La conocida como Pax Romana, esa sensación de estabilidad, tranquilidad y prosperidad que predominó durante un tiempo en el Imperio Romano, en realidad se debía a la fuerza. Como escribió un soldado de aquel tiempo en Palestina: “los romanos siempre ganan”. Y dado que la victoria siempre caída del lado romano, para qué rebelarse, debían pensar los de dentro y los de fuera del imperio.

Ese periodo de paz duró unos dos siglos, que en realidad están plagados de luchas, de conflictos y de conflictos. Un periodo, en definitiva, apasionante.

Una parte de esa época es la que narra Tom Holland en su libro Pax (enlace afiliado), publicado hace poco en España, y que me ha parecido magnífico. Si a un buen autor, que escribe bien, le das unos hechos apasionantes, el resultado no puede ser más que el disfrute. Holland se centra en la época que va desde los días finales de Nerón hasta la muerte de Adriano. Entre ellos dos hubo otros 8 emperadores y siete décadas.

El año 69 se conoce como el año de los cuatro emperadores, porque se sucedieron Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano

Decía que esa pax estuvo llena de conflictos y de tropezones, a pesar del nombre. Para muestra, piensen que en el año 68 murió Nerón. Lo sucedió Galba, que murió asesinado en enero del 69. Detrás vino Otón, que en abril del 69 se suicidó al verse derrotado en un conato de guerra civil. Vitelio, su sucesor, no llegó a ver el año 70 porque los propios romanos lo mataron. Estos tres últimos estuvieron a la cabeza del Imperio durante unos 18 meses, entre los tres. Un suspiro. Así de tranquila era la paz para los romanos.

Es cierto que luego vinieron tiempos mejores para los emperadores. Con Vespasiano y sus hijos parece que llegó la calma en la política interior. Sólo lo parece. Y tras ellos, Nerva, Trajano y Adriano, estos dos últimos, originarios de Hispania. Pero no fue todo paz, porque esa calma interna contrasta con la guerra en Judea, con revueltas en las fronteras del norte, o con las conquistas hacia oriente. Y siempre hay como escenario un mundo lleno de conspiraciones y de venganzas entre los propios romanos. A pesar de ello, era una Roma esplendorosa y magnífica, que alcanzó su extensión territorial máxima con Trajano.

Obviamente, resumir 70 años de la historia del Imperio Romano en un solo libro obliga a la selección, a decidir qué contar y qué no. La maldición del bufet libre, podríamos decir. En ese escenario Holland consigue armar una historia que se mueve por los años a vista de pájaro, pero que también desciende cada poco para alcanzar a contarnos las costumbres, los conflictos, la política y los hechos más concretos. Todo ello de manera fluida y magistral.

Holland es doctor en Historia y es conocido por sus títulos sobre el Imperio Romano. Muchos de ellos, por cierto, publicados en Ático de los Libros, como es este caso. En este Pax, traducido por Joan Eloi Roca, se han incluido algunos mapas a lo largo del texto que ayudan a la lectura y algún anexo con cronología y personajes que también son una buena aportación. Otro punto a favor.

Curistoria

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