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Florence Nightingale, la estadística y la enfermería

Tenía el nombre de Florence Nightingale apuntado para escribir una curistoria sobre ella y la estadística desde que escuché hace un tiempo el programa que le dedicaron en Documentos RNE. Hoy es día de la enfermería precisamente por ser el aniversario de su nacimiento, que fue el 12 de mayo de 1820. Así que nunca mejor oportunidad para cumplir con ella. Como adivinarán, fue enfermera y hay mucho que destacar en su vida, como su valentía e inteligencia. Pero de entre todo ello yo quiero escribir sobre la relación entre Florence Nightingale, la estadística y la enfermería.

En un hospital militar comprobó que morían más soldados por infección que por las heridas de combate

En estos tiempos de pandemia todos tenemos claro que el estudio de los datos y el empleo de la estadística es un camino insustituible para comprender qué está ocurriendo. Pero no siempre fue así. En el siglo XIX, cuando Nightingale vivió, no estaban tan relacionados estos mundos, aunque ya había pasos dados. Afortunadamente nuestra protagonista se formó en matemáticas, e incluso trabajó como profesora de esta disciplina, lo que le ayudaría más tarde.

Durante la Guerra de Crimea, trabajó como enfermera en un hospital militar. Se dio cuenta de que gran parte de los soldados que morían en el hospital no lo hacían por las propias heridas del combate, sino que lo hacían por las infecciones, una vez que estaban en el hospital. ¿He dicho gran parte? Para cualquier aficionado a los números y la estadística esas expresiones como gran parte, muchos o algunos, son un demonio. También lo eran para Nightingale.

Cuando volvió a Inglaterra comenzó a investigar con detalle aquello que le había llamado la atención mientras trataba a los soldados. Su teoría era que las malas condiciones sanitarias en los hospitales eran tan letales que el propio combate. Si conseguía demostrarlo, podría obligar a las autoridades a afrontar la situación y cambiar cosas. La mejor forma de hacerlo era poner los datos al descubierto. Ahí está la razón que une a Florence Nightingale, la estadística y la enfermería.

Nightingale fue una pionera, también, de la visualización de datos

Para hacerse escuchar, no sólo recopiló datos y los analizó, sino que incluso creó nuevas formas de comunicarlos para que todo quedara perfectamente claro. Sus diagramas son un clásico en el mundo de la visualización de datos, campo en el que también podemos considerarla pionera. Tanto es así que hay un diagrama que se conoce con su nombre: el diagrama de área polar o la rosa de Nightingale.

Expuso su trabajo estadístico con rigor a políticos y a medios hasta que consiguió su objetivo. Dejó patente que el ejército no cuidada de sus soldados en los hospitales y que allí donde debían sanarlos, muchas veces era donde más morían. Su forma de explicarlo, los datos y los gráficos, fueron clave para demostrar que la falta de higiene, procedimientos y precauciones, eran letales.

La enfermería cambió a partir de ella, en muchos sentidos

Nightingale se convirtió en alguien muy popular. Fue la primera mujer en la Royal Statistical Society y también fue miembro de honor de la American Statistical Association. Pero esto no es ni de lejos tan importante como el cambio que impulsó. Gracias a ella los hospitales se hicieron más seguros y, en definitiva, mejores. Quién sabe cuántas vidas se han salvado gracias a ella.

Además, los testimonios hablan de que se preocupaba también de la parte humana. Hablaba con los enfermos, les ayudaba con la correspondencia, les consolaba…

Tras ella la enfermería dejó de ser algo secundario para convertirse en un elemento esencial en la salud. La higiene, la formación y conocer bien las consecuencias de cada detalle se hicieron elementos propios del oficio. Algo que cambió entonces y que sigue hoy vigente.

Hay que reconocer el valor de los pioneros, y más en medicina. Del primero que propuso curar una enfermedad con otra enfermedad; de gente como Alexander Bogdánov, un pionero en las transfusiones de sangre o Paul Ehrlich, el padre de la quimioterapia, que falló 605 veces antes de acertar.

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