En 1932, en Alemania, el microbiólogo y sociólogo ruso Sergio Chakhotin y el economista Carlo Mierendorff crearon el símbolo de las Tres Flechas. Unían la política de masas con la ciencia, ya que pensaban que los argumentos largos y complejos debían complementarse con signos simples, repetibles y emocionales. Estos eran más efectivos y servían para anclar a las masas a unas determinadas ideas.
Chakhotin había trabajado con Iván Pávlov, el padre del condicionamiento clásico, y que todos conocemos por cómo los perros de sus estudios babeaban. Ya saben, Pávlov hacía sonar una campana al dar de comer a los animales de sus experimentos y más tarde, los perros, con solo oír la campana, comenzaban a salivar. Esto es el condicionamiento clásico y algo hay de esto en lo que buscaba Chakhotin con los símbolos.
Un signo, un dibujo, como una esvástica o las tres flechas, deberían llevar a las personas a pensar automáticamente en todo lo que había detrás, reforzando así sus creencias políticas. Es un elemento base de la propaganda política.
Los nacionalsocialistas alemanes, el partido de Hitler, lo habían hecho muy bien con sus banderas y brazaletes con la esvástica. Era hipnótica y atractiva para muchísimas personas en la Alemania de entreguerras, y elevaba su orgullo de pertenencia. Tratando de combatir el efecto de esa parte del espectro político, el ruso diseñó un contrapunto visual al extremismo del partido de Hitler.
Por supuesto, ese signo debería ser sencillo de dibujar, de identificar y a la vez estar cargado de significado. Así nacieron las tres flechas, que, apuntando hacia abajo en un ángulo cerrado, sugieren movimiento y ataque. Cada una de ellas identificaba o se dirigía hacia un enemigo distinto de la socialdemocracia y del movimiento obrero:
Es cierto que el tiempo ha hecho que esas tres flechas hayan ido cambiando de objetivo, pero esos eran los demonios originales.
Parece que la idea le llegó a Chakhotin al ver una esvástica en la ciudad alemana de Heidelberg tachada con tiza. Pensó que el emblema que diseñó, superpuesto sobre el símbolo nazi, siempre prevalecería visualmente y ese sentimiento fue definitivo para optar por esta idea.
Las Tres Flechas (Drei Pfeile en alemán) fueron adoptadas como símbolo oficial por el Partido Socialdemócrata de Alemania (Sozialdemokratische Partei Deutschlands o SPD) y por el Frente de Hierro. Este último era una organización paramilitar que en la República de Weimar luchaba contra los tres enemigos representados por las tres flechas. El SPD formaba parte de él, y su adversario natural era el Frente de Harzburg, integrado por el NSDAP nazi, entre otros.
En la actualidad parece que este símbolo se ha transformado en una seña únicamente antifascista, obviando que también el comunismo y los sectores reaccionarios de la sociedad estaban entre los enemigos de la socialdemocracia. Eso sí, en España este elemento ha tenido menos tirón que otros de aquellos tiempos, como el triángulo rojo de los presos políticos de los campos de concentración nazis.
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