(El barco Cap Arcona ardiendo)

Hace poco menos de tres años les narraba la catástrofe marítima del Wilhelm Gustloff, la mayor de la historia con más de nueve mil trescientos fallecidos. Era un barco alemán que se fue al fondo tras ser torpedeado por un submarino soviético. La curistoria de hoy es parecida, también habla de una gran catástrofe marítima de un buque alemán, pero tiene un aspecto que la hace sorprendente y especialmente triste. Por cierto, me contó esta historia una compañera de trabajo entre reunión y reunión, así que gracias desde aquí a ella.

El barco en cuestión del que voy a hablarles es el Cap Arcona, un crucero de lujo que a finales de la guerra en Europa, en los primeros días de mayo de 1945, estaba en el puerto de Lübeck, aún en poder de los alemanes. Junto a él había otras dos naves, el Athena y el Thielbeck, y entre los tres tenían a bordo más de nueve mil judíos, prisioneros políticos y de guerra soviéticos.

Llegaron entonces ochocientas cincuenta mujeres judías que fueron acercadas en barcas a aquellos grandes buques desde la orilla. No hubo sitio para ellas a bordo y al volver a tierra hombres de las SS y las juventudes hitlerianas las ametrallaron cuando estaban aún en las barcas. Más de quinientas fallecieron. A pesar de todo, no fue lo peor que ocurrió allí.

Los tres buques, principalmente con prisioneros judíos a bordo, estaban en el puerto cuando un grupo de bombarderos británicos comenzaron el ataque sobre ellos. Era poco después del mediodía del 3 de mayo. Hay cierta polémica en torno al ataque, no sólo porque se mantuviera mucho tiempo en secreto tras la guerra, sino porque parece que los británicos tenían cierta información sobre los prisioneros que estaban a bordo. Quizás la información no fluyó como debiera entre el ejército británico o hubiera algún error, pero lo cierto es que la RAF bombardeó aquellas naves cargadas de judíos.

El Athena salvó a sus dos mil prisioneros al bajarlos a tierra. El Thielbeck, con dos mil ochocientos hombres a bordo, fue la tumba de casi todos ellos. Pero la peor parte se la llevaron los prisioneros del Cap Arcona, que tras incendiarse por las bombas británicas acabó hundiéndose. Unos cuatro mil setecientos muertos fueron el resultado de la catástrofe del Cap Arcona. De los miles de fallecidos, varios cientos de ellos murieron abrasados por el fuego en la cubierta interior de la nave.

En la imagen superior pueden ver una foto del Cap Arcona ardiendo, que les permitirá hacerse una idea aproximadamente del infierno, literalmente, que debió ser estar a bordo. Lo más triste es que aquellos prisioneros habían pasado lo peor y cuando estaba cerca el fin, sus salvadores fueron sus verdugos, por error.

Fuente: La Segunda Guerra Mundial, de Martin Gilbert

Curistoria

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