Eisenhower, dirigiendo un ejército sin experiencia en combate

Tercer hijo de un comerciante no demasiado hábil, Dwight D. Eisenhower se alistó en el ejército porque de ese modo podría obtener una educación gratuita. En 1915 salió de West Point como teniente de infantería y en 1917 participó en una acción para capturar a Pancho Villa, aunque sin éxito. Poco después Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial donde nuestro protagonista se encargó del adiestramiento de tropas. Acabó esta guerra con el rango de mayor y posteriormente fue destinado al Estado Mayor del Ejército donde adquirió un gran sentido de la estrategia.

El 7 de diciembre de 1941 Japón atacó Pearl Harbor y Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial. Eisenhower, ya general, fue enviado a Londres para trabajar con el ejército británico. En noviembre de 1942 se puso en marcha la operación Antorcha en el norte de África, dejándola en sus manos. Esta operación supuso el movimiento de más de cien mil hombres. Instaló su cuartel general en Gibraltar, concretamente en los túneles subterráneos del peñón. Eisenhower, el hombre que tenía bajo su mando un enorme ejército y casi el futuro de gran parte del mundo, no tenía experiencia en combate. Nunca había oído un disparo en conflicto real, lo cual no evitó que hiciera su trabajo de manera eficaz.

En los once meses anteriores a la operación Antorcha Eisenhower únicamente se había tomado un día libre, que había aprovechado para ir a un campo de tiro del ejército. Durante la guerra, siendo uno de los generales más importantes del bando aliado, si no el más importante, no es extraño que no disparara. Pero sí disparó en una ocasión su pistola, avanzada la guerra. El hombre responsable del desembarco de Normandía hubo de desenfundar su arma para matar una rata que se encontró en el baño de su cuartel general en Italia. Falló el primer tiro y el segundo acabó con el roedor.

Fuente: La tormenta de la guerra, de Andrew Roberts.

Curistoria

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