Los tres legionarios que secuestraron un avión y volaron a Suiza

Agosto de 1979 fue un año entretenido para la aviación española. Por un parte, unos soldados legionarios no tuvieron mejor ocurrencia que secuestrar un avión de Iberia en Fuerteventura para acabar en Suiza. Por otra, un Mirage-III se estrelló durante unos ejercicios en La Bárdenas Reales, en Navarra, después de que disparara contra una roca y el proyectil rebotara con tan mala suerte que acabó impactando contra el propio avión. Parece de risa, pero fue cierto. El piloto salvó la vida al lanzarse en paracaídas. Pero volvamos a los legionarios.

Los tres legionarios del ejército español, dos franceses y un chileno del tercio Don Juan de Austria, tomaron un jeep militar y se acercaron hasta el avión, obligando con sus armas a volver a entrar a los pasajeros que estaban saliendo. El avión era un DC-9. Por cierto, cada vez que leo u oigo hablar de este modelo me acuerdo del narcocorrido Operación Pesada, de Los tucanes de Tijuana. Los secuestradores cerraron el avión y pidieron que cargaran combustible. Dentro del avión había quedado la tripulación, seis pasajeros y tres personas que trabajaban en la limpieza. Trataron de negociar con ellos desde la torre de control, a donde llegaron mandos del Tercio, pero no hubo éxito.

Los motivos para el secuestro eran «demostrar que la Legión no sirve de nada, ni tampoco sus sistemas de seguridad». Se les ofreció cambiar a los civiles a bordo por militares de la Legión, pero tampoco cuajó la propuesta. Hartos del toma y daca y a punta de metralleta, obligaron al piloto a despegar. La nave tenía una autonomía de unas 5 horas, y tras dirigirse a varios países de África donde les negaron el aterrizaje, acabaron a medianoche tomando tierra en Lisboa. Su primera intención era volar hasta Francia, pero este país se negó a dejarles aterrizar.

En Lisboa, dejaron bajar a todos salvo a la tripulación, y al día siguiente, a última hora de la mañana, despegaron rumbo a Ginebra, después de más de 12 horas en tierra y de nuevas e infructuosas negociaciones. El trato de los secuestradores con los secuestrados, por lo visto, fue magnífico.

Por la tarde, aterrizaron en Ginebra y se entregaron. Ni siquiera se detuvo el tráfico aéreo en el aeropuerto, porque como ellos mismos habían dicho, ni eran terroristas ni querían hacer daño a nadie. Eso sí, nada los libró de ser procesados, aunque no sé el resultado del juicio o la condena.

La historia es extraña, pero más extraño es que no sea un caso único. En 1982 otro legionario intentó secuestrar el mismo modelo de avión, también de Iberia, y en el mismo aeropuerto. Este zoquete quería volar a Francia y aunque no tuvo éxito, disparó varias veces, tanto dentro como fuera del avión.

Curistoria

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