Armas

Tameshigiri, el arte japonés de poner a prueba el filo de la katana

Les hablaba no hace mucho del magnífico libro Blandir la espada, de Richard Cohen, repleto de personajes e historias sorprendentes. En él he conocido el Tameshigiri, el arte japonés de poner a prueba el filo de la katana. No era solo probar la espada sin más, sino que era toda una ceremonia, casi religiosa.

Tameshigiri, el arte japonés de poner a prueba el filo de la katana, usando en ocasiones un cuerpo humano para realizarla

Tameshigiri vendría a traducirse por prueba de corte, y es justamente eso, probar la capacidad de corte el acero de un arma blanca. Esta prueba se hacía usando la espada para cortar diferentes objetos. El bambú, esteras de junco tejidas o láminas finas de metal eran algunos de estos objetos, pero hubo un tiempo en el que el cuerpo humano era la prueba definitiva.

En la Alta Edad Media, comenta Cohen en su libro, se usaban cadáveres de criminales para estos menesteres. Eso sí, no podían ser asesinos ni personas que hubieran tenido enfermedades en la piel. Había algunas otras restricciones sobre qué cuerpos servían para hacer la importante prueba final antes de dar una hoja por finalizada.

Estas pruebas podían consistir hasta en dieciséis formas diferentes de cortar, cada una usando algo diferente como objeto de prueba y no todas con la misma dificultad. Una katana de buena calidad debía poder cortar tres cuerpos humanos enteros, de lado a lado, antes de perder el filo. El récord, según parece, estaba en siete cuerpos partidos por la mitad con una misma espada antes de haber perdido finura en la hoja.

El acero al rojo se plegaba sobre sí mismo varias veces para conseguir flexibilidad en la hoja y dureza en el filo

Los miembros del clan que se dedicaban a probar las hojas tras su fabricación usaban empuñaduras especiales y daban miles de cortes cada día de pruebas. Era la forma de comprobar si el trabajo del forjador había sido lo suficientemente meticuloso y bueno como para obtener la perfección en la hoja.

El periodo Kamakura, de 1185 a 1333, fue una época dorada para el arte de la forja. Se consiguió entonces la maestría en tener un filo duro en una hoja flexible. Durante la forja se doblaba el acero una y otra vez, creando capas y capas. Goro Nyudo Masamune perfeccionó la técnica y uno de sus discípulos, Getsu, logró doblar hasta quince veces la placa de acero sobre sí misma. En ocasiones el forjador tenía una rosa cerca para saber cuál debía ser el color del acero puesto al fuego antes de intentar conseguir un nuevo pliegue en el acero.

Desde 1953, casi una década después de la Segunda Guerra Mundial, se retomó este arte espadero que, como vemos, tiene casi mil años de antigüedad. En la actualidad este tipo de armas se fabrican bajo el control estricto del gobierno nipón y cada forjador no puede hacer más de dos espadas al mes. Antes de llegar a ser reconocidos como parte de ese gremio tan especial, los aprendices emplean unos diez años en formarse.

Supongo que los maestros del tameshigiri no le dirían al forjador después de probar la espada: “su hoja, amigo, corta”. Esto queda para Doug Marcaida en el programa de televisión Forjado a fuego. Así se titula en España, en Hispanoamérica creo que es Desafío sobre fuego y el nombre original es Forged in Fire. Su primer capítulo, por cierto, allá por el año 2015, estuvo dedicado a la katana.

Manuel J. Prieto

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Manuel J. Prieto
Etiquetas: ArmasJapón

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