El gramo de radio que las mujeres estadounidenses regalaron a Curie

El gramo de radio que las mujeres estadounidenses regalaron a Curie

Marie Curie fue una gran científica del siglo XX. En realidad, una gran científica de la historia, y uno de los aspectos más interesantes de su biografía es que el campo en el que investigó era nuevo y apasionante cuando ella lo vivió. Además, tuvo que abrirse camino por ser mujer y sus penurias no fueron pocas. Tanto es así que el gramo de radio que las mujeres estadounidenses regalaron a Curie fue vital para que continuara sus investigaciones.

El gramo de radio que las mujeres estadounidenses regalaron a Curie se financió a través de pequeñas donaciones

Marie Mattinglyn Meloney, también conocida como Missy, fue otra mujer destacada de su tiempo, la primera mitad del siglo XX. En este caso, en el campo del periodismo. En 1920 las vidas de Marie Curie y de Marie Meloney se cruzaron en París, cuando la segunda entrevistó a la primera. Meloney quedó impresionada por el aspecto y el carácter de Curie: tímida, paciente, amable… Y también por la precariedad de su laboratorio y de sus medios.

Durante la entrevista, la científica comentó la necesidad que tenía de un poco de radio con el que poder seguir sus investigaciones. No había sido nada fácil producir el primer gramo de radio que había servido a los Curie para abrirse camino en el nuevo campo de la radioactividad. Durante años habían trabajado refinando y procesando toneladas de material para obtener ese primer gramo de radio. No hay que olvidar que los Curie fueron los descubridores de ese elemento químico, cuyo símbolo es Ra. El gramo original de los Curie estaba entonces, en 1920, en manos del gobierno francés y se usaba con fines médicos.

Pero en el momento en que tuvo lugar la entrevista, el coste a afrontar para conseguir más radio era demasiado elevado para que Marie Curie pudiera hacerle frente. El precio alcanzaba los 100.000 dólares, lo que sería hoy algo así como 1,3 millones de dólares.

Missy Meloney se comprometió entonces con Marie Curie a hacer lo que estuviera en su mano para conseguir 1 gramo de radio para la científica francesa de origen polaco. La periodista, de vuelta en su país, lanzó una campaña entre las mujeres de Estados Unidos para conseguir el dinero suficiente para comprar un gramo de radio. La campaña fue un éxito, recaudando más de 155.000 dólares. Todo el dinero fue para los Curie de un modo u otro. Esto es, en forma de gramo de radio, o como financiación para sus investigaciones.

Marie Curie viajó a Estados Unidos en mayo de 1921 para recoger el regalo, que era una maleta de 59Kg cuyo valor residía sólo en 1 gramo

Marie Curie viajó a Estados Unidos en mayo de 1921 para recibir el premio. Lógicamente, la francesa era ya una mujer famosa. Tenía dos Nobel en su currículo y otro buen número de reconocimientos. En la foto de arriba pueden ver a Marie Meloney, a la izquierda, junto con Marie Curie y sus dos hijas, Irène y Eve. Tenían 23 y 16 años, respectivamente. Pierre Curie, por cierto, había fallecido década y media antes. Por cierto, no fue esta la única visita que Marie Curie hizo a Estados Unidos, con Meloney como anfitriona, al menos en parte.

El gramo de radio se le entregó en una enorme caja revestida de plomo. Aquel era el regalo que las mujeres de Estados Unidos le hacían a Curie para pudiera continuar sus investigaciones. La caja pesaba 59 kilos y el valor de aquella enorme caja residía en ese único gramo de radio.

Cuando Marie Curie falleció, el precioso gramo de radio que le habían regalado las estadounidenses pasó a su hija mayor. Irène Joliot-Curie, que también ganó el Nobel de Química, en 1935, conservó aquella maleta de 59 kilos con el gramo de radio. La vida de Irene es casi tan fascinante como la de su madre. En la Primera Guerra Mundial Marie Curie tuvo su papel, usando los rayos X, y ahí también estuvo ya su hija. Pero cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, el papel del matrimonio Joliot-Curie fue aún más relevante. Mucho más, de hecho.

Cuando los alemanes estaban llegando a París en su avance imparable en la primavera de 1940, los Joliot-Curie tuvieron que huir hacia el sur. Escaparon con lo más esencial que pudieron tomar de su laboratorio. Y entre esas cosas esenciales estaba la famosa maleta con el gramo de radio.

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