Un desastre por tres cigarros

El sábado 13 de septiembre de 1862, el 27º Regimiento Indiana estaba en marcha por los sucios caminos de Maryland, como el resto del ejército de la Unión bajo el mando del general George McClellan. El objetivo era alcanzar a las tropas confederadas de Rober E. Lee, que habían invadido el norte.

Era un momento muy delicado en la guerra civil de los EEUU, ya que si Lee conseguía una victoria significativa, quizás el sur podría ser reconocido como nación independiente. McClellan tenía el deber de evitar aquello, debía hacer a Lee fracasar en su empeño.

El 27º regimiento paró a descansar en un campo en el que habían estado los confederados, el enemigo, unos días antes. Cuando tres de aquellos soldados se tumbaron vieron que había algo en el suelo: tres cigarros envueltos en un papel. Encantados, los tomaron y desenvolvieron para fumarlos. Y justo antes de tirar el envoltorio, uno de los soldados, el cabo Barton W. Mitchell, le echó una ojeada. En aquel momento, sin saberlo, en sus manos estaba el destino de miles de vidas.
Lo que el cabo Mitchell tenía en la mano era un papel con las órdenes de avance del general Lee, aparentemente extraviadas por un oficial confederado en un descuido. Avisó de aquello a sus superiores y cuando el general McClellan lo vio, decidió suspender el descanso y continuar sin demora para atacar.
Aquello hizo que los confederados de Lee tuvieran que volverse y luchar en la batalla de Antietam, la más sangrienta de la guerra, que finalizó con una victoria de la Unión. Es la batalla en la que más vidas estadounidenses se han perdido.

Fuente: The greatest war stories, de Rick Beyer.

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