Los veterinarios podían recetar cerveza a sus pacientes

Los veterinarios podían recetar cerveza a sus pacientes

Cuando hace unos días les hablaba del libro El último trago, de Daniel Okrent, les decía que era la Ley Seca fue un gran experimento social. Hay ejemplos y lecciones de todo tipo, y hoy vuelvo al tema para hablar de un caso de esos clásicos de hecha la ley, hecha la trampa. La bebida estaba, y está, tan intrincada en las vidas y costumbres, que tuvieron que marcarse algunas excepciones para poder despachar y servir bebidas. Los médicos podían recomendar alcohol e incluso los veterinarios podían recetar cerveza a sus pacientes.

Los veterinarios podían recetar cerveza a sus pacientes, o cualquier bebida alcohólica, durante la Ley Seca

Fueron varios los permisos especiales para poder conseguir alcohol. Por ejemplo, los relacionados con los actos religiosos o el permiso que existía para producir sidra casera y que disfrutaban los granjeros. También es muy conocido que los médicos podían recetar bebidas. En el conocido pasodoble En tierra extraña, compuesto en 1927 por Manuel Penella para Concha Piquer, tenemos un caso de bebida medicinal. Cuenta en la canción la gran Piquer una fiesta de Nochebuena en Nueva York donde reunió a cenar a unos cuantos españoles durante la Ley Seca. Un fragmento de la letra dice:

Y en la reunión, toda de españoles,
entre vivas y entre olés por España se brindó.
Pues aunque allí no beben por la ley seca,
y sólo al que está enfermo despachan vino,
yo pagué a precio de oro una receta
y compré en la farmacia vino español, vino español, vino español.

El vino de nuestra tierra
bebimos en tierra extraña,
¡qué bien que sabe ese vino!
cuando se bebe lejos de España.
Por ella brindamos todos
y fue el fin de aquella cena
la Nochebuena más buena
que soñar pudo un español.

Por cierto, que Concha Piquer, salvo que algo haya cambiado desde 2010 y se haya descubierto alguna grabación nueva, inauguró el cine sonoro en español precisamente en Nueva York en 1923.

Cada médico podía emitir 100 recetas de bebida al mes

Volviendo a la Ley Seca, algunos médicos cayeron en la tentación de vender su privilegio para recetar alcohol haciendo recetas falsas. Mejor dicho, recetas verdaderas para enfermos falsos. Los médicos tenían unos formularios proporcionados por el gobierno para poder recetar alcohol, con páginas numeradas y podían emitir 100 recetas de bebida al mes.

Esta situación provocaba un máximo en la capacidad del sistema sanitario para prescribir bebidas: 100 recetas al mes por médico. La Ley Seca demostró lo fuerte que es otra ley, la ley de la oferta y la demanda. Sabemos que si hay mucha demanda y una oferta limitada, el precio sube. Y como los médicos tenían limitado el número de recetas de bebida, los médicos cobraban un extra por su firma en estos casos. Como decía la Piquer, se pagaba a precio de oro en no pocas ocasiones.

Los dentistas también podían recetar bebidas, lo que quizá tenga un pase. Por aquello de desinfectar o enjuagarse la boca con licor por algún beneficio que desconozco. A lo que no acabo de verle un pase es al caso de los veterinarios.

Porque también los veterinarios podían recetar alcohol a sus pacientes. Como decía, cerveza o cualquier tipo de licor. Aunque seguramente acabaran esas medicinas en la boca de los dueños de sus pacientes, me malicio yo. Pero como dice Okrent en el libro, quizás a algún animal le venía bien un trago de Four Roses por alguna razón que no somos capaces de comprender hoy, pero que los veterinarios estadounidenses de los años 20 tenían muy clara.

Durante la pandemia para muchos su perro se convirtió de verdad en su mejor amigo porque le permitía salir a la calle. Supongo que en aquellos años 20 de restricción alcohólica en Estados Unidos muchos abrazaban a su perro o gato cuando llegaba ese momento de la borrachera de exaltación de la amistad. Ya me entienden.

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