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El penalti de Panenka

Mientras escribo esto la selección española de fútbol está celebrando en torno a la diosa Cibeles, en Madrid, su victoria en la Eurocopa. En la semifinal de ese campeonato el jugador español Sergio Ramos metió un gol «a lo Panenka» que tiene también su historia detrás pero no es este el momento ni el lugar para contarla. Me quedaré con Panenka, con Antonín Panenka, el hombre que creo una categorías de penaltis allá por 1976.

Nacido en 1948, este futbolista checoslovaco escribió su nombre en la historia deportiva al marcar un gol de penalti en un partido entre su selección y la de Alemania Federal en la final de la Eurocopa de 1976, dando así la victoria a su país. Se llegó a la tanda de penaltis después de los noventa minutos de rigor y la correspondiente prórroga y fue entonces cuando, en combate singular, Panenka se situó frente a Sepp Maier, el guardameta alemán. Se disponía el checoslovaco a lanzar el balón como se suele, fuerte y colocado, cuando se dio cuenta de que el portero había comenzado ya a tirarse esperando o intuyendo un disparo por su lado izquierdo. En ese momento, el último, el de la verdad, Panenka metió la punta de su bota bajo el balón y lanzo una vaselina por el centro de la portería, sin casi fuerza. Resumiendo, ese tiro hubiera ido directo a las manos del portero si este no se hubiera movido y además no hubiera supuesto mucha dificultad, ya que el disparo no llevaba apenas fuerza.

Como decía, y como pueden ver en el vídeo, el balón acabó dentro de la portería y el campeonato fue a las manos checoslovacas, gracias a un tiro tan extraño y tan arriesgado que desde aquel momento tiene nombre propio: el penalti de Panenka.

Curistoria

Ver comentarios

  • Pues o muchos reflejos tuvo o es que lo tenía ensayado. Por mucho que el propio Panenka dijera, yo creo que lo tenía ensayado. jejej

  • Hace tiempo oí en un comentario de la televisión, que decía la idea de como llegó a lanzar el penalty. Y decía que Panenka después de los entrenamientos se quedaba con su portero lanzando penaltis y hacían apuestas de cuantos se paraba y cuantos marcaba. Un día harto de perder pensó en un lanzamiento donde el portero ya estuviera en suelo para poder marcar.

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