
En 1862, el Congreso de los Estados Unidos se propuso unir el país con una línea de ferrocarril que lo cruzara de lado a lado. Se encargó a dos empresas ese mastodóntico trabajo: Union Pacific y Central Pacific. La primera comenzó en Omaha, Nebraska, y avanzaba hacia el oeste. La segunda arrancó en Sacramento, California, e iba hacia el este. Nebraska está más bien en el centro, pero dado que la costa este ya tenía una buena infraestructura, completar el resto dio lugar a esa idea, casi publicitaria, de unir ambas costas.
El contrato establecía que las constructoras cobraban por cada milla construida. No es mala idea a priori, se paga en función del trabajo hecho, y como hay dos competidores, se esforzarán para avanzar rápido y así acabar colocando más vías de tren del recorrido y, por ende, generando mayores ingresos. Quizás por esto no se estableció un punto del trazado donde ambas líneas debían encontrarse. Y ahí llegó el problema.
Lo que parecía a priori un buen incentivo al trabajo, acabó siendo una trampa
En 1869, las dos empresas se movían ya cerca de Utah, pero ninguna de las dos quería dejar de ganar dinero, así que los técnicos de cada compañía siguieron como si nada, allanando terreno y preparando el recorrido. Daba igual que ya se hubieran cruzado y que estuvieran solapándose en el despliegue de la vía del tren. Aquello era tirar dinero e ir contra el sentido común más básico.
La situación duró unas cuantas semanas y el coste de ese sinsentido alcanzó el millón de dólares de ese tiempo. El absurdo, o la avaricia, según como lo veamos, generó unos 320 kilómetros de vías que corrían en paralelo, con el consiguiente trabajo y dinero para las compañías. El Congreso, lógicamente, levantó la voz para detener la situación, porque al fin y al cabo ellos pagaban. Dicho de otro modo, pagaban los propios ciudadanos.
La solución fue sencilla. El Congreso obligó a la Central Pacific y a la Union Pacific a acordar un punto de encuentro para los trazados de vía que estaban construyendo. Ese lugar fue Promontory Summit, en Utah, obviamente.
Los propios trabajadores también entraron en la competición por ser los que más rápido avanzaban
El 10 de mayo de 1869 los raíles se unieron en ese punto y se celebró el momento como merecía. Una de las acciones más significativas de aquel encuentro fue el conocido Clavo de Oro (Golden Spike). Para unir las dos vías se utilizó un clavo de oro, que se retiró tan pronto como acabó la ceremonia y se colocó en su lugar uno de hierro normal.
En 1904 esta línea ferroviaria dejó de utilizarse debido a la creación de una ruta más rápida. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, gran parte de las vías fueron retiradas para aprovechar el material.
La carrera para construir una distancia mayor la ganó sin duda la Union Pacific, que asentó unos 1.750 kilómetros de hierro, mientras que su compañera o competidora desplegó unos 1.110. Como supondrán, esta diferencia se debió principalmente a la diferencia en el terreno contra el que tuvieron que batallar una y otra. Extensas llanuras versus grandes montañas.
Esa competición llegó a los propios trabajadores. La Union Pacific se jactó públicamente de haber hecho más de 13 kilómetros y medio en un solo día. Aseguró que nadie podría superar esa marca. Los hombres de la Central Pacific, cuando ya estaban cerca del final del proyecto, decidieron batir ese curioso récord. Crearon un grupo de trabajo bien dotado de inmigrantes chinos y planificaron todo para que el 28 de abril de 1869 fuera un día inolvidable. Ese día tendieron más de 16 kilómetros de trazado ferroviario en una sola jornada de trabajo. Como se acababa además el recorrido, no dejaron opción a nadie para superar esa distancia.
A veces las buenas ideas las carga el diablo. Como ocurrió con las serpientes en India o los gorriones en China.

Un claro y duro ejemplo de lo que en economía se denomina un «monopolio natural». Un monopolio natural es un caso particular de los monopolios en el cual una empresa pública o una empresa privada puede generar toda la producción del mercado con un coste menor que si fuera ofrecido por varias entidades públicas y/o empresas privadas compitiendo.
Los monopolios naturales se dan en los servicios públicos básicos (agua, alcantarillado) y las denominadas industrias de redes: energía, telecomunicaciones y transporte.