La archiduquesa de Austria que murió por un cigarrillo

Esta curistoria es sobre Matilde de Austria-Teschen, la archiduquesa de Austria que murió por un cigarrillo. Murió con tan sólo 18 años y si bien la culpa fue del tabaco y de su vicio por fumar, su muerte no fue por fumar mucho. Más bien, por la mala suerte y las pocas precauciones.

La archiduquesa Matilde de Matilde de Austria-Teschen había nacido en Viena en enero de 1849. Con ese título ya pueden suponer que esperaba las máximas ventajas de la vida, casarse con un hombre principal y disfrutar de su alto rango. Lamentablemente, murió muy joven, en 1867, y de una forma un poco tonta. La mala suerte, la falta de precaución, el tabaco, también, y la mala reacción al incidente fueron una condena.

Matilde fumaba, sí. Eso es sin duda poco aconsejable y un buen padre siempre le dirá a su hijo que no fume, incluso cuando ese consejo venga de un fumador. El padre de Matilde, Alberto de Austria-Teschen, al que había que dirigirse como alteza real e imperial, le tenía prohibido fumar a la muchacha. La joven tenía ya 18 años cuando ocurrió lo que vamos a ver y a esa edad uno siempre es un poco rebelde y hace lo que le dicen que no haga.

La archiduquesa de Austria que murió por un cigarrillo, no murió por fumar mucho

A pesar de la prohibición, la jovencita fumaba a espaldas de su padre. El día de su muerte, el 6 de junio de 1867, estaba en el palacio de Hetzendorf, en Viena, esperando para ir al teatro. Se había vestido para la ocasión con un vestido de gasa, suponemos que precioso. Para dar más volumen al vestido, se había rociado con un producto que contenía glicerina y así, vestida y sentada, esperaba el momento de partir.

Como decíamos, fumaba a espaldas de su padre y eso estaba haciendo durante la espera, cuando entró su padre de improviso donde ella estaba. Matilde, para ocultar el cigarro, hizo un gesto rápido y lo escondió en su espalda. Y ahí comenzó el desastre que acabó con su vida.

El vestido comenzó a arder debido a la glicerina y a la propia tela de gasa, y se extendió tan rápido que cuando intentaron apagarlo la archiduquesa ya estaba envuelta en fuego. Literalmente. Al parecer, que ella echara a correr por la habitación como intentando dejar el fuego atrás, no ayudó en nada, sino más bien al contrario, avivó el fuego.

Al final, ya en suelo, consiguieron apagar el fuego pero el daño era ya letal. Las quemaduras fueron terribles y la pobre jovencita murió. Por culpa de un cigarrillo, aunque no le dio tiempo a morir por haber fumado mucho. Es otra de esas muertes absurdas, como la de Bandō Mitsugorō, el actor que murió por una fanfarronada y otras muchas.

Curistoria

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