¡Pedazo de invento la gaseosa!

Philip Syng Physick¡Pedazo de invento la gaseosa!, decían en la película “El milagro de P. Tinto”. Y aún no teniendo yo muy claro si es tan buen invento vamos a darle una vuelta al tema.

Fue un británico de nombre William Browning quien en 1741, y sin un objetivo o motivo a priori, decidió inyectar ácido carbónico en un recipiente con agua mineral. Por experimentar, vaya. Decía yo que sin objetivo alguno y así le fue la cosa. Embotelló aquello y se dispuso a venderlo pero no tuvo éxito a pesar de sus demostraciones. No pasaba de la mera curiosidad, hasta que entró en escena Philip Syng Physick.
Este tipo, famoso médico, encargó a un químico el preparado gaseoso para tratar a un paciente con dolencias estomacales. El químico le añadió una chispita de sabor para hacer la bebida más agradable. Como medicina el invento fue un éxito y sí que comenzó a ser consumido, pero únicamente como brebaje sanatorio. Todo esto, a comienzos del siglo XIX.
Pero el que realmente inventó la gaseosa, como producto, fue un tal John Mathew cuando en 1832 ideó una máquina para saturar el agua con gas carbónico. Esta bebida con burbujas, o bebida con agujeros, como prefieran, se popularizó notablemente. A finales de siglo, las había de múltiples sabores: grosella, fresa, mora… quitaba la sed y seguía manteniendo sus virtudes médicas, dos en uno.
Dicho todo esto, cerremos con otra frase sobre la gaseosa, esta vez, del cómico Leo Harlem (la pongo de memoria, pero el mensajes es): “Si la gaseosa arregla un vino malo, que no hará con uno bueno. Lo que pasa es que no hay huevos”.

8 thoughts on “¡Pedazo de invento la gaseosa!

  1. Muy curioso, como todo lo que nos cuentas. Y la frase final le va a venir muy bien a mi madre, que la mujer nunca sabe cómo explicar que ella el vino, aunque sea excelente, lo prefiere con gaseosa.

  2. Pues un amigo mío sí que tiene huevos. Tiene huevos de ponerle gaseosa a cualquier vino que se le ponga por delante, ya sea un buen Rioja, ya sea un Ribera del Duero, ya sea un Don Simón. Él dice que tampoco es lo mismo un mal vino con gaseosa que un buen vino con la misma gaseosa. Supongo que tendrá razón. Yo nunca lo he probado, ¡Dios me libre!

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