La carta de Tito a Stalin pidiéndole que dejara de intentar matarlo

Joseph Broz, más conocido como el mariscal Tito, fue un dictador comunista yugoslavo que aguantó en el cargo desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte en 1980. A pesar de ser un destacado comunista dentro de Europa, retó al poder soviético, que pretendía controlar absolutamente todo. Las relaciones eran mucho más que tensas. La carta de Tito a Stalin pidiéndole que dejara de intentar matarlo es una buena muestra de cómo estaba las cosas.

La carta de Tito a Stalin pidiéndole que dejara de intentar matarlo tiene una frase tan ocurrente que parece sacada de una novela de espías

Yugoslavia era un país comunista, pero escapaba del control soviético y esto le costó más de un disgusto a Tito. Y ya sabemos cómo se las gastaba Stalin, que purgaba mejor que cualquier laxante. Recuerden el caso del hotel con dos fachadas para no preguntar a Stalin cuál le gustaba. Aunque en los primeros años de Tito en el poder su relación fue buena con el foco comunista mundial, Moscú, el tiempo marchitó esa buena relación.

Tito no estaba de acuerdo con algunas de las cosas que se hacían en la URSS y consideraba injustas muchas de sus decisiones. El distanciamiento se hizo tan evidente que la falta de influencia soviética en Yugoslavia hizo que Stalin tomara medidas drásticas. Y Stalin y medidas drásticas no resultaba en otra cosa que en acabar en Siberia o acabar muerto.

Stalin puso en marcha varias operaciones para acabar con el líder yugoslavo. Según parece, fueron más de 20 planes o intentos de acabar con Tito. Uno tras otro fue fallando, pero como cuando uno se harta de que un niño le diga si queda mucho de viaje, Tito al final respondió. Escribió una carta a Stalin al respecto:

Deja de enviar gente a matarme. Ya hemos capturado a cinco de ellos, uno con una bomba y otro con un rifle… Si no dejas de enviar asesinos, yo enviaré uno a Moscú, y no tendré que enviar un segundo.

Hay que reconocer que la carta es buena y la tomaríamos por sacada de una novela de espías si no fuera porque se conserva entre los papeles del archivo de Stalin. El líder soviético dejó de enviar asesinos para acabar con Tito, pero a cambio la acabó pagando con todo aquel que estaba a favor de Tito en la URSS.

Los planes para acabar con Tito contaban con matarlo con un gas, con una bacteria, de un disparo…

En un documento interno de la seguridad soviética, se habla del plan para acabar con Tito a través de un agente cuyo nombre en clave era Max. La propuesta era conseguir una reunión entre Max, que al parecer se movía en las altas esferas y tenía influencia, y Tito. Durante la reunión el agente debía liberar una bacteria pulmonar a través de un dispositivo oculto en su ropa. Todos los presentes en la sala acabarían muriendo. El documento advertía que a Max se la daría un tratamiento para tratar de salvarle la vida, pero que en cualquier caso no se le informaría de los detalles sobre lo que iba a propagar en el aire en la habituación. Así se las gastaban los soviéticos con sus propios agentes.

Otro plan, también con Max como hombre ejecutor, planeaba acabar con Tito en una visita que iba a hacer a Londres. Max era amigo del embajador yugoslavo en Inglaterra y podía conseguir estar en una recepción. Dispararía a Tito con algún tipo de arma con silenciador, a la vez que liberaba un gas para crear el pánico entre los presentes y aprovechar ese momento para huir.

Entregar un regalo a Tito con un gas mortal fue otra opción. A través de algún diplomático, no se sabe si siendo este consciente de lo que hacía o no, la idea era montar un dispositivo en la caja del regalo. Al abrirla, supuestamente por las manos del propio Tito, se liberaría ese gas mortal.

Tan harto estaba Tito de Stalin, que hay hasta quien defiende que el yugoslavo, sabiéndose en el punto de mira de su enemigo, pasó al ataque. Y que la muerte de Stalin en 1953 no fue sino una acción de Tito, que sabía que si no mataba acabaría muriendo. Si esto fuera cierto, habría hecho buena esa línea de la carta que decía que él no tendría que enviar un segundo asesino.

Curistoria

Ver comentarios

  • Stalin no era ruso, era georgiano. Confundís ruso y soviético en varios párrafos. Un poco triste.

    • Pues tienes razón que uso mal ruso como sinónimo de soviético, generalizando el término. No es lo más adecuado. De hecho, hace tiempo escribí una entrada al respecto.
      Gracias por el apunte.

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