejda von Meck, que fue además su mecenas durante casi década y media. Ella lo admiraba, le daba dinero, le dejaba usar sus mansiones, siempre que ella no estuviera, y le pagaba viajes y estancias. Esto permitió al grandísimo compositor avanzar en la música hasta ser famoso y reconocido. Deberíamos todos darle las gracias a esa generosa dama por ello, ya que el resultado del trabajo del compositor es magnífico.

El autor, a cambio, le dedicó composiciones y la trató, epistolarmente, como a una amante. En las muchas cartas que intercambiaron se hablaban en esos términos, como amantes, pero nunca se encontraban físicamente. Es más, concertaban horarios para no coincidir cuando estaban cerca. Por ejemplo, cuando alguna vez Tchaikovski se alojaba en una casa de ella, le pedía que le avisara una vez que la hubiera abandonado, para evitar encontrarse.

Llegaron a estar bajo el mismo techo y cruzarse, pero no se pararon a hablar

El punto más abracadabrante de esta larga y extraña relación se produjo en 1878. Ella estaba en Florencia y convenció al compositor para que viajara hasta la ciudad italiana. Cada uno se alojó en una villa diferente, distanciadas entre sí por aproximadamente un kilómetro. Ambas, eso sí, pagadas con el dinero de ella. A pesar de estar así de cerca, siguieron sin juntarse ni hablarse cara a cara, aunque se enviaban cartas constantemente, hasta varias al día.

Incluso coincidieron en el mismo teatro en aquellos días en Florencia, y de nuevo se evitaron. Esto volvió a ocurrir en otra ocasión, en este caso en Brailov, Ucrania. Nadejda von Meck escribió entonces:

No deseo una relación personal entre nosotros, pero estar en su proximidad muda y pasiva, encontrarme bajo el mismo techo que usted, encontrarme con usted por el camino, como anteayer, no percibirle como un mito sino como una persona viva a la que tanto amo y de la que tanto bueno recibo: eso es para mí la mayor alegría.

Desde luego, es una historia asombrosa. Esta historia y alguna muestra de sus cartas está, por cierto, en el libro Cartas de amor de músicos, de Kurt Pahlen, del que les hablé hace unos años.

Curistoria

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