El duelo a pistola por el trono de España que perdieron los dos duelistas

El duelo a pistola por el trono de España que perdieron los dos duelistas

Ganarse el trono a punta de pistola no es algo tan extraño en la historia, pero lo que sí es algo rarísimo, si no único, es jugarse el trono de un país en un duelo a pistola. Y eso mismo ocurrió en España en 1870, aunque lo cierto es que ninguno de los dos hombres que se alejaron para dispararse en aquel duelo tenía el trono español en su poder.

El conocido como Duelo de Carabanchel tuvo lugar en Madrid, como ya indica el nombre, el 12 de marzo de 1870. Antonio de Orleans, duque de Montpensier, estuvo entre los pretendientes de matrimonio de Isabel II, lo que le habría convertido en rey de España, pero no llegó a buen puerto y sólo pudo ser cuñado de la reina. El mismo día en que se casó Antonio de Orleans con la hermana de la reina, la propia reina se casó con Francisco de Asís de Borbón. El duque quería llegar al trono a pesar de todo y conspiró para ello. Cuando Isabel II dejó de ser reina, el duque se postuló ya directamente como candidato para rey de España.

En otro lado del ring estaba Enrique de Borbón, también cuñado de Isabel II, que se enfrentó de pleno al duque de Montpensier en sus ansias por reinar. Escribieron y publicaron artículos uno contra otro y la cosa llegó a mayores cuando Antonio de Orleans retó a duelo al borbón. Este último aceptó, como era de esperar en aquella época, y según parece llegó a decir: Si yo le mato, no será rey de España, y si él me mata, tampoco será rey.

Llegó el día y se fueron a la Dehesa de Carabanchel, vestidos con su levita negra, acompañados de sus padrinos y con las armas listas. Estas eran nuevas, se habían comprobado y, para que vean ustedes la seriedad con la que se tomaron el tema, parece que hasta se acordó que el duque de Montpensier podía llevar sus gafas puestas, ya que tenía problemas de visión y así se equilibrarían las ventajas y desventajas de cada uno. El duelo era a disparos alternos y, al menos, hasta que uno de los dos hiciera sangre al otro. Fue el duque de Montpensier el primero en probar puntería. Lo hizo, y falló el tiro.

Enrique de Borbón disparó entonces, en su turno, y también erró. Volvía el turno a Antonio de Orleans, que apretó el gatillo e hizo sangre. Tanto lo hizo que el agujero de su disparo estaba en la frente del borbón, que murió al momento. Uno perdió la vida, pero como ese mismo había pronosticado, el otro, al matarlo, perdió el trono. Nadie le perdonó haber matado a un infante de España, a un miembro de su familia real.

Según los periódicos de la época, aquello les recordaba a ellos mismos a la Edad Media, aunque no eran tan extraños los duelos. Decía también aquellas páginas que con la ley penal el duque de Montpensier debía ser condenado a cuatro años de extrañamiento, esto es, a cuatro años de exilio. Unos meses más tarde el trono de España iba a Amadeo de Saboya y Antonio de Orleans eran condenado al destierro.

Curistoria

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