Cada día se envían millones de mensajes de SPAM en este mundo digital del que disfrutamos. Además parece que la cosa va a más. En una entrada de 2008 titulada ¿El spam se come?, les hablé del origen del término SPAM y del primer envío de SPAM, podríamos decir que relacionado con el mundo digital. Fue en 1978 y los destinatarios fueron 393 usuarios. Hoy nos ocupa el primer mensaje de SPAM de la historia, un mensaje comercial que tuvo al telégrafo como protagonista allá por mediados del siglo XIX.
En mi libro sobre Historia de la criptografía se narra el nacimiento del telégrafo y cómo los británicos William F. Cooke y Charles Wheatstone contribuyeron a la popularización del telégrafo electromagnético en su país. Fueron además dos pioneros de la criptografía en la época victoriana. En 1868 más de 16.000 kilómetros de líneas unían las aproximadamente 1.300 estaciones de telégrafo que había en Reino Unido y ese número de estaciones se multiplicó en unos años. Aquella capacidad de comunicación fue vista como oportunidad por unos dentistas.
Gracias a esta infraestructura se podía llegar a mucha gente de manera fácil. Cuando hablamos de mucha gente, tengamos en cuenta que no había telégrafos domésticos ni nada similar, sino que hablamos de que un mensaje podía llegar a estaciones en cualquier lugar y, por lo tanto, acabar llegando a una determinada persona. Si en este contexto el mensaje, además, era publicitario, tenemos un SPAM en toda regla. Esto es, un mensaje publicitario no deseado.
Eso es lo que ocurrió el 29 de mayo de 1864. En Londres se recibió un telegrama enviado por un grupo de dentistas llamados Messrs. Gabriel, esto es Señores Gabriel. Los destinatarios del telegrama eran todos los miembros del Parlamento británico, tanto los que estaban en el cargo como los que habían sido parlamentarios en el pasado. El mensaje concreto era:
Señores Gabriel, dentistas, Harley-street, Cavendish-square. Hasta octubre, la asistencia profesional de los Señores Gabriel en 27, Harley-street, será de 10 a 5.
Los mensajeros de la empresa London District Telegram cumplieron con su trabajo. Buscaron a los parlamentarios, o al menos a algunos de ellos, y les entregaron el mensaje. En la imagen de arriba pueden ver el resultado de aquel mensaje de SPAM. De aquella publicidad no deseada. Se trata de una carta que escribió un parlamentario al periódico The Times quejándose del mensaje.
El parlamentario decía, parece que con enfado, que no tenía ninguna relación con los Señores Gabriel y se preguntaba con qué derecho le molestaban con un telegrama que era claramente un mensaje publicitario. Pedía asimismo que se pusiera fin a esa intolerable molestia. Este hombre, si viera la riada de correos electrónicos actual, se volvería loco. El SPAM por telégrafo en realidad tenía las patas muy cortas, porque su coste era elevado. No era rentable. Por lo tanto, no era necesario que nadie hiciera nada para que dejara de existir.
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