| Domiciano |
Acaba de publicarse recientemente el segundo libro de la trilogía de novela histórica sobre Trajano escrita por Santiago Posteguillo, titulado Circo Máximo. En breve haré una reseña del mismo, pero en el primero de la serie, titulado Los asesinos del emperador, se narra lo que viene a ser la siguiente curistoria. En realidad se narran mil cosas, sobre la historia, sobre las costumbres, sobre los personajes… pero eso ya se lo contaré cuando dedique una entrada a Circo Máximo.
Domiciano, uno de los personajes clave en Los asesinos del emperador (y a buen entendedor con pocas palabras le basta), fue emperador de Roma desde septiembre del año 81 a septiembre del año 96. En los últimos meses de su vida tenía un miedo enorme a ser asesinado, a ser víctima de algún complot para acabar con su vida y aquello le llevó a tomar medidas casi extremas, por ejemplo, llenar su palacio de espejos para poder ver tras de sí en cualquier momento. Parece que al fin y al cabo tenía razón. De acuerdo a lo que escribió Suetonio en su Vida de Domiciano dentro de Vida de los doce césares:
A medida que se acercaba el momento del peligro, sentía Domiciano redoblar su espanto. Hizo guarnecer la galería en que paseaba de esas piedras transparentes llamadas phengitas, cuya superficie pulimentada, reflejando los objetos, le permitía ver todo lo que pasaba a su espalda. Ordinariamente interrogaba a los prisioneros solo y en secreto y hasta teniendo en las manos el extremo de sus cadenas. Con objeto de demostrar a los que le servían que nunca debe atentarse contra la vida del señor, ni siquiera con intención laudable, condenó a muerte a su secretario Epafrodito, del que se decía haber ayudado a Nerón a darse la muerte, cuando estaba el emperador abandonado ya de todo el mundo.
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disculpa la levedad de mi comentario, pero Domiciano era así de guapo, o fue puro photoshop, de la época
El escultor fue muy listo. Se jugaba algo más que cobrar juas juas.
Básicamente era un paranoico, ¿no?
Mariana, supongo que será más o menos fiel ese busto a lo que era su cara.
Dik, algo paranoico era, sí, pero sus sospechas eran fundadas.