Antes de hacerse el harakiri, Emilio Salgari dejó una nota a sus editores

Antes de hacerse el harakiri, Emilio Salgari dejó una nota a sus editores

Emilio Salgari es uno de esos nombres asociados a la novela de aventuras y a las historias que todos conocemos desde niños. Este italiano, nacido en 1862, ambientó sus novelas en los sitios más exóticos, de África a los mares del sur. Murió antes de cumplir los 50 años, por decisión propia. Arruinado y deprimido por las desgracias personales. Antes de hacerse el harakiri, Emilio Salgari dejó una nota a sus editores reprochándoles que vivía en la miseria.

Antes de hacerse el harakiri, Emilio Salgari dejó una nota a sus editores en la que les reprochaba que se habían hecho ricos y él vivía en la miseria

En su juventud trabajó en un barco, como parte de la tripulación, y eso le llevó a hacer algunos viajes, aunque sin salir del Mediterráneo. Aquello debió servirle para imaginar cómo serían parajes más lejanos. En su obra, que no es corta, quizás Sandokán sea el personaje más conocido. Los más jóvenes quizás no sepan situarlo, pero Sandokán, en los años 70 y 80 fue muy conocido por sus adaptaciones al cine y la televisión. En Italia y España, a mediados de lo años 70 del siglo pasado, fue todo un fenómeno social.

Pero mucho antes de este éxito televisivo, Salgari ya había sido un superventas con sus novelas, aunque su vida no se benefició mucho de ello como denota el mensaje que dejó a sus editores tras su suicidio. El 25 de abril de 1911 decidió poner fin a su vida y lo hizo de una forma terrible, haciéndose el harakiri.

Como decíamos, sus libros se vendían bien pero el dinero no llegaba a sus bolsillos en consonancia. Algunos de sus títulos llegaron a tiradas enormes, con 100.000 ejemplares puestos en el mercado, pero él seguía sin dinero suficiente para mantener la vida que quería. Estas penurias se comían el ánimo del escritor y lo arrastraron al abismo.

Ya en 1909 Salgari intentó poner el punto final a su vida, pero falló. Se clavó un cuchillo en el pecho. Sus tendencias suicidas se elevaron cuando su esposa, Ida Peruzzi, fue internada en un sanatorio mental. Dos años después volvió a intentarlo y esta vez no falló. Se abrió el vientre con un cuchillo, tal y como indica el ritual seppuku, esto es, el harakiri. Es una muerte dolorosa ya que se produce por desentrañamiento. Esta palabra, por cierto, suena a algo terrible.

Escribió un nota de desprecio a sus editores y una nota de amor total a su esposa

Salgari escribió tres cartas antes de matarse. Una destinada a sus hijos, que eran cuatro. Otra para los periódicos de Turín, ciudad en la que estaba cuando se quitó la vida. Y una más destinada a sus editores, a aquellos que habían ganado mucho dinero con sus obras, mientras que él veía cómo sus deudas crecían. En esta última carta decía:

A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semi miseria o aún peor, sólo os pido que, en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma.

¿Cuándo un suicida se quita la vida es un suicida menos o un suicida más? Esto, que es un poco de humor negro, tiene detrás una duda: suicida se hace o se nace. Yo creo que la vida te puede abocar a ello a base de golpes, y me inclino por la primera opción. Recuerden la triste nota de suicido de Stefan Zweig.

Pero viendo el caso de Salgari parecería que el suicidio es casi algo hereditario. Esto es, uno tendría cierta tendencia a salir de la vida voluntariamente y por la vía rápida.

El padre de Salgari se suicidó, así como un tío y dos de sus propios hijos

El padre de Emilio Salgari se había suicidado. También lo hizo un tío del escritor. Como ya hemos contado, el propio Emilio Salgari se desventró haciendo se en harakiri. Por cierto, desventrarse no existe en el diccionario de la RAE.

Salgari tuvo cuatro hijos. Una hija, nacida en 1892, y tres hijos, nacidos en 1894, 1898 y 1900. De estos tres chicos, Romero, el tercero, se quitó la vida en 1931 con 33 años. El cuarto, nacido con el siglo XX en 1900, aguantó más tiempo a este lado de la muerte, pero también en 1963 se suicidó. Una cadena de suicidios que colocaban al apellido Salgari en esos que son casi una maldición.

Encontraron el cuerpo de Emilio Salgari en un barranco de la calle San Martino. Era una última declaración de amor a su esposa Ida. En una de esas cartas de despedida de las que hemos hablado dejaba escrito lo siguiente:

[…]voy a morir al Valle de San Martino, cerca del lugar donde, cuando vivíamos en la calle Guastalla, íbamos a merendar. El cadáver se encontrará en uno de los barrancos que conocen, porque íbamos allí a recoger flores

Fue un epitafio emotivo y lleno de amor, aunque es muy triste la historia de Salgari, un autor que han disfrutado tantas personas. Especialmente niños.

6 comentarios en «Antes de hacerse el harakiri, Emilio Salgari dejó una nota a sus editores»

  1. Realmente si hablamos de seppuku, la atrocidad la tiene que cometer el mejor amigo del suicida seccionándole de un tajo la cabeza. Ay la sabiduría oriental y otras patrañas.

  2. Seppuku significa destripamiento o corte de vientre. Efectivamente consiste en abrirse uno mismo y efectivamente es tremendamente doloroso, ya que era una costumbre de la nobleza se permitía un asistente que acortaba el dolor cortando la cabeza de la persona que se había hecho el seppuku en cuanto lo había realizado

  3. También podría haber buscado una profesión alternativa cuando veía que sus editores se llevaban la mayor parte del dinero, en lugar de continuar haciendo lo mismo durante años, quitarse de en medio y dejar tirados a sus hijos mientras le echa la culpa a otros y les ordena que paguen el funeral.
    En fin, no se debe romantizar un desenlace tan cobarde, propio de personas con trastornos mentales.
    De pequeño veraneaba en un piso que tenía una pequeña librería de la que me «zampé» muchas novelas antiguas entre las que estaban varias de Sandokán. Qué buenos tiempos aquellos cuando no tener que ir al colegio, leer un buen libro y comer un bocata de chorizo me hacían el niño más feliz del mundo!

    1. Imposible que se pudiera dedicar a otra cosa. Las personas que tienen una vocación muy fuerte por algo no entienden, ni quieren, ni pueden dedicarse a otra. Si se hubiera dedicado a otra cosa no tendrías esos recuerdos de tu infancia, recuerdos que comparto con mucho respeto por Salgari.
      Nadie que no tenga vocación trasciende en el tiempo.
      Si recuerdas las lecturas de tu infancia, verás que Sandokán, Yáñez, el corsario negro y otros muchos personajes eran hombres de honor. ¿Cómo un hombre de honor puede traicionar su vocación? En nuestros días no está de moda ese concepto. La gente vende su alma por un mendrugo y trabaja en lo que puede, no en lo que le gustaría. Casi todos son infelices con lo que hacen. Salgari fue un gran hombre, en vida y en la forma escogida para morir. ¡Honor!

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