
Hace un par de años les hablé aquí de Tierra arrasada, de Alfredo González Ruibal, uno de los libros más interesantes que leí en esas fechas. Consiguió, por cierto, el Premio Nacional de Ensayo. Se trata de una visión distinta, sorprendente, ilustrativa e interesante. Con estos antecedentes, no es de extrañar que cuando se publicó hace unas semanas su nueva obra, estuviera en mi lista de lecturas con orden preferente. Este nuevo trabajo es País en ruinas (afiliado), y aunque sigue la estela del anterior, con la arqueología como base para hablar de historia, humanidad, guerras… es también muy distinta.
En esta ocasión González Ruibal se centra en España, en los años de la dictadura franquista. De hecho el subtítulo es Historias enterradas de la España franquista (1939-1975). Así, comienza con el frente de la Ciudad Universitaria en la guerra civil española, y acaba revisando el chabolismo de los años sesenta y setenta. Aquí la arqueología no es en ocasiones la habitual, que mira a siglos anteriores, sino que es más cercana. En el tiempo, y en el espacio.
Es sorprendente lo que se puede conocer de la vida de las personas, sabiendo mirar bien lo que dejaron atrás, casi enterrado
Nos encontramos con los campos de prisioneros y los asesinatos de la posguerra, con la construcción del Valle de los Caídos y con los maquis, la guerrilla antifranquista. A partir de los restos de las personas que vivieron estas situaciones, se indaga en sus problemas y en cómo vivían. O malvivían. Qué comían, qué enfermedades tuvieron, su ocio… Por ejemplo, a través de los restos de munición, se deduce quién combatió allí o la capacidad que tenía para conseguir armas. Viendo una suela hecha de neumático, uno se hace una idea de cómo era la vida de subsistencia en España, hace tan solo unas décadas.
El autor es arqueólogo en el CSIC, y como parte de su trabajo, hizo lo que podríamos llamar arqueología de superficie en el Pazo de Meirás, el palacio coruñés del que disfrutó Franco y en el que dejó muchas trazas de su vida personal. Aquí, en mi opinión, se aleja el texto de su leitmotiv arqueológico, lo que por otra parte no le resta interés.
Leyendo a González Ruibal uno siente envidia de esa forma de mirar, leyendo el pasado en los objetos
Lo que sí me parece algo menos relevante es la presencia personal del escritor en algunas partes del libro. No sólo porque use a su familia o su propia casa como ejemplo de ciertas cuestiones del pasado, que bien podría ser un ejemplo adecuado, sino porque su opinión aparece demasiado a menudo. Por supuesto que siempre el autor filtra en su escrito su propia visión y su parecer, pero en un ensayo de historia debería tratar de separarse un metro más del texto, y no sé si aquí se consigue.
No resta esto un punto de rigor al ensayo, en el que se nota que González Ruibal es un hombre de academia que domina su ámbito y la historia. Puede que incluso haya que atribuirle la virtud de humanizar el contenido con esa visión personal y hacerlo así más digerible, aunque me parece tan interesante lo que cuenta que no es necesario más aliciente.
En definitiva, que disfruté y aprendí con el anterior libro de Alfredo González Ruibal, y he repetido experiencia con este. Uno envidia esa forma de pensar y de trabajar tan metódica que imagina al leer. Es como Sherlock Holmes haciendo deducciones y encontrando explicaciones a partir de pequeñas pistas. En este caso, de pequeños restos.
