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Un espía en Moscú, de James Crossland

Solo con una de las vidas de Robert Bruce Lockhart uno ya podría darse por satisfecho en cuanto a aventuras. Ya tendría unas buenas historias que contar en las sobremesas de los eventos familiares e incluso podría asombrar a un entrevistador o dar pie a una buena biografía. Lockhart no tuvo una vida, sino que amontonó varias, entremezcladas en muchos casos, y además en primera línea de algunos de los acontecimientos más relevantes de la primera parte del siglo XX en Europa.

Sir Robert Bruce Lockhart nació en Escocia en 1887. Su familia era adinerada y tras formarse comenzó ocupándose de parte de los negocios familiares en Malasia. Allí se enamoró de quien menos debía, una princesa local, enfermó y volvió a Occidente. Poco después comenzó su carrera diplomática en Rusia, en los años previos a la Revolución, y posteriormente pasó a ser un agente, ya en la época en la que Lenin peleaba por consolidarse. Baste decir que dio nombre a una importante conspiración en aquellos años, cuyo objetivo era acabar con el joven gobierno bolchevique.

Tras pasar por las temibles cárceles rusas y salvarse gracias a un canje de espías entre gobiernos, volvió a Reino Unido. Los años de entreguerras le dieron las vidas de un hombre de negocios, de un influyente periodista, de un escritor de éxito y, de nuevo, de un hombre al servicio de la diplomacia de su país. En este periodo alguno de sus libros, y por lo tanto su vida, protagonizó películas de Hollywood, lo que nos da una idea de su fama. El protagonista fue interpretado por Leslie Howard, lo que nos da una idea de la relevancia.

Un espía en Moscú, de James Crossland, va de la Revolución Rusa a la Segunda Guerra Mundial y a otros mil sitios gracias a un solo hombre

No conforme el destino con haberlo hecho un superventas literario y una celebridad, ya que sus obras eran en gran medida autobiográficas, la Segunda Guerra Mundial le colocó al frente del Political Warfare Executive. Es decir, dirigió el servicio de propaganda y desinformación de los británicos, que se ocupaba de picotear la moral del Tercer Reich, fomentando la resistencia y la desconfianza de los mensajes oficiales alemanes. Su nombre aparecía en la lista nazi de personas con las que acabar tan pronto como Alemania invadiera Inglaterra.

A esto añadan mucha bebida, algunas mujeres y una vida desordenada. También las mejores relaciones sociales en las altas esferas del gobierno de Londres. Así hasta 1970, cuando falleció. Una biografía asombrosa. Varias vidas en una sola, como decía al comienzo.

Todo esto, con detalle y rigor, lo cuenta James Crossland en el libro Un espía en Moscú, que se ha publicado recientemente en España. Una biografía que permite, de una vez, asomarse a la Rusia revolucionaria, a la resistencia contra los alemanes en varios países, a la literatura, al periodismo, a la política, a la Segunda Guerra Mundial… Y todo gracias a un tipo que podía haberse conformado con una vida cómoda gracias a los negocios familiares, pero que optó por otros caminos. Seguro que más interesantes, pero también plagados de espinas, sombras y repechos complicados.

Crossland, el autor de la obra, es catedrático de Historia Internacional en la Universidad John Moores de Liverpool, además de escritor. Ha dedicado una década a investigar sobre Lockhart y en este Un espía en Moscú tenemos el resultado. Por cierto, publicado por Crítica y traducido por Héctor Piquer Minguijón.

Manuel J. Prieto

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