El club de Pan Am para volar a la Luna

El club de Pan Am para volar a la Luna

El 20 de julio de 1969 el hombre llegó por primera vez a la Luna. Cinco años antes ya estaba Pan Am, la mítica aerolínea estadounidense, viendo la posibilidad de ofrecer vuelos hasta el satélite. El club de Pan Am para volar a la Luna tenía casi 100.000 socios aunque no se sabía cómo se iba a poder ir, ni cuándo.

El club de Pan Am para volar a la Luna era un lista de espera para vuelos tripulados espaciales

Todo comenzó en 1964, dice la leyenda, cuando un austríaco llamado Gerhard Pistor preguntó en una agencia de viajes si había vuelos a la Luna programados para el futuro cercano. Si podía elegir, quería volar con Pan Am. La agencia de viajes, vaya usted a saber por qué, hizo una solicitud a la aerolínea al respecto. Por si las moscas era posible. Por cierto, que la mosca fue el primer animal en ser enviado al espacio.

Aquella idea rodó por la Pan Am y llegó hasta la mesa de Juan Trippe, a la sazón, el mandamás de la empresa. Decidieron los directivos entonces lanzar una campaña a caballo entre el marketing y quién sabe si una posible venta real de billetes a la Luna. La idea era ofrecer vuelos espaciales tripulados, de ida y vuelta a la Luna. Insisto, faltaban 5 años para que la NASA enviara allá arriba a tres hombres, por lo que era impensable que los vuelos estándar llegaran pronto al satélite.

En realidad, no llegaron a abrirse solicitudes al público hasta 1968 por parte de Pan Am. Aunque comenzó tímidamente, poco a poco fueron creciendo las solicitudes para apuntarse al First Moon Flights Club, esto es, al Club de Primeros Vuelos a la Luna. Por supuesto, cuando fueron llegando misiones de la NASA y películas de ciencia ficción más realistas, la demanda aumentó. Y tanto lo hizo que el club rondaba los 93.000 socios cuando se cerró, lo que es impresionante si tenemos en cuenta que ofrecían algo que nadie sabía cuándo ni cómo se podría disfrutar.

Que en la mítica 2001 de Kubrick apareciera una nave con el logo de Pan Am fue un empujón para la idea

Uno de los espaldarazos llegó con la película de Kubrick 2001: Una odisea del espacio. En ella el Dr. Floyd viajaba hasta la Luna en un avión con el logo de Pan Am. Aquello llevó a muchos a pensar que el proyecto del viaje lunar iba en serio y la lista creció como un cohete (perdón por el chiste). La misión del Apolo V y del Apolo XI fueron otros momentos importantes en los que la demanda se disparó.

Cada miembro del club tenía su tarjeta numerada, como la que se ve en la imagen. En realidad, el club sólo era una lista de espera, porque Pan Am reconocía que no estaba resuelto cuánto costarían los viajes y por lo tanto aún no se atrevían a ponerle un precio al billete. Era una acción de marketing magnífica, pero nada más. En marzo de 1971 se dejaron de aceptar solicitudes. Ya tenían bastante, la verdad, con los 93.000 apuntados, con origen de decenas de países.

En 1991 la aerolínea se declaró en quiebra y el sueño de ir a la Luna en avión se evaporó para toda aquella gente, si es que alguno todavía tenía esperanzas.

Esta historia tiene ciertos paralelismos con lo que llevan unos años poniendo sobre la mesa las empresas actuales Virgin Galactic, SpaceX o Blue Origin. Pero si lo pensamos bien, aquellos que creyeron en la idea de Pan Am habían vivido la conquista del transporte y la popularización de la aviación comercial, y habían visto por televisión cómo Armstrong pisaba la Luna. No era descabellado pensar que no estaba tan lejos volar hasta allí.

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