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En Inglaterra en el siglo XVI tener los dientes negros era símbolo de estatus

En la actualidad parece que son las estrellas de cine, los músicos y algunos famosos, lo que marcan las guías estéticas a seguir. No es de extrañar, por lo tanto, que en otro tiempo fueran los reyes los que marcaban la moda, los peinados y los maquillajes. Ya sabrán que durante siglos la piel blanca era algo adorado, incluso el maquillaje buscaba una piel lo más blanca posible. Era algo accesible a pocos, esa piel blanca. Pero hay casos más sorprendentes. En Inglaterra en el siglo XVI tener los dientes negros era símbolo de estatus.

El motivo para la búsqueda de la piel clara es que era un indicador de la clase social. Los que trabajaban en el campo, al sol, tenían la piel tostada precisamente por esa exposición al sol. Los nobles y los burgueses adinerados, vivían en la sombra, huían del sol y por eso su piel era blanca. En consecuencia, el color de la piel indicaba la riqueza de cada uno.

La piel blanca era lo deseado hasta que Coco Chanel se bronceó navegando en el Mediterráneo

Esta costumbre estaba tan metida en la cultura popular que tardó tiempo en deshacerse. Todo cambió en los años 20, cuando Coco Chanel se bronceó al pasar unos días navegando por el Mediterráneo. Desembarcó en Cannes y su tono de piel, tostado por el sol que había tomado en el mar, se hicieron populares y poco a poco esa costumbre se hizo popular.

Ahora el bronceado en cierta medida mostraba el estatus social, porque a menudo indicaba que uno podía viajar y estar de vacaciones en la costa, al sol. En unos países, lógicamente, esto era más indicativo que en otros. En la costa mediterránea española, por ejemplo, uno puede tomar el sol en la puerta de su casa. Sin más. En algunos lugares de Inglaterra uno no puede brocearse a menos que viaje a otros sitios a hacerlo y, por lo tanto, tenga vacaciones y dinero para permitírselo. Quizás esta fuera una más de las razones del Gran Tour, los viajes educativos de los jóvenes ingleses.

Pero no es este el único caso en el que algo secundario marca el estatus, como es lógico. Formas de vestir estrambóticas, peinados, colores en la ropa… siempre ha habido alguien que ha marcado la tendencia para indicar el poder económico de alguna forma. Pero hay un caso que indica lo absurdo y desconcertante de este tipo de modas. La afición al azúcar de Isabel I de Inglaterra acarreó una costumbre que hoy nos parece sumamente desagradable.

En Inglaterra en el siglo XVI tener los dientes negros era símbolo de estatus

En aquellos tiempos, en el siglo XVI, el azúcar era algo muy valioso. Se solía guardar bajo llave en las cocinas y, por supuesto, sólo estaba disponible para los acaudalados. La reina podía tener cuanto quisiera, como es lógico, pero lo cierto es que consumía más azúcar del recomendable. Esto tuvo varias consecuencias, entre las que estaba una dentadura negra y desastrosa. Ya saben lo que se le ha dicho siempre a los niños con los caramelos y los dientes.

Como ya habrán hilado, esa mala dentadura, negra y con piezas faltantes, como la de la reina, indicaba que uno consumía mucho azúcar, esto es, comía pasteles, dulces, tartas… Y como el azúcar era caro, tener los dientes negros y podridos a causa del azúcar se convirtió en un símbolo de estatus. En una muestra de riqueza. Era un lujo poder destrozarse la dentadura a base de dulces.

Varios testimonios de la época nos hablan de la mala dentadura de Isabel I de Inglaterra. Por ejemplo, el embajador de Francia decía que su cara estaba muy avejentada, larga y fina, y sus dientes son muy amarillos y desiguales. Un viajero alemán llegó a escribir sobre la causa de su mala dentadura: […] sus dientes son negros, un defecto que los ingleses parecen sufrir por culpa del abuso del azúcar.

Es más, según parece, en una extraña carambola, se creía que el azúcar era tan recomendable que hasta se frotaban o lavaban los dientes con él.

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