En la batalla de Ivry, el 14 de Marzo de 1590, durante las guerras francesas de religión, un fraile franciscano llamado Mateo de Aguirre destacó por su tremendo coraje y entrega.
Tras acabar con las municiones de sus pistolas y después de que su espada estuviera tan mellada que sirviera de poco, siguió matando herejes a golpe de crucifijo, dejando a varios malheridos hasta que acabaron con él.

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