La conjura de los necios, el libro de John Kennedy Toole, es un ejemplo de lo que se conoce como long seller. Es decir, no es que fuera tan solo un éxito de ventas puntual o durante un tiempo determinado, sino que se ha convertido en uno de esos libros que, año tras año, sigue vendiéndose bien. Sigue reimprimiéndose y no es complicado encontrarlo en cualquier librería a pesar de tener ya 45 años de vida. Sabiendo esto todavía tiene más interés la impresionante historia previa a la publicación póstuma del texto.
Todo comenzó en 1961, cuando J. K. Toole fue destinado a Puerto Rico por el ejército estadounidense como profesor de inglés. En sus ratos libres arrancó la escritura de una novela. En 1964 envió el manuscrito a la editorial Simon & Schuster en Nueva York, y fue a parar a la mesa del editor Robert Gottlieb. La correspondencia entre ellos es toda una historia.
Gottlieb vio calidad y potencial en la escritura de Toole, pero le contestó que echaba de menos un propósito en la narración, un hilo conductor que diera sentido a la novela. Con esta respuesta se inició un intercambio epistolar sorprendente. Aquella primera carta del editor hablaba de un ejercicio brillante de invención, que en realidad no trataba de nada, y alentaba al autor a revisar su texto.
Durante meses y meses las cartas entre Toole y Gottlieb fueron y vinieron de uno a otro. El escritor trabajó duro para tratar de ajustar su visión con las propuestas del hombre de Simon & Schuster. A pesar de ello, no conseguían llegar al punto exacto en el que ambos se sintieran satisfechos con el resultado y esto consumía el ánimo de Toole. Tras dos años de idas y venidas postales, la colaboración en torno a La conjura de los necios (afiliado) llegó a un punto muerto y Toole se rindió. Había suplicado, buscado caminos, trabajado a fondo, pero no consiguió que el libro fuera publicado. Se rindió del todo.
El 26 de marzo de 1969, a los 31 años, conectó una manguera desde el tubo de escape de su coche hasta la ventanilla del conductor. Se sentó al volante, arrancó el motor y esperó a que el monóxido de carbono provocara su muerte. Aquí acabó su vida, pero no la historia de su libro.
Toda la correspondencia entre Toole y Gottlieb se conserva en la Universidad de Tulane, en Luisiana, gracias a que la madre del escritor la guardó. Ella, Thelma Toole, persistió en el empeño de su hijo una vez que este había fallecido. En 1976 convenció al novelista Walker Percy,, de que leyera el manuscrito de La conjura de los necios y entre los dos consiguieron que se acabara publicando. El sueño de J. K. Toole se cumplió póstumamente en 1980, de la mano de una pequeña editorial de la Universidad Estatal de Luisiana, que lanzó 2.500 ejemplares como primera edición. Al año siguiente el libro ganó el Pulitzer y desde entonces hasta nuestros días no ha parado de venderse y leerse.
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