El sacerdote que tradujo la Biblia para popularizarla y fue quemado por la Iglesia

El sacerdote que tradujo la Biblia para popularizarla y fue quemado por la Iglesia

William Tyndale fue un inglés nacido entre 1490 y 1494 y que no tuvo mejor idea que traducir la Biblia al inglés. Quería popularizar la palabra de Dios, pero los que se decían representantes de Dios en la tierra no estaban de acuerdo. Tyndale, el sacerdote que tradujo la Biblia para popularizarla y fue quemado por la Iglesia, fue una víctima de su tiempo.

El sacerdote que tradujo la Biblia para popularizarla y fue quemado por la Iglesia, vivió años huyendo y ocultándose, acusado de hereje

Tyndale era un hombre formado, religioso, y conocía bien el latín y el griego. Es más, también hablaba francés, alemán, español, italiano y hebreo. Por lo tanto, él era capaz de leer sin problemas la Biblia que circulaba entonces, pero no así muchos de sus compatriotas.

En 1521 se había mudado a Londres y era sacerdote católico. Aún faltaban unos 3 años para que su rey, Enrique VIII, decidiera romper con Roma y lanzar su propio camino religioso. Por entonces Tyndale ya había decidido traducir la Biblia al inglés con el objetivo de publicarla en ese idioma y que fuera accesible a más gente. Esto iba en contra de la doctrina católica y comenzó a tener problemas y a ser perseguido desde el primer momento. Sin ir más lejos, se le negaron directamente permisos para llevar a cabo su intención y trabajar en la traducción.

Supongo que como a pesar de todo Tyndale tenía poco espíritu de mártir, decidió coger las de Villadiego camino de Alemania para seguir con su idea. Allí estaba Martín Lutero, que había hecho lo propio con la Biblia y el alemán. En Alemania concluyó su trabajo de traducción del Nuevo Testamento y por fin su Biblia en inglés llegó a la imprenta, concretamente en la ciudad de Colonia.

Las primeras impresiones se hicieron en 1525 y unos meses después algunas copias de la Biblia de Tyndale fueron enviadas a Inglaterra. Esto hizo que fuera acusado de herejía. Los libros viajaban, lógicamente, de manera clandestina, ocultos en cajas y barriles, por ejemplo. Algunos incluso fueron comprados por la propia Iglesia para quemarlos al momento. Ser hereje, en aquel tiempo, significaba problemas serios para cualquiera y por eso Tyndale estuvo huyendo durante unos años, viajando y ocultándose de las manos católicas.

La religión dirigía la vida de todos, pero sólo unos pocos podían leer e interpretar los textos sagrados

En 1534, con Enrique VIII ya enemistado con Roma, Tyndale pensó que su situación estaba algo mejor y viajó a Amberes. Se equivocaba y en 1535 fue traicionado. Acudió a una cena a la que había sido invitado y al salir lo estaban esperando y lo apresaron. Fue encarcelado y comenzó a pagar su desafío a la Iglesia.

Estaba entonces liado con la traducción del Antiguo Testamento, que no llegaría a concluir. Después de las torturas y del encarcelamiento habituales para este tipo de delitos, llegó la condena, que fue a muerte. En 1536 fue quemado en la hoguera, pero como detalle, lo estrangularon antes de prenderle fuego, para que no sufriera.

En 1539 se autorizó por fin que una versión en inglés de la Biblia circulara sin problemas, e incluso se leía en voz alta en algunos oficios religiosos. Esta Biblia, conocida como la Gran Biblia de Enrique VIII, usó la traducción de Tyndale como base. Entonces sí que llegó el Imprimatur, nihil obstat e imprimi potest, y el permiso para imprimir libros.

La Iglesia estaba molesta con Tyndale por varios motivos. Por una parte porque había tomado algunas decisiones en su traducción que no gustaron. Pero, quizás, la causa más importante era que popularizar la Biblia publicándola en inglés popular, hacía que su control y estudio saliera del ámbito de los eruditos que podían leerla en latín.

Esto hacía que la Iglesia perdiera el control sobre la interpretación de las Sagradas Escrituras y eso no le gustaba demasiado. La gente no sabía realmente lo que decía la Biblia, mientras que vivían en una sociedad controlada por la religión. Por lo tanto, lo que dirigía sus vidas sólo les llegaba a través de intermediaros, que no eran otros que los religiosos.

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