La caída del Muro de Berlín comenzó en un pícnic a 600 km de allí

La caída del Muro de Berlín comenzó en un pícnic a 600 km de allí

El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín. Tres meses antes había empezado a resquebrajarse a unos 600 kilómetros de distancia, en la localidad húngara de Sopron, debido a un pícnic. El 9 de noviembre, no sólo el de 1989, es un día clave en la historia de Alemania.

En ese momento del siglo XX Hungría era un país del bloque soviético, pero miraba de reojo al lado occidental de Europa y sus políticas no eran tan estrictas como en otros países del bloque oriental. Sin ir más lejos, la frontera con Austria en ese 1989 había relajado parte de su seguridad. Entre otros motivos, porque era muy cara de mantener. La República Democrática de Alemania, que era un símbolo dentro del mundo soviético, no estaba en ese punto de laxitud política, lo que provocaba que algunos de sus ciudadanos viajaran a Hungría para intentar buscar un camino de huida hacia el oeste.

La caída del Muro de Berlín comenzó en un pícnic a 600 km de allí, gracias al que escaparon cientos de alemanes hacia el oeste de Europa

En junio se puso sobre la mesa la idea de celebrar un pícnic en el que los ciudadanos húngaros y austríacos pudieran confraternizar. No hay que olvidar que unos y otros estaban en lados separados del telón de acero. La idea era promovida por un eurodiputado por Alemania, Otto de Habsburgo, que además era hijo del último emperador de Austria-Hungría; por un miembro del partido opositor húngaro, Ferenc Mészáros; e incluso por algún miembro del gobierno húngaro, como el ministro Imre Pozsgay.

Un espacio natural cerca del límite entre ambos países, junto a la ciudad de Sopron, debía servir como lugar para el encuentro. Durante tres horas, de las 15:00 a las 18:00, la frontera debía quedar abierta para que el paso fuera sencillo. Detrás de este objetivo tan bucólico, había un interés político, como es lógico. La oposición húngara quería comprobar hasta qué punto el puño soviético seguía apretando sobre el terreno. La glasnost de Mijaíl Gorbachov había sido lanzada unos años antes, en 1986, y eso favorecía este atrevimiento.

Lo cierto es que la propuesta avanzó y avanzó y llegó el día del pícnic, el 19 de agosto. Poco antes de la apertura de la frontera ya se concentró en su vertiente oriental una pequeña multitud de alemanes, incluidos mujeres, niños y personas de edad avanzada. A pesar de todo lo que hemos dicho, no piensen que aquello era una fiesta sin límites, sobre el papel, los guardias húngaros tenían todavía instrucciones para disparar a matar en el caso de cruces ilegales para escapar del país. Y no olviden que el pícnic era en Sopron, es decir, en el lado húngaro. Solo aquellos venidos del oeste debían poder volver a cruzar para volver a su país.

El jefe de la guardia fronteriza pidió a sus hombres que no hicieran nada contra los alemanes que huían

Lo que ocurrió fue que a los austríacos que volvían a su país tras el encuentro, se unió una pequeña riada de alemanes. En ese momento, Árpád Bella, que era el jefe de puesto fronterizo, pidió a sus hombres que sellaran los pasaportes austríacos de los que cruzaban legalmente, y que no hicieran nada cuando el que cruzaba lo hacía de manera ilegal. Es decir, cuando un alemán del este, por ejemplo, escapaba a Europa occidental.

Se estima que de esa forma se dejó escapar a unos 600 ciudadanos de la RDA. A la vista de todos y ante los guardias fronterizos. Fue el momento en que más personas huyeron desde el levantamiento del muro en 1961. Desde aquellos días en que el soldado Conrad Schumann quedó retratado para la posteridad saltando la alambrada. Atrás dejaron los vehículos en los que habían viajado hasta el lugar. Durante aquellos momentos, un helicóptero sobrevoló la pradera de pícnic y muchos de los que escapaban se temieron lo peor e incluso se arrojaron al suelo esperando disparos. Pero nunca ocurrió.

Después de este hecho, el 11 de septiembre de 1989, la frontera entre Austria y Hungría quedó abierta, también para los ciudadanos de la RDA. Entre ese momento y la caída del Muro de Berlín, fueron miles los alemanes que pasaron del lado oriental al occidental por Hungría.

Así se creó el caldo de cultivo perfecto para que cayera el Muro de Berlín, con el Pícnic Paneuropeo, como se lo denomina habitualmente. Por supuesto, no fue el único ingrediente que contribuyó a ello ni la prueba definitiva, pero, como dijo Helmut Kohl: Hungría fue el lugar donde se retiró la primera piedra del Muro de Berlín.

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