Las obras de El Prado que sufrieron accidentes en el traslado en la Guerra Civil

Durante la Guerra Civil Española, los bombardeos sobre Madrid obligaron a que se llevaran lejos de esa ciudad un buen número de obras de arte del Museo del Prado para ponerlas a salvo. Fueron unas cuantas. Entre las del Prado, El Escorial y el resto de lugares casi 2.000 obras. Ya en 1936 salieron de Madrid a bordo de camiones, para ser puestas a salvo en Valencia. Como supondrán, el avance de la guerra y la reducción del territorio controlado por los republicanos forzó a que gran parte de esas obras acabaran en Ginebra, custodiadas por la Sociedad de Naciones. Antes de salir al extranjero, estuvieron un tiempo en el castillo de San Fernando, en Figueras, y en unas minas por la misma zona del noreste peninsular. Hubo suerte, pero hubo traspiés que pudieron ser terribles, porque las obras de El Prado que sufrieron accidentes en el traslado en la Guerra Civil eran de Velázquez y Goya.

En el viaje hubo algunos accidentes que dañaron obras. Y estamos ante pinturas de Velázquez, Goya o Tiziano, por lo que cualquier pérdida era irreparable. En enero de 1937 el Retrato ecuestre de Felipe IV de Velázquez fue subido a un camión, que con escolta de los milicianos salió camino de Valencia. Ese mismo vehículo llevaba también La rendición de Breda. En el viaje, un golpe contra un árbol dañó la caja que contenía el primero de esos cuadros, el retrato ecuestre. Y no sólo eso, sino que La rendición de Breda topó con un balcón al atravesar una localidad. La primera obra fue la que se dañó, ya que se desclavó del bastidor en algún lugar por el golpe, si bien no sufrió graves desperfectos.

Las obras de El Prado que sufrieron accidentes en el traslado en la Guerra Civil tenían un enemigo peculiar: los balcones

Peor fue lo que ocurrió en mayo de ese 1937. Esta vez la víctima del accidente no fueron obras de Velázquez sino de Goya. En concreto, La carga de los mamelucos y Los fusilamientos del 3 de mayo (el cuadro en que es Jesucristo es fusilado) iban en un camión que se topó con una casa en Benicarló y un balcón golpeó las cajas que guardaban las obras. La peor parte se la llevaron los mamelucos. Se repitió el problema con los balcones que había sufrido el transporte de los Velázquez. Parece que es casualidad, pero no es raro que un camión grande, en un pueblo pequeño, se lleve algún balcón por delante. Sin ir más lejos, y más de medio siglo después, yo he vivido situaciones así con un autobús.

Los daños sufridos en este caso fueron importantes. Cerca de la frontera francesa y de forma precaria, fue arreglado en la medida de lo posible. En 1941, cuando regresaron a Madrid, hubo tiempo y recursos para que fueran restaurados con más paciencia, aunque todavía quedaron rastros del desastre. Entre 2007 y 2008 se volvió sobre ello para buscar la brillantez original de la obra y sus relaciones espaciales.

Aun así, viendo todos los peligros sobre las obras de antes, durante y después del traslado, demasiado poco pasó. Podríamos haber perdido algún cuadro irreemplazable, o incluso varios de ellos.

Curistoria

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