Una vez más me veo en la obligación de advertir que este relato está en la fina frontera entre la leyenda y la realidad, pero confió en la inteligencia del lector. Además, hay fuentes y fuentes para intentar discernir la verdad si el tema le atrae.
Cuando Fernando IV se dirigía con su ejército camino de Algeciras para tomar esta plaza, se topó con un pequeño inconveniente con el que no contaba y que le ocuparía un tiempo que no tenía. Así, en la provincia de Jaén concretamente en Martos, le presentaron al monarca a los Hermanos Carvajales, Juan y Pedro Alfonso. Estos personajes estaban acusados de varios delitos y no contaban con la simpatía del Rey, que además, como andaba un poco apurado por el tiempo, decidió finiquitar el tema de los Carvajales por la vía rápida, el ajusticiamiento rápido y sin complicaciones.
El Rey ordenó que les encerraran en una jaula y los arrojaran por un precipicio. Como es lógico, los hermanos Carvajal no estaban conformes con la orden del Rey y se declaraban inocentes. Así, en el momento de la ejecución, «emplazaron» al Rey a verse en el más allá, es decir, a morir, antes de que pasara un mes, si Dios así lo quería, probando por lo tanto su inocencia. El Rey Fernando IV murió justo al mes de la ejecución de los Carvajales. Y de esta historia o leyenda es de donde le viene al Rey el apodo o sobrenombre de «El emplazado».
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