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El diputado que retó a otro a pegarse en la calle

Uno mira el nivel de las discusiones de los políticos españoles actuales y suele deprimirse un poco. O mucho, según el día. Las sesiones de control en las Cortes son una colección de: ¿a dónde vas?, como pregunta; manzanas traigo, como respuesta. Es cierto que siempre ha habido situaciones similares, y lo que me pregunto es si lo que ahora es la norma era antes una excepción o siempre ha sido así. El diputado que retó a otro a pegarse en la calle y su historia quizás nos dé algo de perspectiva. Eso sí, dos meses después comenzaba la Guerra Civil.

El diputado que retó a otro a pegarse en la calle se indignó porque lo habían llamado pigmeo, y lo cierto es que no parecía muy alto

Bruno Alonso fue un político socialista nacido en 1887, miembro del PSOE y de UGT. Fue diputado en los años 30 y tuvo un cierto papel, militarmente hablando, en la Guerra Civil Española. Pero lo que hoy quiero contarles ocurrió poco antes de la guerra, en concreto, el 19 de mayo de 1936. Fue entonces cuando tuvo un rifirrafe con Calvo Sotelo y pidió en las Cortes que salieran a la calle.

Como decía, estaba discutiendo, podríamos decir, con José Calvo Sotelo, aunque era este quien estaba hablando. A la sazón diputado también, pero en este caso derechas. Calvo Sotelo tuvo sus más y sus menos en aquel 1936 con otros políticos, y no eran raras las broncas duras. Como sabrán, el 13 de julio de ese 1936, pocos días antes de que comenzara la guerra, fue asesinado.

Según el libro Por qué y cómo mataron a Calvo Sotelo, de Luis Romero, las cosas sucedieron del siguiente modo. En la tensa sesión de mayo del 36, discutiendo sobre el fascismo y la economía, estaba hablando Calvo Sotelo cuando Bruno Alonso le gritó:

—¡Ya sabemos lo que es su señoría!

Al final es cierto que la cosa no fue a mayores aquel día, pero poco después fue demasiado a mayores

Siguió el político de derechas hablando y alguien volvió a interrumpirle, aunque el diario de sesiones deja constatado que no se entendieron esas palabras y por lo tanto no las censó. En cualquier caso, sí está registrada la respuesta de Calvo Sotelo a la interrupción:

—Hace falta ingenio para interrumpir, señor diputado.

Y entonces es cuando vuelve a intervenir el socialista y ya se lanzan las puyas de un lado a otro con soltura, Alonso y Calvo Sotelo:

—Ya sabemos lo que su señoría, pero no tiene el valor de declararlo públicamente. —dijo Alonso.
—Yo tengo valor para decir lo que pienso —respondió Calvo Sotelo—, y su señoría menos que nadie puede prohibirme la expresión legítima de mi pensamiento. Su señoría es una pequeñez, un pigmeo.
—¡Yo soy tanto como su señoría, aquí y en la calle! –replicó Alonso muy excitado.

Intervino entonces otro diputado, Juan Antonio Gamazo, que dirigiéndose a Alonso dijo:

—Cállese, hombre, cállese.
—¡Aquí y fuera de aquí!¡Vamos fuera a verlo! –acabó Alonso.

La cosa siguió y se hartaron de llamarse chulos, que si uno llevaba pistoleros… y mientras, el presidente tratando de parar el festival. Sin éxito en un primer momento, pero al final consiguió que el debate continuara en la pura palabra, sin amenazas. Es cierto que Alonso no dijo textualmente salgamos a la calle a pegarnos, pero a buen entendedor con pocas palabras le basta. Y ese vamos fuera a verlo, era bastante explícito. Creo yo.

No es este el caso más extremo, bien lo sabemos. Recuerden que hubo un duelo a espada entre dos diputados en Francia en 1967. En España ha habido casos más suaves y más ocurrentes. Y hasta una vez lo que pasó con Alonso y Calvo Sotelo de citarse en la calle, llegó al extremo y hubo un duelo, con Blasco Ibáñez de por medio, que bien pudo acabar en tragedia.

Curistoria

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