Las Holmgang, la justicia vikinga que era una forma de ordalía

Las Holmgang, la justicia vikinga que era una forma de ordalía

Desde siempre el hombre ha intentado ver la mano de los dioses en muchas de las cosas que nos pasan. También en la justicia los dioses podían intervenir y demostrar quién era inocente y quién no lo era. Así, las ordalías son muy antiguas, aunque en la Edad Media seguían siendo comunes. Los vikingos tenían su propia versión. Las Holmgang, la justicia vikinga que era una forma de ordalía, era un duelo a muerte entre dos hombres para ver cuál de ellos tenía razón.

En las ordalías se esperaba que la intervención divina demostrara la inocencia o culpabilidad

La ordalía era una forma de demostrar la inocencia, o, mejor dicho, de intentarlo. Esta prueba judicial se basaba en la creencia religiosa y por eso se la conoce también como el juicio de Dios. Se creía que era este el que decidía cómo acaban las cosas. Si alguien era acusado de un crimen y no había demasiadas pruebas, o ninguna, se recurría a la ordalía. Por ejemplo, tenía que meter las manos en agua hirviendo, y si no se quemaba o las lesiones eran pocas, aquello quería decir que era inocente. Dios había intercedido por él y se había puesto a su favor.

Los vikingos tenían su propia versión de la ordalía, y se llamaba holmgang o holmganga. Se solía emplear cuando había un problema o una denuncia entre dos individuos. La holmgang consistía en un duelo a muerte, en un combate singular entre el ofendido y el ofensor. ¿Qué tiene que ver un duelo a muerte con la ordalía? Pues que los vikingos creían que así se impartía justicia porque los dioses beneficiaban en la lucha a aquel que tenía la razón de su lado.

Esta costumbre de los escandinavos medievales se mantuvo hasta el siglo X como una forma de resolver las disputas. El nombre proviene, se cree, de la costumbre originaria de celebrar estos combates en una isla, donde se aislaba a los contendientes para que resolvieran su problema luchando. Con el tiempo, se definió algo similar a un ring para llevar al cabo el combate. Algo mucho más práctico que una isla, sin duda.

Negarse a combatir era lo mismo que aceptar la derrota

Por supuesto, negarse a combatir supone al mismo tiempo asumir que uno no tiene la razón. De igual modo, en las ordalías, si uno se negaba a meter las manos en agua hirviendo o a caminar sobre brasas, estaba asumiendo su culpabilidad.

Había un atisbo más de justicia, y es que en algunos casos se podía recurrir a un combatiente sustituto, especialmente cuando la desventaja de uno de los contendientes originales era importante. En cualquier caso, las normas y la forma de llevar a cabo el combate cambia de unos textos a otros. No siempre la lucha era a muerte, sino que esta forma de duelo también se hacía a algo así como primera sangre. En ocasiones también las armas quedaban establecidas de antemano, aunque la espada era la reina.

Por lo tanto, podemos concluir que las Holmgang, la justicia vikinga que era una forma de ordalía, era tan justa como lo eran las ordalías no vikingas.

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