La brigada de los bastardos, de Sam Kean

La brigada de los bastardos, de Sam Kean

En algunas de las últimas entradas del blog (como en la de que El mundo y la historia son un pañuelo) ya les he hablado del libro La brigada de los bastardos, de Sam Kean. Es un trabajo apasionante sobre las acciones de los aliados para intentar detener cualquier tema relacionado con que la Alemania nazi pudiera tener bombas atómicas o bombas sucias. Hoy sabemos que los alemanes en realidad no llegaron muy lejos y que ni se acercaron a lo conseguido en el proyecto Manhattan. Pero eso es hoy, entre 1939 y 1945 conocer los detalles de lo que sabían o podían hacer los alemanes y evitar sus avances era algo urgente y prioritario para los aliados.

La brigada de los bastardos, de Sam Kean, a caballo entre la historia de la ciencia y la historia bélica, el libro es absorbente

A caballo entre la historia de la ciencia y la historia bélica, el libro es absorbente. En una primera parte, antes de la guerra, lo principal es la historia de cómo se va descubriendo qué se podía hacer con la radiactividad, los átomos, su ruptura… y aquí Sean (perdón, Sam Kean) habla de la carrera por los descubrimientos y la lucha por el prestigio científico. Los protagonistas son nombres tan conocidos como Bohr, Heisenberg, Frédéric e Irene Joliot-Curie, Enrico Fermi, Kurt Diebner, Lise Meitner, Otto Hahn… Tan sólo esta historia merecería ya leer el libro, porque está magníficamente contada, aunando la visión humana de los personajes y sus amistados y odios, con el avance científico.

Kean, que tiene formación en física, explica perfectamente el ritmo de los descubrimientos y qué significa cada uno de ellos, qué puerta abre. No en vano, es un gran divulgador científico. Además, como decía, está la competición por ser el primero en aportar una nueva idea, una nueva explicación. Esto acaba entretejiéndose con la guerra a medida que pasa el tiempo y las páginas. Llega la marcha de muchos científicos de Europa a Estados Unidos huyendo de la persecución nazi, la ruptura de amistades y la participación, directa o indirecta, de unos y otros en temas ya puramente bélicos.

A mí siempre me ha interesado más cualquier otro aspecto de la Segunda Guerra Mundial que los propios combates y las armas. Las acciones militares, los movimientos de tropas, las batallas, la potencia de fuego… me parecen menos atractivas que las historias sobre espías, ciencia, diplomacia, operaciones especiales o, como podríamos llamarla, la trastienda de la guerra. Y de eso trata este libro.

Los científicos aliados estaban convencidos de que el nivel de los científicos alemanes y sus recursos, les permitiría tener la bomba en no mucho tiempo

La segunda parte del texto, ya con la guerra en marcha, narra las acciones y preocupaciones de los aliados por conocer y detener todo lo relacionado con la posibles bombas nucleares alemanas. Los científicos aliados estaban convencidos de que el nivel de los científicos alemanes y sus recursos, les permitiría tener la bomba en no mucho tiempo. Esto tuvo dos consecuencias. En primer lugar, que el proyecto Manhattan cobrara la máxima importancia. En segundo, que se pusieran en marcha todo tipo de misiones para ralentizar a los nazis.

En esa parte de la narración tenemos una mezcla de espías, soldados y científicos, que son otro grupo de personajes alucinantes. Moe Berg, una estrella del béisbol que pasó a ser espía. Samuel Goudsmit, un físico holandés que se vio obligado a andar en primera línea. Boris Pash, un coronel estadounidense de origen ruso que dirigió la misión Alsos, cuyo objetivo era capturar a los principales científicos del programa de la bomba atómica nazi. El propio Joe Kennedy Jr., del que hemos hablado últimamente.

Todos estos hombres, y otros, estuvieron en Europa buscando a Heisenberg y a otros, intentando descubrir los recursos que tenían los nazis, llevando a cabo sabotajes o acciones de comando míticas, como los ataques a la planta de agua pesada de Vemork, en Noruega.

Como decía, hoy sabemos que el Club del Uranio alemán no permitió a Hitler disponer de bombas atómicas. Ni siquiera de bombas sucias. En plena guerra se daba por hecho lo contrario y eso llevó a los aliados a la urgencia por parar o entorpecer, al menos, a los científicos alemanes. Este libro narra esa historia y lo hace de manera magistral. No duden en leerlo, tiene buenos personajes, buena trama y buena narración. Y eso que no es una novela, es un ensayo, así que además conocerán una parte apasionante de la historia de la ciencia y de la Segunda Guerra Mundial.

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