El cortasetos, la inesperada arma clave en el desembarco de Normandía

(Un Sherman estadounidenses, con el cortasetos Culin en el frente)

El día D, en la Segunda Guerra Mundial, sigue siendo una fuente inagotable de historias, curiosidades y descubrimientos. Tal fue el despliegue de recursos e ideas, en todos los ámbitos, que casi parece inabarcable. Cuando los soldados aliados asaltaron Normandía, se encontraron con que el paisaje y el campo francés favorecían a los alemanes. La región por la que tenían que avanzar los soldados y lo carros desembarcados, se conocía localmente como bocage, que traducido del francés quiere decir seto.

Los setos dividían los campos, pero no eran sólo setos. En realidad, la división de los campos eran hileras de tierra de entre 120 y 180 centímetros de altura, que casi llegaban al metro de ancho en la base. De ese modo, los setos protegían los campos de los fuertes vientos que entraban en tierra desde el canal de la mancha. En esas hileras de tierra, que eran como pequeños muros, crecían los arbustos y los árboles, extendiendo sus raíces por la tierra y haciendo casi imposible el excavar sobre esos muros terreros. La siguiente imagen muestra claramente de qué estamos hablando.

(Así era el paisaje del bocage francés)

Aquel paisaje hacía que los alemanes tuvieran cierta ventaja. Los caminos, estrechos y con árboles a los lados, permitían las emboscadas. Los campos, cerrados por los setos, eran accesibles sólo por una puerta, que era un punto de fácil defensa. Las pocas veces que los carros aliados intentaban superar un seto, al llegar a la cima del mismo, exponían su parte más débil, la parte inferior, que era entonces blanco fácil para las armas anticarro nazis.

En aquella situación, el sargento norteamericano Curtis Culin III inventó un dispositivo que, unido a los carros, permitiría a estos moverse con mayor libertad por aquellos campos. A partir de los obstáculos de acero que los alemanes habían colocado en las playas de Normandía ideó algo similar a un rastrillo, que soldado a la parte frontal de los tanques aliados permitía a estos destrozar sin problema los setos y la tierra que los sostenía. Gracias a esto las tropas se pudieron mover con libertad y avanzar por el continente.

Según parece, Culin tomó la idea del comentario jocoso de otro soldado, pero en lugar de tomarlo como broma, le pareció algo posible. Hizo una demostración y convenció rápidamente a sus mandos. Un buen número de carros fue dotado con su sistema, pasando a conocerse a estos tanques como tanques rinoceronte, por las similitudes con el cuerno de estos animales.

Las siguientes imágenes ilustran el cortasetos de Culin, que facilitó mucho la vida a los conductores de los tanques aliados durante las semanas siguientes al desembarco de Normandía.

(Un Sherman con el cortasetos de Culin en la parte frontal)
(Así quedaba el bocage francés tras el paso de un tanque rinoceronte, permitiendo avanzar a la infantería sin problemas)
Curistoria

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