Un espía impecable, de Owen Matthews, un libro sobre Richard Sorge

Un espía impecable, de Owen Matthews, un libro sobre Richard Sorge, uno de los mejores espías de la historia

Siempre me ha fascinado la capacidad de algunos personajes históricos para llevar su vida mucho más allá de lo habitual. Yo suelo vestir traje y corbata, trabajo sentado, respeto los límites de velocidad cuando conduzco y no recuerdo haberme peleado a golpes con nadie en mi vida. Por eso cuando comprendo la vida que llevaron personajes como Richard Sorge, me quedo asombrado con su audacia. Por eso les recomiendo el libro Un espía impecable, de Owen Matthews, que trata precisamente sobre la vida de Richard Sorge, como dice el subtítulo, un maestro de espías.

Un espía impecable, de Owen Matthews, un libro sobre Richard Sorge, uno de los mejores espías de la historia

Entre el grupo de los mejores espías del siglo XX, hay varios nombres que destacan por su influencia, por su historia o por su capacidad para ser una pieza pequeña que cambia gran parte del puzzle. Y en ese selecto grupo siempre he tenido debilidad por Kim Philby y por Richard Sorge. Precisamente sobre este último se acaba de publicar una detalladísima y documentada biografía escrita por Owen Matthews. Un sorprendente texto, llegando más allá de lo que uno podría esperar, sobre cómo Sorge creó su red de espías, quiénes eran sus contactos, su penurias y luchas con sus jefes y con la estructura soviética, y, en definitiva, el día a día de uno de los mejores espías de la historia.

Lo que hoy es Historia era un río en el que él mismo, Sorge, estaba nadando. Leyéndolo con las perspectiva del tiempo, su información y su actividad como espía es aún más valiosa. Es una pena, o no, que en el mundo de los espías uno deba sospechar hasta de los suyos (recuerden la historia de la espía castrista a la que EEUU pagó un año sabático en Cuba), y por eso los informes de Sorge no tuvieron mayor peso en el momento en que la historia estaba ocurriendo.

Por las características del caso, Sorge escribió su vida, así como algunos de sus colaboradores. Se ha escrito mucho sobre é, pero además Matthews ha profundizado en esta historia usando los archivos rusos para completar así el relato de la vida del espía. Y lo hace con honestidad, estableciendo el límite entre los que se sabe, lo que parece que fue de un determinado modo y lo que no se conoce con certeza real alguna.

Sorge estaba a un grado de separación del gobierno alemán y del japonés, y su información iba directamente a Rusia

Para quienes no conozcan la historia de Richard Sorge, fue un alemán, aunque de madre rusa y nacido en Rusia, que llevado por su comunismo trabajó como espía para los soviéticos. Es una historia que se repite, esa de los ciudadanos de un país que espiaron para Rusia llevados por su ideología comunista. Sorge trabajó en oriente durante décadas, primero en China y luego en Japón, y llegó a lo más alto en este segundo lugar, recibiendo de un modo u otro información tanto de Japón como de Alemania.

Su nacionalidad le permitió penetrar en la embajada alemana en Tokio hasta lo más alto y manejar información de máximo secreto. Sus colaboradores le daban ese mismo nivel de acceso a los altos mandos japoneses. En resumen, durante gran parte de los años 30 y parte de la Segunda Guerra Mundial, estaba a un grado de separación de separación de Hitler, ya que Eugen Ott, el embajador alemán en Japón, solía hablar con el líder nazi. Por el lado japonés, Ozaki, que pertenecía a la red que había creado Sorge, también hablaba a menudo con el primer ministro japonés, el príncipe Konoe.

Sorge era un idealista político, que se peleó en las calles, antes de convertirse en espía, que agitó a las masas y cuyo trabajo como corresponsal, que era una tapadera, funcionaba muy bien. Fue mujeriego, bebedor, mentiroso (cómo no), loco, paranoico… y aún así, consiguió destacar como espía y ser eficaz hasta un punto que sigue sorprendiendo.

No sólo tenemos a Sorge en este libro, también está cómo funcionaba el espionaje y diplomacia en Rusia, Japón y Alemania

Tan interesante casi como el propio espionaje en Japón, es su relación con los jefes del espionaje ruso, que sospechaban de todo y también de sí mismos. Vivió Sorge una época de purgas constantes y salvó la vida, seguramente, por su desconfianza de todo, hasta de los propios rusos. Sin dejar de lado que pasaba el tiempo entre mujeres, tapaderas, mintiendo y corriendo riesgos que a otros les pararían el corazón.

Tenemos aquí un caso real de ese juego de los espías que hemos disfrutado en tantas novelas y películas. Además, en unos años apasionantes y revueltos, con la Segunda Guerra Mundial de por medio y con Rusia devorándose a sí misma a la vez que se regeneraba una y otra vez tras ello. No son pocos los que dicen que Sorge es el mejor espía de todos los tiempos, aunque no salió con vida de la Segunda Guerra Mundial. En 1964, eso sí, fue reconocido póstumamente como Héroe de la Unión Soviética.

Es este un libro apasionante, denso en contenido y muy entretenido, que merece una lectura calmada. Como es habitual en la editorial Crítica, con calidad en el propio libro como objeto. De esos que hace biblioteca, tanto por el continente como por el contenido. Abre además las ganas de volver a leer sobre esos tipos que protagonizaron la historia pero no lo hicieron a cara descubierta, lo que añade, en mi opinión, un atractivo especial.

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