Hace unos días se celebró en la plaza de toros Monumental de Barcelona la última corrida de toros que verá ese coso, al menos, la última para un futuro próximo. A más largo plazo, ya se verá. Y sirva esto de excusa para que les cuente algo que ocurrió en aquella plaza hace casi 70 años, concretamente, en julio de 1942.
Comenzaba entonces el pequeño de los Bienvenida, Antonio, su carrera y era uno de los toreros que en Barcelona lidiarían 10 toros el 26 de julio de aquel año. Chicuelo, Nicanor Villalta, Manolete y Pepe Luis Vázquez completaban el cartel. Al iniciar su faena, con una plaza rebosante, el toro le hirió en el vientre cuando daba un pase de muleta con la mano izquierda. La cornada era grave y durante varios días se llegó a temer por la vida de Bienvenida.
Dos meses más tarde reapareció, y en uno de esos guiños de la vida o quizás por el propio empeño del torero, la reaparición fue en la misma plaza de Barcelona donde había sido herido. Le acompañaban en la lidia aquella tarde su hermano Pepe y Nicanor Villata. En el sitio del albero en el que había sido corneado dos meses antes al iniciar la faena de muleta, se trazó una cruz con cal.
Y allí que se fue Bienvenida, con su cicatriz en el vientre al comenzar el toreo de muleta. Se plantó sobre la cruz de cal y en su vuelta a los ruedos volvió a iniciar la faena de muleta en el mismo punto, y con el mismo pase cambiado con la izquierda que estaba dando cuando fue corneado. El triunfo fue apoteósico aquella tarde.
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