| (Charles Dickens) |
No es extraño que un autor busque información o documentación para sus libros de la forma más directa posible. Pero quién sabe dónde está el límite entre la persecución loable de documentación y detalles que luego plasmar en los textos y el morbo insano. No sabría decir en qué punto entre esos dos extremos estaba Charles Dickens.
Dickens era un gran autor, de eso no hay duda y lo sigue siendo dos siglos después de su nacimiento. Lo que no sabemos es qué parte de ese buen resultado en sus libros se debe a su afición a visitar la morgue de París. Según parece, cuando estaba en la capital francesa, pasaba casi todos los días por la morgue y se entretenía largo rato mirando los cadáveres expuestos. En aquel tiempo se exhibían abiertamente al público los cuerpos que no habían sido identificados, que habitualmente correspondían a vagabundos e infelices semejantes.
El autor inglés miraba y remiraba los cadáveres y se interesaba por las circunstancias de la muerte. No acaba ahí la cosa, ya que también solía visitar los lugares en los que habían ocurrido crímenes y curioseaba en los detalles más escabrosos y sangrientos. Como decía, es complicado saber hasta dónde llegaba el escritor y dónde comenzaba el hombre con una mente quizás algo morbosa.
Fuente: Vidas secretas de grandes escritores, de Robert Schnakenberg
Me gusta mucho leer entrevistas y diarios. Hace poco leía una entrevista a George Steiner,…
A finales de 1939, el médico del rey de Inglaterra escribió un artículo en el…
El investigador Alfredo González Ruibal cuenta en su libro País en Ruinas, del que les…
No es raro, al menos en mi caso, encontrarme con una noticia sobre el aniversario…
Solo con una de las vidas de Robert Bruce Lockhart uno ya podría darse por…
En diciembre de 1862 Francia y Suiza firmaban el Tratado de Dappes, por el que…