En julio de 1936 muchas cuestiones quedaron suspendidas en España. Planes que se congelaron en el tiempo por el inicio de la Guerra Civil. Algunos nunca llegaron a retomarse, murieron con la guerra o la guerra los asfixió. Pero otros aguantaron con tenacidad y esperaron su momento. Es el caso de la entrada de Salvador de Madariaga en la RAE, que ocurrió 40 años después.
Entre el inicio de la guerra y la muerte de Franco pasaron 14.369 días. Son muchas mañanas, muchos lunes, muchos meses y muchas vicisitudes en la vida, sin duda. La espera de Salvador de Madariaga para entrar en la RAE de facto fue todavía más larga. Concretamente 223 días más.
El 20 de mayo de 1936 Madariaga fue elegido para ocupar el sillón M de la Real Academia Española. Tenía 49 años. Uno tiene que haberse ganado el puesto con su obra y eso no se hace de la noche al día. Madariaga era diplomático y escritor, además de político. Fue embajador en Washington y París, y delegado español en la Asamblea de la Sociedad de Naciones. Todo esto durante la Segunda República.
La guerra lo llevó al exilio y se instaló en Oxford. Crítico con el franquismo y europeísta, formó parte del contubernio de Múnich, como bautizó la dictadura despectivamente al encuentro para democratizar y buscar una España que encajara en Europa. En definitiva, el exilio se alargó todo lo que duró Franco en el poder.
Quedaba sin ocupar ese sillón M en la RAE. Y así estuvo todo el tiempo que Salvador de Madariaga estuvo fuera de España. La institución aguantó y nadie fue designado para sustituir al que ya habían elegido. El Ministerio de Educación, en 1941, dictó una orden para dar de baja a los seis académicos que se encontraban expatriados. Entre ellos, nuestro protagonista. La RAE no hizo caso.
En 1976 Madariaga volvió a España y su plaza, por fin, tuvo ocupante. La toma de posesión fue el 2 de mayo de ese año. Nada menos que 14.592 días después de la fecha de elección. Es el ingreso con mayor tiempo de espera que ha tenido la Academia. Fueron 39 años, 11 meses y 12 días.
La longevidad del escritor permitió este llamativo hecho. Cuando pronunció su discurso de ingreso, titulado De la belleza en la ciencia, tenía 89 años. Pudo intervenir en la academia durante dos años y medio, antes de fallecer en diciembre de 1978. La réplica a ese discurso, por cierto, fue pronunciada por Dámaso Alonso, que era entonces el director de la RAE.
(Por cierto, una vez escrita y a punto de publicar esta Curistoria, he visto que ya la había contado hace 13 años. Mismo hecho, pero distinto texto y con distintos detalles, por supuesto, porque este acabo de escribirlo. He decidido publicarlo en cualquier caso. Que me perdone alguno si lo recordaba por haberlo leído ya. Y si es así, mi admiración.)
Foto tomada de la web de la RAE.
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