Franklin D. Roosevelt fue elegido presidente de Estados Unidos el 4 de marzo de 1933. El 12 de abril de 1945, cuando falleció, seguía en el cargo. Truman, que era su vicepresidente desde 82 días antes, ocupó su lugar. Eran los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial e información secreta y decisiones importantes esperaban al nuevo presidente.
Roosevelt conocía los detalles del proyecto Manhattan, como es lógico. Pero toda aquella enorme aventura para crear la bomba atómica se mantenía en el más estricto secreto, dentro de lo posible, lo que era complicado sabiendo la cantidad de gente que estaba involucrada. Ese secreto alcanzaba también a Truman, que no estaba informado.
Mucho antes, en marzo de 1941, Truman se había puesto al frente del Comité Especial del Senado para Investigar el Programa de Defensa Nacional, más conocido por el breve nombre de Comité Truman. El objetivo de esta comisión era detectar y corregir el despilfarro y la especulación relacionados con la industria bélica estadounidense. Hay que recordar que en esas fechas el país todavía estaba fuera de la guerra. El ataque a Pearl Harbor fue el 7 de diciembre de ese año. El comité continuaría hasta 1948, pero en agosto de 1944 Truman lo abandonó para centrarse en las elecciones.
El Comité Truman preguntó al respecto de algunas acciones relacionadas con el proyecto Manhattan, pero en conversaciones privadas se le pidió que se mantuvieran al margen. Se trataba de un asunto de máxima seguridad sobre el que no se debían dar más información. Se respetó esa petición y Truman llegó a la presidencia sin saber la esencia y los detalles del proyecto.
Poco después de que Truman hiciera el juramento que lo convertía en presidente, Henry Stimson, el mismo que había pedido al comité que no continuara con sus pesquisas sobre el proyecto Manhattan, puso a Truman al tanto de los trabajos para desarrollar la bomba atómica. Concretamente le comentó que el país estaba inmerso en un ambicioso plan para crear «un nuevo explosivo de un poder destructivo casi increíble».
Dos semanas después, esa escueta frase quedó atrás y Truman fue informado de todos los detalles técnicos y estratégicos. No solo eso, sino que frente a la cercanía de que estuviera todo listo, se abrió la necesidad de discutir su uso real en la guerra y las implicaciones éticas y políticas de ello.
Dicho de otra forma, Truman llegó a la presidencia y se encontró frente a una situación que cambiaría la guerra y, en gran medida, el mundo para las próximas décadas. Ya sabemos qué fue lo que decidió el Comité Interino (Interim Committee). Unos meses después, en agosto de 1945, las bombas nucleares cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki.
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