Todos se tiraron al suelo. Entonces, en aquel preciso momento, fue cuando nuestro amigo Charles Lucas salió a escena. Corrió hacia el proyectil, lo cogió (y debía estar calentito) y lo arrojó al mar. Acabó explotando antes de llegar al agua. De este modo, Lucas salvo a sus compañeros y, quizás, al propio barco. Este tipo, por esta acción, fue merecedor de la primera Cruz Victoria que se otorgó. No parece fácil, a la vista de esto, conseguir el preciado reconocimiento.
Fuente: Military’s strangest capaigns and characters, de Tom Quinn
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