A finales de 1939, el médico del rey de Inglaterra escribió un artículo en el British Medical Journal en el que decía que la Luftwaffe fue capaz de matar a 600 ciudadanos británicos en un mes sin necesidad siquiera de despegar. Era la consecuencia más inesperada de los apagones en Reino Unido cuyo objetivo era que los bombarderos alemanes no vieran las ciudades desde el cielo, cuando volaban de noche.
El famoso Blitz de los alemanes contra los británicos comenzó en 1940, pero esos bombardeos nazis contra objetivos al otro lado del Canal de la Mancha ya habían sido previstos por el gobierno de Londres. De hecho, ya en julio de 1939, antes incluso de la propia guerra, existían documentos que proponían el apagado de las luces de las ciudades como medida contra los ataques nocturnos. El 1 de septiembre de ese año, cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, ese sencillo plan de defensa se convirtió en realidad.
Todas las ventanas y puertas acristaladas debían ser cubiertas por la noche con algún material que no dejara ver la luz interior. Cortinas opacas, tableros o cartones fueron las soluciones más habituales. Las farolas de las calles, cualquier aviso luminoso o las luces de los coches también debían ser ocultadas en la medida de lo posible. Hubo hasta quien fue multado por usar una cerilla en una cabina para ver los números al marcar. En el caso de los vehículos, se cubrían los faros de tal forma que la luz alumbrara únicamente hacia abajo, al trozo de carretera más cercano al automóvil. Aquí vino el desastre.
En el primer mes de aplicación de la norma, conocida popularmente como Blackout, las muertes por accidentes de tráfico o atropellos se duplicaron frente al año anterior. Pasaron de 554 en septiembre de 1938 y 617 en agosto de 1939, a 1.130 en septiembre. La situación siguió acumulando accidentes y fallecidos, y en 1940 los fallecidos ascendieron a casi 9.200. Los peatones fueron especialmente castigados por esta situación. Los coches no los veían, ni ellos veían a los coches. Como bien apuntaba Wilfred Trotter, el médico del rey Jorge VI, el miedo a los aviones alemanes mataba gente, incluso cuando no había bombardeos.
Para tratar de controlar el problema, se pintaron las líneas blancas que separaban los carriles en las carreteras, así como los bordillos de las aceras e incluso se marcaron también de blanco algunos árboles. Las líneas divisorias de carriles en las carreteras ya existían y se usaban desde las décadas de 1910 y 1920, así que no era algo nuevo, pero sí se generalizó. También se limitó la velocidad máxima por la noche a 20 millas por hora, unos 32 km/h.
Para ser justos, estamos hablando de la gente que murió por el Blackout, pero no podemos olvidar que seguramente aquella medida salvó vidas al complicarle la vida a los pilotos de bombardero alemanes.
Esto me recuerda al efecto cobra, la Gran Caza de Ratas de Hanoi y los incentivos perversos.
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La pregunta que me surge es si hubo compensaciones o se les consideró victimas de la guerra igual que al que le caía una bomb a encima. Y a saber como lo veían las compañías de seguros de vida y demás.
Que a un viudo o una huérfana le importa poco como le han matado a su familiar.
Pues no sabría decirte a ciencia cierta, pero me temo que el viaje debe ser largo para justificar como víctima de guerra a un civil atropellado.
Supongo que si eso fuera aceptado, habría mil casos más por falta de médicos (que estaban en el frente), por falta de suministros (por el bloqueo naval)...
Saludos.